Tania Muñoz: “Deterioramos el planeta con discursos e ideologías humanitarias”

Por Héctor Muñoz / fotografías: Huerto Jardín

Tania Muñoz Navarro tiene una hermana que se llama Poli, a la cual, cuando iniciaban el exilio con su familia en Buenos Aires, acostumbraba a desafiar en la azotea del edificio en que vivían para determinar quién era la primera en descubrir un cerro. Tania sumaba apenas cuatro años entonces y no sabía que era imposible tener al alcance de la vista la cantidad de altas cumbres que soñaba o recordaba de Santiago.

Ha pasado un buen tiempo y Tania, junto a su amiga Bárbara Bianchi, avecindada en Lyon, Francia, conducirán desde el 6 de enero, de manera presencial y a la distancia, el proyecto Huerto Jardín, que ocupará la parte exterior de Perrera Arte y que permitirá ver, además de las semillas que se transforman en brotes y frutos, buena parte de los cerros que delimitan la cuenca del río Mapocho, así como las estrellas, infinitas y fugaces, que cruzan estos cielos.

-Tania, ¿cómo será el funcionamiento del taller?

-Esta iniciativa del Huerto Jardín colectivo abrirá las puertas todos los sábados: comenzamos como experiencia con la temporada de verano, desde el 6 de enero hasta el 23 de marzo. Luego, seguro continuaremos con la iniciativa en temporada de otoño/invierno. Son bienvenidos desde las 10 de la mañana. Recibiremos a la comunidad tanto del barrio como a los visitantes del parque que anden de paseo. La idea es cautivarlos desde la actividad de poner las manos en la tierra, sembrar y cosechar, observar y contemplar desde este punto de la cuenca del río Mapocho.

-Tú ya has estado trabajando.

-Sí, en este tiempo previo se ha estado preparando la tierra, haciendo acopio de piedras, despejando los sectores donde comenzará el huerto y recreando la situación a la manera en que lo hacen las abuelas y abuelos, ya que junto con la siembra del huerto hay que plantar las flores que funcionan como control natural de plagas. Estas actividades buscan establecer un ámbito de relación a través de la experiencia de observar, analizar y contrastar, un método empírico que utiliza todos los sentidos. La intención es crear y recrear con técnicas de artes corporales beneficiosas para la salud y lenguajes de expresión, como pintura en varios soportes, poética temprana o el diseño de un teatrino que nos permitirá mostrar distintas obras en títeres. En resumen, liberar la expresión por medio de diversas técnicas de artes aplicadas, juegos y oficios.

-¿Qué ciclos y consideraciones astrales se tomarán en cuenta en el avance del trabajo?

-Pretendemos observar desde este punto geográfico, considerando la importancia de este lugar desde tiempos arcaicos. Queremos reconocer, en modo de juego, las fechas de solsticios y equinoccios, así también como las fases lunares, como un apresto al conocimiento de la elíptica de nuestra trayectoria como planeta y de nuestra galaxia, la Vía Láctea, Wenuleufu para los reches de antes y ahora mapuches y Hantu Mayu para el mundo quechu aymara, y con ellos muchas otras culturas anteriores como los Colorados, Alboyangos y más, todos vertebrados por la cordillera de Los Andes.

-Un largo recorrido de siglos.

