Paz Errázuriz: “El retrato captura lo efímero del tiempo que pasa y se guarda con la luz”

Por Héctor Muñoz

Silenciosa y productiva, Paz Errázuriz Körner (1941) se las ingenia para responder a todos los requerimientos con sorprendente disciplina. Solo en el último mes estuvo presente en dos exhibiciones de la Perrera Arte, primero seleccionó los trabajos de seis jóvenes fotógrafas que, a pedido del Hogar de Cristo, retrataron la nueva pobreza de Chile en la muestra “País poniente” y, luego, asistió como una más del público a la inauguración de la exposición “El juicio final, el tarot trans”, de Zaida González. Pero, aunque pretenda serlo, Paz Errázuriz no es un espectadora más, menos si se trata de fotografía. El pasado 25 agosto acaba de recibir el Premio Nacional de Artes Plásticas, distinción que se entrega cada dos años, que fue establecida por ley en 1992 y que, por primera vez, recae en una exponente de esta disciplina.

-Paz, ¿por qué crees que demoró tanto en llegar el Premio Nacional para la fotografía?

-Lamentablemente, para ciertas ramas del arte, Chile no ha estado en la vanguardia como tantos otros países. Es ahora, con los cambios en la cultura que se han hecho en estos últimos años, cuando la fotografía puede entrar con legitimidad en lo que llamamos artes visuales.

-Cada vez expones más frecuentemente fuera del país. ¿Qué es lo que más les llama la atención a los extranjeros de tu obra?

-Esto se relaciona con la respuesta anterior: países como Argentina, México, Francia, Inglaterra, Suiza y Estados Unidos llevan largo tiempo promoviendo y poniendo en relieve el trabajo de los fotógrafos y fotógrafas que tienen el objetivo de un arte visual y no solamente informativo o periodístico. Los extranjeros aprecian que mi trabajo capte una parte de la población que, en general, no se conoce y que aquello se destaque con dignidad, encontrando la estética que anima a esas personas que yo retrato. En el extranjero se aprecia el esfuerzo y la dedicación que conlleva esta práctica artística, las horas de trabajo que demanda, así como la cantidad de factores que juegan permanentemente con la obra: el o la artista en relación con los demás.

-Tu fuiste parte de la Asociación de Fotógrafos Independientes (AFI), agrupación que cumplió un importante rol en la época de Pinochet y que ha entregado destacados fotógrafos al país. ¿Cómo ves a la distancia ese nexo entre resistencia y fotografía?

-Sin duda la AFI tuvo un rol destacado durante la dictadura y nuestro trabajo constituyó una trinchera desde donde resistir. En esos terribles momentos cuando se estaba inmerso o inmersa en un trabajo concreto, el miedo pasaba a segundo plano porque se producía una empatía tal con los sujetos retratados, que era como una suerte de triunfo vital frente a tanto horror. Era la mantención de la vida plasmada en un visor, un momento que trascendería más allá de ese presente, y así ha sido en mi caso.

-¿Cuánto de lo aprendido en esas condiciones de dictadura permanece en tu actual sistema de trabajo?

-Lo que se aprende en momentos de crisis, el dolor de lo presenciado, el desprecio por la autoridad arbitraria, el coraje de transgredir mandatos injustos, no se olvida más. Sobre todo la identificación con el lugar que ocupan las personas, en ese momento estigmatizadas, el vínculo afectivo que eso puede generar. Ha sido esto último lo que guardo aún y será para siempre un lugar cálido, importante, para recordar a pesar del horror que tantas veces teníamos cerca.

Siempre asociada a las escenas más vitales del país, Paz Errázuriz es una firme defensora de la colaboración entre creadores. Así como fue cofundadora de la AFI, varias de sus publicaciones han sido producto de asociaciones virtuosas, como la que realizó con la escritora Diamela Eltit para el libro El infarto del alma, donde retrató una serie de parejas multigénero en un hospital siquiátrico de Putaendo, o La manzana de Adán, trabajo conjunto con la periodista Claudia Donoso en el que se adentró en el mundo de los travestis en la ciudad de Talca.

En 2009 también aceptó una invitación del artista visual Antonio Becerro e intervino uno de sus perros en fibra de vidrio para la segunda versión de Pintacanes, una muestra colectiva de artistas y pobladores de La Pintana. “La Perrera es un lugar que asociamos con la crueldad y que se ha reciclado desde el arte para la vida urbana. Es un lugar que arquitectónicamente tiene memoria. Lo asocio a lugares difíciles que puedan conjurarse desde una actividad vital, ya sea visual o performativa, entre tantas manifestaciones culturales que hay en este momento que requieren acogida y reconocimiento”, dice Paz Errázuriz, que para dicha intervención de 2009 optó por pintar su quiltro de negro para luego autorretratarse a través de él.

-Desde la fotografía, ¿cómo observas el mundo actual?

-El momento que vive el planeta creo que tiene muchos fenómenos. Los cercanos a la muerte, como los refugiados, inmigrantes y desplazados, y los cercanos a la vida como ser la ruptura del binarismo de la diferencia sexual y el mandato de heterosexualidad obligatoria. Las leyes y prácticas institucionales en este tema, como la reasignación de sexo quirúrgica y civil, el matrimonio entre personas del mismo sexo o las nuevas parentalidades, son cambios a celebrar en este milenio.

-El Premio Nacional, con sus reconocimientos públicos y tímidos respaldos económicos, te sorprende en la plenitud de tus capacidades creativas. ¿Qué gran desafío, que no hayas podido concretar hasta ahora, te gustaría emprender en este momento?

-Estoy en este momento con muchos proyectos, pero nada tiene que ver con el Premio Nacional. Son trabajos que ya había emprendido y, como dije antes, algunos requieren mucho tiempo y dedicación.

-Durante bastante tiempo se discutió el carácter de la fotografía como arte. ¿Cuál es a tu juicio el principal argumento de la fotografía como formato artístico independiente?

-Pienso que para que una producción se considere arte ha de tener relación con la estética, la distribución de las formas, con la vida. En el caso de la fotografía es el juego de la luz y de la capacidad de ver, de percibir en el espacio una cierta concordancia de luz, sombras, formas, cuestiones de importancia para la vida misma. En el caso del retrato la captura de la expresión del sujeto en momentos sucesivos, lo efímero del segundo, lo efímero de un tiempo que pasa y se guarda con la luz y la forma precisa que se quiere recoger. Lo que eso va a comunicar, la estética vital de un cuerpo, estaría en el concepto de arte.

-¿Cualquier persona puede ser fotógrafo con las nuevas tecnologías?

-Pienso que cualquier persona puede hacer muy buenas fotografías, buenísimas, pero no todas las personas saben bien qué hacer con todo aquello.

Imagen principal: La manzana de Adán / detalle



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