Pamela Alvarado: “Retrato una zona de lo muerto, pero también de lo posible”

Por Daniel Osorio (*)

La fotógrafa penquista Pamela Alvarado en su libro Habitáculo post mortem retrata lo que ya no existe. Una ciudad que ya no es. Y no porque nunca haya existido, sino porque estas fotos muestran el vacío que dejan las personas, los sueños, los recuerdos, la vida al retirarse. Un vacío lleno de gente, como diría Fernando Pessoa. Estas fotos son el último rastro de espectros que deambulan junto a nosotros, sin tocarnos, en una sintonía tan diferente a la nuestra que no nos permiten sentirlos ni verlos. En este espacio habitamos juntos sin ser capaces de compartir el mismo lugar, porque ya no nos toleramos y solo somos capaces de andar sin rumbo, el uno junto al otro sin tocarnos, ni hablarnos, sin sentirnos, sin vernos, sabiendo que existimos. En una ciudad zombi, pero sin zombis.

-Las fotos de Pamela Alvarado son el retrato de una ciudad cuando todos se han retirado. ¿Pero a dónde?

-Quizás son las huellas de un diario post apocalíptico, rastros del último desastre. No puedo dejar de pensar en el trabajo del fotógrafo que año tras año va a Chernóbil a registrar el triunfo de la naturaleza sobre los hombres, las cosas y las ciudades. Estas fotos también son un mapa, un mapa en blanco y negro, no podían ser de otra manera. Por eso hay en ellas algo del “Stalker” de Andréi Tarkovski. Estas fotos son el retrato de una zona “prohibida”, que a la vez desata todas nuestras fantasías. Porque donde todo está prohibido también todo puede hacerse. Una zona de lo muerto, pero también de lo posible. Una zona sin nombres, ni coordenadas. Una zona sin mapas y que nosotros, gracias a estas fotos, podemos volver a nombrar, para que quizás vuelvan a existir.

-¿Por qué escogiste un registro fantasmal?

-Mi idea era construir una realidad ficcional, un futuro urbano post apocalíptico que se funde con el presente y se proyecta imaginativamente al futuro. Imágenes de evocan la naturaleza, como una metáfora tanto de lo que se perdió, en su carga matérica, como respecto al deseo de ser en relación al pasado.

-Y el blanco y negro, ¿qué buscas al usarlo?

-El blanco y negro lo utilizo como un recurso expresivo y narrativo. En el mismo sentido que el desenfoque, el error y el ruido. El alto contraste me permite darle un carácter dramático y expresionista a la imagen. Aunque tengo ganas de comenzar a trabajar con película a color.

-¿Cuáles serían tus referentes fuera de la fotografía?

-Mis referentes, sin duda, están en el cine y la pintura. Me interesa el expresionismo alemán, en especial Fritz Lang y, claro, Andréi Tarkovski, por su poética visual y la profundidad narrativa de su obra. Y en otro ámbito me atrae el trabajo de Gordon Matta-Clark.

-En tus fotos no existe lo humano o es casi un recuerdo, ¿por qué?

-Sí, en mis fotografías no vemos humanos, lo que no significa que no estén; son lugares, espacios que han sido habitados por personas y ahora los habita la memoria. Están cargados de símbolos, historias, sufrimiento, alegría, soledad, amor, tortura y llanto. La presencia ausencia son fundamentales.

-¿Es una marca de tu trabajo o solo es para este libro en particular?

-En Habitáculo post mortem la ciudad funciona como una especie de palimpsesto, que obliga a develar las superposiciones de escritura que la componen, es un escenario de evocaciones de aquello que se ha borrado, se ha perdido, pero que aún deja huellas; de ahí la atmósfera fantasmal.

(*) Documentalista y guionista.

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