-Por eso podemos jugar y soñar con un cambio de paradigma. Aunque sabemos que Copérnico nos demuestra que el planeta Tierra no es el centro del sistema planetario, como lo planteaban Aristóteles y Ptolomeo en el período clásico, fue el Renacimiento el inicio de la era moderna y capitalista. Y aún no terminamos de creer que el antropocentrismo y geocentrismo son poco menos que un derecho natural o “divino”, cuando en realidad este paradigma del ombliguismo ha gestado una desconexión total del cuerpo, la tierra, los elementos o elementales y, lo más importante, las emociones, las glándulas, la alquimia, lo químico y la materia. Entonces, siempre en modo como jugando, considerar que los animales ni siquiera necesitan observar las estrellas para emigrar, ellos se mueven con la percepción del electromagnetismo, ¿has visto alguna ballena o algún pájaro con un astrolabio de navegación? Ese es un buen tema para crear un prototexto con los participantes de este huerto jardín. No, los animales están tan conectados con todo el universo, no necesitan astrolabios. Somos nosotros, el sapiens-sapiens, el que se quedó pegado en tan solo el 3 % del pensamiento racional. ¿Y qué ocurre con todo el otro potencial de nuestro cerebro -con su sistema central nervioso considerando el nervio vago y la lengua- y el estómago? Como criaturas de este planeta hemos exiliado lo orgánico y, socialmente, hemos legitimando este exilio desde el ombliguismo toxico de la cultura egoica.

-Me imagino que la ubicación del huerto, en lo que fuera prácticamente el lecho del río Mapocho a lo largo de milenios, tiene una importancia significativa en la conceptualización del proyecto.

-Sí, este valle es un observatorio astronómico. Así lo describen los investigadores pioneros en arqueoastronomía Rubén Stehberg y Patricio Bustamante. Acá es un territorio donde el ser humano accionaba el sentido geomensura, con conciencia armónica a los movimientos de los solsticios, dado por el movimiento de traslación y los equinoccios, movimiento que para poder observar hay que tener una conciencia exoplanetaria. Son reminiscencias de la observación del ser arcaico y, creo yo, desde la memoria genética de los autralopitecus, homos habilis y homo erectus, y la memoria estelar. Desde acá, desde este punto geográfico y urbano, podemos contemplar uno de los centros sagrados o wacas más relevantes del cordón montañoso de Los Andes, hacia el sol naciente el cerro El Plomo. No conocemos su nombre originario, pero bien podría ser Mapocho, ya que desde ahí nace este río y su cuenca.

-¿Por qué atribuyes una valor tan especial a los cerros de esta cuenca?

-Los cerros son nuestros espíritus tutelares o achachis o pillanes -espíritus ancestrales en aymara y mapudungun- y además la constatación del diálogo entre ellos. Hay que ver los cuatro espíritus ancestrales (cerros) hacia el poniente, en la comuna de Melipilla (meli = cuatro y pillan = espíritu ancestral), así como también la importancia de Quilicura y Cura Cavi entre las quebradas y su humedal que drena los llanos intermedios que componen, a modo de colmena o nichos, este complejo y tremendamente fértil valle, gracias al manejo de la cuenca desde los inicios de los tiempos del Período Formativo (1.500 A.C.) O sea, que son algo de 3.500 años en que el ser humano esta interactuando con estos maravillosos ecosistemas y sus usos amables y no depredadores, como lo hacemos en la actualidad.

-¿Cómo fue tu descubrimiento de estos cerros tutelares?

-Cuando chica era algo natural mirarlos, dejarme soñar en hierofanías en sus perfiles y profundidades, en sus texturas, cada vez que podía escalar, buscar piedras, bichos. Me he perdido más de alguna vez: en el cerro Chena cuando muy chica y, en tiempos de adulta, en la parte superior de la quebrada Camarones, en el tramo del tranque Karitaya, al cruzar la olla del cerro Mamuta en la comuna de Camiña, pero pude contemplar desde la Pampa del Tamarugal hasta el sector de Moquegua en Perú.

-¿Cómo fue eso?

-Decidí escuchar el viento, entre aterrorizarse por estar perdida, mejor estar en paz y disfrutar del sonido casi imperceptible de como cascabelea la hierba seca antes del invierno altiplánico. Además de ver las panorámicas, el cambio de ángulo y perspectiva. Ver cómo cambia de lugar la salida del sol en el cuadrante o silueta de la cordillera; en verano sale más hacia el sur, en invierno sale más hacia el norte. Cuando estuve con mis padres en Buenos Aires escapando de la dictadura militar, convidaba a mi hermana a la azotea del edificio donde vivíamos para ver quién descubría primero un cerro. Podía estar mucho rato viendo y agudizando la mirada, pero como aún no sabía de geografía, tenía cuatro años, no sabía que jamás podría ver un cerro en Buenos Aires. Cuando viajamos en esa huida, lo hicimos por avión y ver desde la ventana los cordones de montañas unos tras otros, las quebradas, vacíos y nieves eternas fue incorporar a mi cuerpo a la mismísima Tren Tren Vilu.

