Silvio Paredes: “#KLOTA es un chamán obrero que viene a penar desde el ruido“

Por Héctor Muñoz

Aquellos que lo vieron con sobria actitud detrás del bajo certero de Electrodomésticos en los años 80, difícilmente lo reconocerían vestido con un overol, cubierto con una máscara de soldar y tocando con un destornillador y un vaso una pala de la construcción convertida en un aparato sonoro. #KLOTA, el performático proyecto que mostrará Silvio Paredes este viernes 19 en el aniversario 29 de Perrera Arte es un tributo al fallecido sindicalista Clotario Blest (1899-1991) que hasta el último de sus días transitó libre y confiado con su barba blanca por las calles de Santiago, donde tantas veces lo detuvieron por insistir, sin volteretas, en sus ideas.

-Silvio, ¿cómo funciona tu pala?

-Es una pala eléctrica que se toca como un birimbao, tiene una cápsula de bajo y la toco golpeando la cuerda con un destornillador y en la mano izquierda un vaso como “slider”. Su señal sale directamente a un distorsionador pegado al cuerpo de la pala, de ahí pasa por otro más y de ahí al equipo de bajo. La idea viene desde hace años como parte de mi trabajo plástico relacionado a los desplazamientos del grabado. El uso de la pala como elemento simbólico y como herramienta lo utilizaba en los tiempos que terminaba de estudiar arte. En un comienzo como analogía del huecograbado, con el que, en dictadura, cavaba fosas y las presentaba como edición de huecograbado firmadas y numeradas. Al mismo tiempo, estaba virando hacia la música y, en una instalación que hice, llegué a la idea de presentar esta pala, ahora como elemento sonoro, de ruido, pero con la misma carga simbólica y apelando a destapar y escarbar en la memoria.

-¿Recomendarías tu instrumento a otros artistas?

-No. Su sentido lo adquiere dentro de un total, con las visuales y el personaje, #KLOTA, usándolo y tocándolo para la performance. Para mí tiene sentido allí; más que ser un instrumento musical, es una herramienta de ruido y una pieza de arte. Obra.

-¿Pensaste alguna vez que incursionarías en la performance, uno de los campos límites más contemporáneos de las artes visuales?

-Se dio como una necesidad dentro de lo que a mí me interesaba y motivaba creativamente en ese contexto histórico que te describía. Con mis compañeros de escuela -Arturo Duclos, Mario Soro, Carlos Gallardo, Alicia Villarreal y otros más- comenzamos a experimentar desde los conceptos de las técnicas tradicionales del grabado y sus analogías, explorando sus límites. Conocer textos de Luis Camnitzer fue clave. Él denominaba “múltiples” a algo muy similar que nosotros llamábamos “desplazamientos” del grabado. Desde ahí, la performance estaba al lado.

-La pala, el overol y el nombre aluden a Clotario Blest. ¿Por qué te interesa citar hoy a un dirigente sindical tantas veces detenido y tan único que derivó desde el socialcristianismo hasta los movimientos anarquistas, concurriendo incluso a la formación del MIR?

-Efectivamente se refiere o alude a Clotario. Lo de la “K” es una forma algo punk de hacer referencia a la contrakultura o anarkía, como es escrito en grafitis. En pocas palabras, para mí, #KLOTA es una suerte de chamán obrero que viene a penar desde el ruido. A gritar que no se olviden de la traición, abusos y masacres históricas de los trabajadores. A escarbar en la memoria y destapar lo oculto. A perturbar y motivar la rebelión necesaria y permanente ante el poder. Admiro como Clotario anhelaba unir a los trabajadores como una fuerza en sí misma que negocia de igual a igual con el capital. Desde niño sabía de él. De hecho, mis padres, cuando me decían que en castigo no haría tal o cual cosa me decían “cloteaste”, como una manera de decir “cagaste”. Él fue traicionado y los trabajadores debilitados progresivamente.

-¿Cuál es tu reflexión hoy al ver la CUT, que don Clota fundó, en la más completa insignificancia social?

-Feroz y triste. Desfigurada. Por otra parte, hay un tema generacional en el recambio de las fuerzas laborales que fueron permeadas o fruto del debilitamiento sistemático de la educación pública durante la dictadura y luego por la industria del entretenimiento, el consumo, etcétera. En suma, menos reflexión y espíritu colectivo y crítico. Una corrosión del lenguaje que también acusa ese deterioro y se manifiesta en desidia frente a la posibilidad de lo colectivo y alguna épica.

