Montagna: “Fausto 2 fue un rayo divino”

Por Héctor Muñoz / fotografías: Javier Borlone y Arles Iglesias

El actor, director y dramaturgo ítalo chileno Juan Carlos Montagna es un personaje seductor. Transita habitualmente entre las costas del Mediterráneo y el litoral central. Aunque en el último tiempo, al menos durante un semestre, circula bastante por Santiago debido a sus concurridas clases en la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica. Ahí transmite los códigos de su método psicofísico, el cual impone una alta intensidad corporal, vocal y dramática a los intérpretes, que él también llama performers.

De este rigor docente han surgido varias obras, como “La boda trágica”, “Chejov” y “Devastación”. Pero también le ha permitido remontar antiguos trabajos que ya hizo en Europa. Como “Fausto 2, el tarot” (Nerja, España, 2008), que este jueves 30 y viernes 31 de enero presentará en Perrera Arte junto al joven actor Tomás Luna. Esta pieza es la continuación de “Fausto, el oráculo”, trabajo que estrenó en 2001 en Madrid y también está inspirado en el clásico que Goethe creó en el siglo XIX.

Así como en el primer “Fausto” se introducen los oráculos de Mephisto para auscultar al espectador, en el segundo Montagna lee en escena el tarot, disciplina que ejerce profesionalmente desde hace dos décadas. Porque la situación cambió: Satán perdió a su discípulo Fausto, quedó solo y, despojado de su poder, parece condenado a vagar sin rumbo ofreciendo a los demás su último recurso: la sabiduría oculta y ancestral de las cartas.

-¿En qué contexto personal y espacial nace “Fausto 2, el tarot”?

-Fue durante mi estadía en Maro, un pequeño pueblo costero de España, entre Málaga y Granada, donde intempestivamente me fui a vivir en 2007. Trabajaba en Madrid, mi ciudad eterna, y también en el norte, Santander. Veo que eso se parece mucho a mi actualidad, que es habitar cerca de Las Cruces, en el litoral central, y estar todo el tiempo viniendo a Santiago para mis clases, mis obras, mis afectos y la bohemia. De aquella geografía vital, donde se combinan la soledad del retiro con las intensidades humanas y escénicas, surgió “Fausto 2, el tarot”. Estaba en una cala muy linda, solitaria y pequeña saliendo del mar con mi eterna zunga bajo un sol abrasante. Me tumbo mojado sobre mi eterno pareo, prendo un cigarro como siempre, expongo mi rostro a ese sol sin bloqueador y de pronto surgió: “Haz otro Fausto”. “Y usa el tarot”. “Puede ser un monólogo si quieres”. Esa especie de rayo divino que te mencioné en una entrevista anterior, cuando hablé del origen de mi método psicofísico. Tenía entonces 44 años. Estaba guapo, sensual e intenso, casi tanto como ahora lo soy. Digo esto porque ambas creaciones de Fausto rompen la normatividad del envejecer y de la autoimagen.

-¿Guapo dices?

-Sí, sensual e intenso, pero roto por dentro. Yo sabía que estaba destrozado, pero lo evadía de algún modo con los estímulos renovados de mi vida española en aquel pueblito con playa privada. Tenía performances, clases, estudios, el jazz, la gente que se me acercaba, los chicos sensitivos y bellos, pero también mentirosillos. Todo el dolor que sentía de ningún modo lo negaba. Lo dejaba permearme, le hacía cariño con la sal del mar, con el sol amado y con la fortaleza espiritual que me caracteriza. Me fue dada al nacer, pero que yo esculpo día a día como un obrero en medio de las adversidades y de lo bello. Pero una cosa es el dolor y otra cosa es la estructura interior quebrada.

-Más grave, por cierto.

-Así, cuando los maestros ejercieron su rayo divino para regalarme y ordenarme el nuevo espectáculo de Fausto, también me dijeron: “No te olvides que perdiste a tu madre hace tres años”. Y me dijeron: “No te olvides que en ese mismo momento fracasaste con David y no lo verás nunca más”. Y me dijeron: “No te olvides que varios de tus amigos íntimos te traicionaron cuando todo eso te pasó”. Pero también sonrieron: “A cambio te dimos el tarot cuando aquello ocurrió”. Las lágrimas escaldaron mi rostro ardiente. Mi cuerpo sobre el pareo probablemente les dijo: “Sí, tienen razón”. Llegué a la casa, tembloroso, excitado, abrí mi biblia de Goethe, que conservo hasta hoy. Y sinfónicamente aparecieron durante un par de días los textos que pertenecen a la composición de “Fausto 2, el tarot”.

-¿Con qué criterio fuiste tratando esos textos de Goethe?

-El primer criterio es sincrónico. La sincronía, como dice Carl Gustav Jung, es algo muy profundo que se manifiesta solo en principio allí donde nosotros denominamos casualidad. Yo lo llamo flujo energético y causalidad. Y cada día siento que puedo anexar el destino como predicamento vital. La polémica filosófica y esotérica sobre la existencia del destino, ¿cierto? Esos textos de Goethe -que ustedes escucharán, pero que desde mi teatro también verán, porque son cuerpo- estaban allí disponibles desde siempre para mi creación sensitiva y para mi logos dramatúrgico del “Fausto 2”. Mi disposición espiritual y aquella consciencia expandida, que mencioné en la pregunta anterior, me pusieron como artista en el camino para que esos textos de manera fluida salieran al encuentro para construir el espectáculo una vez que, en aquel momento relatado, éste se instaló, por decirlo así, dentro de mí.