-¿Qué buscas y qué expectativas tienes con este proyecto?

-Deseo participar de la autosanación y deconstrucción del paradigma del antropocentrismo, que, aunque sabemos que el homo sapiens sapiens no es el centro del universo, seguimos deteriorando el planeta con nuestras pretensiones de anticristos de cuello y corbata, con discursos e ideologías humanitarias, en desmedro de toda la Planeta Gea. Quiero aportar desde este terruño de Perrera Arte, generando un epicentro de nutrición y conexión con lo individual y lo colectivo, en una conciencia espacio temporal de manera orgánica natural con los ciclos de nuestro planeta. También hacer un correlato desde la experiencia, que iniciaron ustedes antes de la pandemia, creo, donde aportan a esta parte del Parque de los Reyes con señaléticas donde les recuerdan a los usuarios adultos no botar basura, ni prender fuego o carbón para el asado de día domingo.

-Funcionó bastante bien eso.

-Sí. También busco habitar de manera colectiva un espacio que permita conectar con las emociones, un lugar que aporte desde el hacer agrícola y la contemplación de las plantas, flores, bichos, olores, sonidos del bosque / parque / jardín. Es necesario construir un contexto e interconectar el conocimiento ancestral y propio que cada uno de los habitantes de este territorio tienen y el hacer creativo que albergan.

-Insistes en jugar.

-Cierto, recuperar en la niñez la curiosidad, ya que sin curiosidad no hay terreno fértil para el aprendizaje y, por tanto, reforzar la memoria de largo plazo. Porque aprendemos con el cuerpo y nuestros dos hemisferios del cerebro; no solo con la “mente”, ese 3% dictador. Hay que fortalecer una niñez empírica y dar de baja la niñez teórica estresada y cautiva de un modelo social, cultural y económico nefasto.

-Volver a lo elemental.

-Claro, observar las constelaciones estelares, empaparse de a poco en una narrativa que desde la revolución del neolítico está vigente. Reconocer también, como lo hacían los andinos, las nebulosas negras de la Vía Láctea, vertebrando con el hemisferio sur arquetipos e historias que hacemos y que se narran en el cielo que vemos, nuestra Vía Láctea, nuestra historia estelar. Lo entretenido es cómo nos interconectamos y cómo poder observar y entrecruzar informaciones arcanas, sacar tus conclusiones íntimas, insisto. Un apresto a la autogestión de emociones y autosanación, ser más yo, ser cada uno más uno mismo. Se entiende ocupar nuevas sinápsis algorítmicas propias, tener acceso libre y directo al subconsciente, alzar esa experiencia y accionar. Compenetrarse con el planeta Ricitos de Oro, el punto perfecto o punto g del sistema planetario en que vivimos, y aceptar que somos solo una parte y no el centro del universo, pero somos una parte tremendamente significativa. Quiero terminar esta entrevista citando un sentir y pensamiento de José Mujica, ex presidente de Uruguay: “La actividad agrícola y el trabajo en la tierra y sus cultivos es una acción casi panteísta, religiosa y mística” y, para aquellos que estudian la salud y neurociencia, es también terapéutica y sanadora.

Coordenadas

Qué: Primer ciclo de verano, experiencia Huerto Jardín, vergel formativo en Perrera Arte

Relatoras: Tania Muñoz (Santiago de Chile) y Bárbara Bianchi (Lyon, Francia)

Cuándo: Todos los sábados de enero, febrero y marzo, de 10 a 13 horas

Dónde: Patios Norte y Poniente del Centro Experimental Perrera Arte

Actividad abierta, gratuita, creativa y sanadora.