.-Tú has dejado una huella clara de tu recorrido con Electrodomésticos y Los Mismos. Hemos visto recientes colaboraciones con Amanda Irarrázabal y Colombina Parra. ¿Cuál es el sonido que te interesa capturar hoy como solista?

-Funciono en varios frentes creativos musicales porque siento ese pulso y necesidad. Acabo de terminar mi nuevo EP solista con el stick, se llama “Raro” y en marzo lo estrenaré con conciertos. Ahí lo que trabajo es mi lado ambient, melódico y de viaje interior si se quiere. A Amanda Irarrázabal la invité con su contrabajo para una tocata en vivo de esos temas, junto a Berni Traub en la guitarra y yo en el stick. Con Colombina tenemos un dúo que es un proceso; publicamos un primer EP hace dos años de poesía y música, “Las flores del bien”. Hoy estamos trabajando en un nuevo EP, esta vez con guitarras y bajo con distorsión, más sicodélico, para explicarlo de manera algo simple.

-Harto movimiento.

-Sí, también debuté con una banda nueva el 5 de enero: se llama Los Grandes Bailables y es un sexteto que mezcla house, funk y pop. Una suerte de extensión más hacia el pop de lo que hice con Los Mismos. Me encanta la música para bailar y además mi padre, quien es responsable de mi amor a la musica, le encantaba bailar y había permanentemente música en casa: clásica, mambo, mucho jazz, big bands, etcétera, y fiestas que armaban mis viejos con mis tíos en casa, donde bailaban hasta el amanecer. El nombre de ese proyecto es en su honor. Y finalmente, junto a Ignacio Marzán, también miembro de Los Grandes Bailables, tenemos un dúo electrónico donde toco el bajo y que está ligado al minimal. Lo que me gusta de ese dúo es que Nacho tiene 27 años y viene del mundo de la música urbana y electrónica, y yo ¡63! (ríe). Bueno, hartas historias a cuestas. La suma de esa diferencia suena muy interesante.

-¿En qué momento está la música popular chilena?

-Está pasando muchísimo más que antes, sin duda. En cuanto a la mirada de cierta industria musical, para mi gusto, creo que, como siempre, solo se difunde masivamente lo que entra en el gusto de quienes mueven los hilos desde el mercado de la entretención más que el de la cultura. Esta bien que haya de todo, que cada estilo se expanda, pero lo que veo también es una maquinaria centrada más en el dinero, en “hacerla” en Spotify más que en el lenguaje del arte y la música. Esa relación que se establece según cuantos likes tienes en las redes o el número de reproducciones en Spotify como parámetro para evaluar sí es algo que me parece feo, penca. La publicidad, por ejemplo, es experta en hacer “jingles”, melodías bien pegajosas para vender sus productos. Hay astucia y habilidades en ello, pero hay un abismo si se pretende usar esa lógica para hacer arte. Por eso marco una diferencia en lo que llamo industria del entretenimiento y su estética y el arte. Uno le responde al mercado, el otro responde a una necesidad existencial que se manifiesta a traves de operaciones simbólicas y estéticas que aportan, creo, a desarrollar conocimiento. Invitan a cosas distintas. Desde chico, cuando ponían la radio en los años 60 y 70, la encontraba horrible. Hoy me pasa lo mismo. No es donde busco algo que me sirva para vivir. Para eso me sirve el arte; verlo y hacerlo ayuda a vivir.

Coordenadas

Qué: Dale y quítale toda esperanza, celebración de los 29 años de Perrera Arte

Artistas invitados: Silvio Paredes (#KLOTA), Cristián Heyne, Laura Iriarte, Alisú, Dinastía Moon, Potenciómetro, Yellow Fever, Gangrena Surf, Fieras666, Big Sur, Las Cobras de Uruguay y un par de sorpresas

Cuándo: Viernes 19 de enero, desde las 18 horas

Dónde: Centro Experimental Perrera Arte, Parque de los Reyes s/n, Avenida Balmaceda entre Bulnes y Cueto, nuevo barrio Balmaceda

Últimas pulseras de cortesía: Librería La Tienda Nacional, Merced 369, barrio Lastarria. Invitaciones agotadas en Disquería Chilena de Providencia.