Samuel Ibarra: “Los sucesos de la pandemia han sido una bofetada a la soberbia”

Por Héctor Muñoz

Samuel Ibarra fue a la playa y tomó harto sol el verano. Un sexto sentido le indicaba que este año iba a ser muy duro, que algo raro ocurriría y, por si las moscas, decidió acumular, acaparar, energía en su cuerpo, que, además de dar forma a su propia naturaleza, constituye su arma de trabajo y problematización, como performer que es.

-La peste y el encierro han impuesto condiciones impensadas al cuerpo individual y colectivo. ¿Cómo analizas lo ocurrido?

-El actual contexto planetario ha traído una brutal idea de fragilidad e indefensión. Aspectos que jamás el hipercapitalismo siquiera ha pronunciado, porque este sistema social y cultural se expresa en una idea de indestructibilidad del ser humano sobre el medio. Se nos ha hecho creer que nada nos detendrá como especie, que el modelo de desarrollo y la forma frenética de vida están garantizados para siempre por encima de cualquier coyuntura. Lo que el escenario Covid ha roto es la seguridad ciega, la idea de infalibilidad y supraseguridad humana. Es paradójico, en un tiempo donde la ciencia y la tecnología se han impuesto como religión, repentinamente se nos dice que un extraño virus puede aniquilarnos y ves en los noticiarios de televisión que el entusiasmo rimbombante del 5G o la hiperconectividad de la economía se reduce ahora a rostros llorosos clamando alimentos para no sucumbir de hambre. Se resquebraja de golpe el triunfalismo sobre el futuro. Estos sucesos han sido una bofetada a la soberbia, mientras retornan los atávicos terrores a la peste, resquebrajando aún más la precariedad de nuestro cacareado desarrollo, sobre todo en la región.

-¿Cómo ha sido tu propia experiencia física y sicológica en esta pandemia?

-En general tranquila, desde un primer momento advertí que el tema venía complejo, suspendí todo mis planes y quité toda expectativa. En el verano, no me creerás, sentí que algo extraño ocurriría, algo que haría anormal este 2020. Pensé en la revuelta y creí que se expresaría muy dura. Un amigo tarotista me había dicho que sus cartas advertían tensas movilizaciones, muertos y crisis política severa; muchísima tensión. De algún modo estaba preparado para una anormalidad general. Me sacié de sol y playa en vacaciones como almacenando energía y me entregué a la incerteza de los pronósticos. Hoy, bajo los días de pandemia, he generado una rutina que me ayuda a organizar los quehaceres laborales y domésticos. Me he puesto a leer con fruición textos pendientes, me he entregado a la jardinería de la casa y a trazar y anotar ideas sobre posibles obras.

-La crisis sanitaria ha traído un nuevo y singular lenguaje al vivir cotidiano, como confinamiento en lugar de encierro, distanciamiento social, falso positivo, aplanar la curva o camas críticas. ¿Te sugiere algo esta nomenclatura?

-Me sugiere todo un arsenal de lenguaje para operar en medio de un estado de emergencia, en un panorama donde la variable epidemiológica define la vida. Nuevos códigos para otro estado de excepción que nos toca enfrentar. Soy resistente a aceptar sin críticas esa imposición. La mezcla de terror biológico y procedimiento policial alguna dominancia busca restituir. Nuevamente la paradoja se me aparece. Se prohíben los desplazamientos pero no asistir a los trabajos. Es lo mismo que te digan “no puede salir, pero debe pagar igual”. La vigilancia bio-policial-militar debió primero prever el resguardo humano antes que la estabilidad macroeconómica. Cuarentena total con protección social asegurada era la fórmula, creo.

Fotografías: Pato Rojas y Leo Salazar

-A diferencia de otras manifestaciones, como la música o el cine, que han logrado sostenerse en la vida colectiva a través de los nuevos soportes tecnológicos virtuales, durante esta peste y la crisis económica que conlleva, las artes visuales no solo ha tenido que ocultarse, desaparecer, sino que incluso, con todos sus rituales -exposiciones, inauguraciones, visitas guiadas- parecen haberse convertido en una práctica bastante suntuaria, prescindible, incluso, a la hora de la subsistencia. ¿Qué deberían aprender los artistas visuales de esta crisis?