-¿Qué dicen esos textos?

-Si tuviéramos que mencionar “temas” para este segundo espectáculo, ellos serían el desamor, el despecho, la orfandad, la magia y una consciencia profunda de la muerte. La frondosidad del “Fausto” de Goethe me permitió revisarlo en desorden aleatorio, aunque es un magno orden sincrónico como expliqué, para que todo lo que necesitara como creador estuviera en esas arcaicas páginas. Después vino el proceso de estructurarlos en un relato para una cosmovisión escénica, con la consciencia de que esa estructura está mediada por el método psicofísico del cuerpo y de la voz.

-Los contenidos se dejaron ver.

-Cuando hay aquel rayo divino y tanta necesidad secreta de suturar, enyesar, rehabilitar la arquitectura personal averiada para, ojalá, iluminar a los demás, pues, bueno, todo adquiere un orden fluido y de goce justamente porque el dolor y la destrucción pasan a ser un acto de expansión cultural. Parte de este secreto personal que iluminó en términos estéticos y sociales este espectáculo es el siguiente predicamento: “¿Qué pasa espiritual y psicológicamente con Mephisto cuando el maestro pierde a su Fausto discípulo?”, entendiendo que yo, como performer y dramaturgo, doto a un ser sobrenatural de psicología. Goethe no habló de eso en su biblia. Pude construir la obra desde esta necesidad imperiosa y sujeta a este axioma urgente porque todo lo que he contado me abrió las puertas para encontrar allí esos textos.

-Interesante.

-Para terminar esta idea, te cuento una anécdota que corresponde al primer espectáculo de Fausto, que tú conoces tan bien. Esto fue el 2001 en Madrid. Podría parecer una casualidad, pero a mí me parece una causalidad. Yo soy muy artesano y, por tanto, aquella dramaturgia textual la hice recortando los textos que estaba usando a propósito de haber fotocopiado el original de Goethe, que conservo hasta hoy, como dije. Los iba colocando sobre una hoja de oficio para “verlos” antes de tomar la decisión final de pegarlos en la hoja y, al hacerlo, ya quedaban definidos dramáticamente. Pues bien: mi adorado gato negro de entonces -que después lo mataron- de pronto saltó sobre esta artesanía y lo desordenó todo muy rápido ante mi estupor. Después de retarlo, intenté reconstruir lo que estaba haciendo, pero no me acordé bien. Lo hice de nuevo, como se dice. Hay que agradecer entonces a Pichu, mi gato muerto, como un gran colaborador dramatúrgico de “Fausto” durante 24 años.

-¿Por qué aludir hoy, 200 años después, a “Fausto” y Goethe?

-Goethe es uno de los grandes maestros del Romanticismo alemán. Los históricos movimientos estéticos en el arte recogen las complejas pulsaciones y transformaciones de su época simbolizando un imaginario social y cultural. Cuando se establece esta fenomenología, generan entonces algo más grande aún: el paradigma. Un paradigma alimentado desde la civilización, no solo desde el arte, sino que también desde las transformaciones psíquicas, económicas, políticas y mentales de las sociedades. Los paradigmas son muy candentes o hegemónicos en aquella época donde surgieron, pero a la vez poseen una condición perenne, eterna, que, como una sombra traviesa, discute e ilumina a los otros paradigmas anteriores o sucesores. Y, en el caso actual, lo hace respecto de las modas en una cultura capitalista, digital, globalizada y disociada. Todo lo cual nos domina actualmente, pero no tiene la estatura de un paradigma. Entonces, en este caso, el Romanticismo pervive desde una dialéctica atormentada, lírica y, probablemente, aleccionadora hoy en día. Modestamente, desde mis dos espectáculos de “Fausto” intento aportar a esta perennidad crítica.

-Una especie de grillo persistente.

-Por otro lado, no olvidar a Jung: el inconsciente colectivo es transversal a toda época. Y una de las dimensiones de los arcanos del tarot es recoger esto desde lo arquetípico. Así, siempre existe en nosotres y entre nosotres la unidad de opuestos: la luz y la oscuridad, el bien y el mal, la pureza espiritual y la carnalidad, la dominación y la sumisión, el maestro y el discípulo. Y tanto más. Podrás estar en un matrimonio en Chicureo, en un after en Avenida Matta, podrás estar en un paradero del Transantiago. Pero siempre habrá, te des cuenta o no, un Mephisto y su Fausto. Además de verlos cuando te mires en las mañanas en el espejo en tu casa. Te des cuenta o no, sea la casa que sea y esté donde esté.

Coordenadas

Qué: Dos únicas funciones de “Fausto 2, el tarot”, del actor, director y dramaturgo ítalo-chileno Juan Carlos Montagna

Performers: Juan Carlos Montagna (Mephisto) y Tomás Luna (Animus)

Cuándo: Jueves 30 y viernes 31 de enero, a las 20 horas

Dónde: Espacio Perrera Arte, Parque de los Reyes s/n, Avenida Balmaceda, entre Bulnes y Cueto, Nuevo Barrio Balmaceda

Adhesión: $8.000 adultos, $4.000 estudiantes, vecinos y tercera edad

Reservas: +56 9 5422 1978 y @tomi__luna en Instagram

Cupos limitados. Estacionamiento interior gratuito.