“Necrosis”, el santo sudario de Chile

Texto: Antonio Becerro

“La figura del detenido desaparecido no existía antes de la dictadura”, alcanzo a escribir antes de que suene el teléfono. Es Yescariz al otro lado del celular.

-Hola, ¿qué estás haciendo?

-Estoy escribiendo un texto muy especial para el catálogo de un fotógrafo que está retratando la desaparición de los retratos de los detenidos desaparecidos.

-¿Cómo?

-Sí, tal cual, está registrando los retratos de los detenidos desparecidos antes de que se borren por completo. Es algo así como detener la descomposición de la imagen.

-Qué fuerte.

-Es de alto voltaje, por decirlo de algún modo. Para mí, como testigo privilegiado del parque, es abordable, pero involucra una reflexión un tanto melancólica y profunda. Se trata del Memorial de los Detenidos Desaparecidos que está a menos de 100 metros de la Perrera Arte. A un costado del río Mapocho, en el puente Bulnes para ser más exacto.

-Casi al lado.

-Sí, he visto no sé cuantas veces esos rostros de día y de noche en los paseos con Capitán, mi perro.

-Tremenda historia.

-He sentido la soledad y he corroborado su abandono. He sentido el sonido, el murmullo que hay en el silencio de esas imágenes que con el paso del tiempo se han ido borrando, aunque no del todo, porque son cientos de retratos. Ocurre algo muy curioso con todo esto, hay varias aristas de tipo emotivo, cultural, político e histórico y, al fin de cuentas, es una obra concreta que está a punto de pasar al campo de lo efímero. Te cuento que son fotografías impresas sobre cerámica y que la emulsión opera como una delicada capa de barniz. Con el paso del tiempo y el poco cuidado que se le ha dado al memorial, el muro se ha trasformado en algo así como un deslavado, una especie de traspaso de imagen. La paulatina pérdida de su registro original les da a los rostros la apariencia de estar mutando a un estado más orgánico, como una costra que cicatriza en el dibujo, donde el sol, el viento, la lluvia y el polvo hicieron lo suyo. Pero por sobre todo el abandono, el descuido y, por qué no decirlo, el desprecio.

-¿Y en qué estado están los retratos?

-Se están descascarando y mutando a la paleta de un sepia, que es el clásico color del pasado. Se descascaran pero su imagen de algún modo se impregnó de otra forma como  pigmento, que va del café a los tonos grises, sobre la cerámica. Como otro dibujo, como el traspaso de un grabado único. Son como santos sudarios.

-Impresionante como una fotografía puede atestiguar el signo de la ausencia.

-Sí, claro, ¿pero lo dices por las fotos que están desapareciendo o por las que está tomando el fotógrafo?

-Bueno, por las dos cosas.

-Imagínate que una vez vi a una señora que estaba dibujando sobre uno de los retratos. Al acercarme me di cuenta que estaba marcando el contorno del rostro de uno de los detenidos desaparecidos.

-Chuta, que fuerte.

-Sí, era un momento íntimo, no pregunté nada. Talvez estaba marcándolo justamente para que no desapareciera.

-Que loco y que triste, no lo puedo creer.

-Los sin casa que viven bajo el puente les dicen los finaos. “No hay que meterse ni dañar a los finaos”, los he escuchado comentar.

-Son como fantasmas. Voy a ir a verlos.

-Son espectros que te miran. Cuando doy mis vueltas con Capitán veo como los conejos del parque también los miran. Es una imagen muy potente y lúdica. Ellos los miran como concentrados con sus orejas en alerta.

-Uy, qué lindo. ¿En serio hay conejos?

-Sí, pero solo se dejan ver de noche, son como una colonia de conejos. Unos 35 a 50.

-Voy a ir, ¿cuándo estás?

-Sí, este memorial es como un portal. Tiene un silencio y una soledad conmovedora.

Visitas guiadas

-¿Y quién es el fotógrafo?

-Claudio Pérez, destacado fotógrafo que aportó al catastro de la Comisión Rettig realizando la búsqueda de imágenes a través del país, sumando 50 fotos más a ese registro. Y ahora, para esta exposición, está haciendo este nuevo archivo, que para mí es más que un registro: se trata de otros retratos.

-¿Y por qué lo hace?

-Lo que ocurre es que Claudio, además de crear este mosaico, también armó un archivo único con los demás archivos de la Vicaría de la Solidaridad, Comisión Rettig, Servicio Médico Legal, Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos: son 1.196 imágenes de los detenidos desaparecidos. Y además va exponer aquí, en la Perrera Arte, estas nuevas apariciones y desapariciones de los rostros en el memorial.

-Comprendo, ahora se me arma le película.

-Como te decía, es la desaparición de la imagen como recurso de retención de la imagen y la recopilación de los retratos que hizo el artista a lo largo de todo Chile. Es casi como un apostolado. Para Claudio es normal, pero para mí es una acción temeraria y única.

-Tremendo trabajo. Ese lugar debería ser un monumento a la memoria, un patrimonio de la ciudad y de todos los chilenos.

-Creo que lo es, no estoy seguro; pero si lo fuese no debería estar en ese estado. Estaría conservado, señalado debidamente, iluminado como corresponde a un monumento de héroes. Ya no sé qué pensar. No sé si es a propósito o qué. Porque, curiosamente, este memorial se ha ido borrando de a poco con la misma descomposición y estado de necrosis en que se encuentra el Chile actual. Es como si fuera algo orgánico, más allá de lo que se pensó. Es como si las células muertas del olvido lo llevaran derechito al abandono absoluto. Hay una similitud entre la contingencia nacional y el deterioro del pasado.

-Entiendo perfecto, nos vemos el sábado en la exposición.

Yescariz cuelga y yo retomo la idea primera de mi texto.

La figura del detenido desaparecido no existía antes de la dictadura. Esta exposición, “Necrosis”, muestra la fotografía como testigo de la evaporación del tiempo, el retrato como rito familiar, los espectros sin sepultura, la transfiguración de una sociedad a través de la imagen, el arte de lo escatológico, la activación de la memoria por medio de lo presente, la justicia como lo no resuelto, el relato y la inscripción de los hechos como fruto de lo posible. Sea como sea, todo es orgánico, no solo la materia sino también el espacio físico y mental, incluso el tiempo, único testigo de nuestra existencia

El ser humano desde sus orígenes está en una constante transformación que lo lleva indefectiblemente a la necrosis y la necrosis es la recursiva de la vida. En la información del código genético de lo orgánico, la necrosis es sí o sí el contrato de la muerte y la muerte es el final de esta presencia. El sufrimiento es la ausencia, el dolor que traspasa la imagen, que elude el retrato porque no aceptamos su realidad. La percepción de la vida podría haber sido distinta si se hubiese prescindido de la imagen. Lo único que carece de necrosis es la decepción. La decepción es tersa, suave, lozana, autosuficiente, inmortal. Todo lo demás, hasta las ideas, está condenado a la necrosis. Incluso los sepultureros mueren, se descomponen y transforman, dejando en el silencio varias preguntas. Como, ¿quién borra a quién cuando quieres hacer desaparecer el pasado? ¿El que quiere olvidar o el olvidado?

Fotografías: Antonio Becerro y Claudio Pérez



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