-Una vez leí en un manual brasileño sobre cultura y revolución que “para que el monitor cultural no se frustre en la tarea de organizar lo social en aras de una transformación del medio debe comprender que su trabajo no figura como fundamental para la masa”. Esa polémica sentencia siempre me ha animado a entender que lo que yo hago en cultura no debe ser necesariamente importante para otras personas. No es ni de primera necesidad ni irreemplazable. No creo que el trabajo del artista esté por encima del que hace un gasfitero o un electricista en una situación urgente. Un arte crítico y pensante solo debe tener de rival a la superficialidad del sentido y la vacuidad de los signos. Una artista comprometido y reflexivo solo deber decir no a las maniobras de dominación y control de un poder deshumanizante. Poniendo en movimiento una ética de la participación, un compromiso ciudadano y comunitario se activa, se enciende una lógica muy interesante de vínculo con el/los otro/s que solo le reportará ganancias al creador, porque lo conecta con una maravillosa energía vital. Sé que no es fácil, pero valoro mucho el trabajo con grupos humanos en horas difíciles. Respeto a los artistas que sin decirle a nadie lo que hacen o lo que piensan, se ponen a disposición de una causa común en circunstancias complejas. En el tsumani del 27/F vi a gente de la Apech haciendo contención a niños en trauma. En los incendios de los cerros de Valparaíso vi a artistas removiendo escombros, en los días del estallido vi a la galería Sagrada Mercancía transformada en espacio de acopio para insumos de salud de emergencia. Si me preguntas sobre aprendizajes, creo que los trabajadores del arte debemos más que nunca en estas horas aferrarnos y ponernos a disposición de nuestras comunidades más próximas, en silencio y entusiasmo. Las disquisiciones más complejas y alambicadas quedarán para el taller, para afuera. Ahora, comunión y hermandad.

-Debido al estallido social, las artes visuales y la performance habían vivido un momento igualmente explosivo y bastante intenso en las manifestaciones públicas que le dieron contenido a dicha revuelta. ¿Qué destacas en especial de lo observado en la calle?

-Los sucesos que se desencadenaron a partir de octubre del año pasado removieron los cimientos del país. En esa sacudida tengo la impresión que el arte fue interpelado de manera silente por las circunstancias. Es decir, fueron los hechos mismos los que obligaron al circuito arte a pronunciarse y “salir a la calle”. Tengo la impresión que el “mundo arte” más instalado, es decir más visibilizado y protegido (económica, mediática o académicamente) nunca ha sido tan contestatario con el sistema. Lo mira con incredulidad pero no puede zafarse de las reglas que impone para el juego. Algo ocurre con la criticidad que se diluye y despotencia para que el malestar que promueve no suene altisonante a las hegemonías culturales y económicas. Creo hay autocensura en la creatividad de muchos. Hablo de los artistas que trabajan códigos contemporáneos, que pueden hablar abiertamente de lo “político en el arte”, pero de allí nada más. Hay temor a ser señalado, cercado o marginalizado. El artista de la transición (eterna, inacabable) es bien portado, medido, eficaz, calculador, empresario de sí mismo. El estallido detonó una implosión de ese aparente virtuosismo que significaba vivir sin tan graves contradicciones en uno de los países más neoliberales de la tierra. Ser artista crítico en Chile no podía ser para siempre tan natural como para no verse interpelado por las circunstancias. Me pasó mucho en conversaciones con colegas que se veían violentamente persuadidos por los sucesos. El fulgor de la calle te hacia cuestionar. ¿Dónde estabas tú?, ¿qué estabas haciendo tú para que esta pesadilla económico cultural se desmoronara?

-¿Cómo observas lo hecho y provocado por Las Tesis?

-El neoliberalismo en lo cultural es de una letalidad brutal. Se impone para despotenciar discursos y vaciarlos de sentido. Transforma al arte en lenguaje vacío que no le habla a nadie, haciendo impotente cualquier posible malestar. Hace de la crítica un juguete amorfo que solo prefigura la derrota y la tristeza de cualquier disidencia. Transforma solitarios los procesos creativos y hace de la cultura un precario supermercado. Como corolario pone al Estado únicamente como policía económica para vigilar las finanzas y no asegurar el acceso de la población a los bienes culturales. Todo eso se puso en la palestra desde el estallido. El colectivo Las Tesis no solo acusó al machismo local y sus símbolos de violencia, también interpeló a esa racionalidad masculinizante presente en la fatal idea de nuestra economía cultural de hacerlo rentable todo. No solo apuntó a la violencia de Carabineros con el cántico de guerra, también acusó a un sistema de valores erigidos sobre un obsceno clasismo, sobre una escandalosa desigualdad. “El violador eres tú” es un señalamiento flagrante a la violencia neoliberal que ha transformado el arte y la cultura en un espacio al borde de lo inútil. Es un grito contra el criterio economicista que te dice “no seas artista, sé ingeniero” o “ tu proyecto no vale porque no es rentable”. Las Tesis, con su coreografía social, colaboraron a concienciar y poner en escena un malestar de larga data.

-¿En qué estás trabajando en este momento?

-Estoy preparando una pequeña muestra visual con objetos que he ocupado en performances. Quiero exponerlos en medio de fotos y videos, combinando y recombinando procedencias en la idea conceptual de un Neochamanismo de la basura. También trabajo muy de cerca con los colectivos Cubo Soma, en investigación y difusión de performance con Leonardo Salazar y Rata Sorda, y con el artista sonoro Sebastián Tapia.

-¿Cuál es hoy tu percepción del futuro?

-Creo iremos saliendo lento de todo esto, animados en una revalorización de los afectos, de lo comunitario, del encuentro con otras y otras. Con la tarea de hacer un arte crítico y audaz que transmita fuerza, lucidez y esperanza para los escenarios que se avecinan. Habrá que trabajar en ennoblecer más la vida luego de este tenso lance en que nos ha puesto la naturaleza y las malas decisiones de este gobernante.

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