Miguel Conejeros: “El punk y el techno son respuestas a la carencia de referentes”

Por A. Becerro / H. Muñoz

Miguel Conejeros está en una etapa en extremo productiva de su vida musical. Integrante de dos bandas punks icónicas de los años 80 y 90, Pinochet Boys y Parkinson, desde 1998 conduce su propio proyecto creativo, Fiat600, un formato electrónico económico que, como su nombre lo indica, le ha permitido desplazarse con bastante maniobrabilidad por diversos escenarios de España y otros países de Europa y regresar con el peso de ese oficio a la singular escena criolla.

Este viernes 24 de julio, a las 22 horas, Conejeros y sus teclados serán los invitados principales a la celebración vía streaming de los 25 años del Centro Experimental Perrera Arte, un recinto que, como él mismo músico cuenta a continuación, conoció incluso algunos meses antes de que la ruina original fuera entregada, en julio de 1995, a los creadores nacionales para sus restauración y recuperación como espacio de cultura en el entonces desolado Parque de los Reyes.

-Tenemos entendido que tú tocaste en la Perrera antes de que fuera un centro de arte. Cuéntanos de aquella experiencia y cómo era el espacio en ese momento.

-Creo que fue el año 1994 con Los Artistas, un grupo que teníamos con Rodrigo Planella, Rodrigo Hidalgo y yo. Si no me equivoco, para esa ocasión también estaba Miguel Hiza. Recuerdo que el edificio estaba totalmente en ruinas y pusimos los equipos entre escombros y piedras. La energía eléctrica venía de no sé dónde en un puro cable paralelo, todo muy precario. Pero la otra energía fluía por todos lados; se podía sentir la carga del lugar, eso sí que no lo olvido. Es curioso tener estos recuerdos justo ahora que estamos preparando una producción con el nuevo sello Grieta.cl, que busca rescatar material perdido y donde Los Artistas abrirá la serie en cassette.

-¿Cómo has organizado tu rutina de trabajo en pandemia? ¿Ha sido productivo este período?

-No se me ha hecho muy fácil, sobre todo por la inestabilidad emocional que me significa la sensación de un encierro impuesto, que no es lo mismo que elegir encerrarse a trabajar. No he dejado de hacer cosas, con mayor o menor concentración, como por ejemplo reordenar carpetas y editar algunas cosas nuevas como “Mortuus Utopia”, por el sello Novutrefall, y la edición de “El color que cayó del cielo”, que hice con Mauricio Garrido y que publicó hace unos meses el ya mítico sello Pueblo Nuevo. También recopilé y publiqué tres volúmenes de remixes que he hecho para otras personas. Todo esto se puede encontrar y comprar en full calidad en www.f600.bancamp.com. Ahora estoy centrado en la música para la novela gráfica “Anne Hell” y en terminar unos temas nuevos para un posible futuro ep.

-Mirando en retrospectiva y cada vez con mayor distancia, ¿qué destacas de la música que se hizo en Chile en los años 80?

-Destaco la valentía y motivación para crear de muchas personas a pesar de lo deprimente y patético de la situación.

-Hueso Records reeditó a Pinochet Boys. ¿Qué tal volver, cómo fue esa experiencia y dónde se puede conseguir esa producción?

-Sí, con Hueso Records preparamos ese material; se remasterizó y se prensó en un vinilo de 7” (disco chico). Fue un agrado trabajar con Hueso porque son muy profesionales y serios, todo fluyó perfecto. Entiendo que, al día de hoy, el disco es difícil de encontrar. Está súper agotado, yo tengo mi copia.

-El Fiat 600 marcó visualmente nuestras calles, carreteras, parques y la vida de la familia chilena. ¿Qué significa para ti ese icónico vehículo?

-Sí, la verdad es que, icónicamente, el Fito es un emblema o símbolo de una clase media que se encargaron de destruir; no solo en Chile, sino en muchas partes del mundo. Era como el auto que representaba las ilusiones de la típica familia trabajadora; un deseo que no deja de ser tragicómico y que pertenece a ese pasado en el que aún existía el futuro.

-Has dicho que “el punk es techno”. ¿Cuál es la línea de filiación que haces entre ambos momentos de la cultura y la música?

-Puedo distinguir varios paralelos entre ambas expresiones. Por ejemplo, son algo más que solo música y ambas generan toda una cultura alrededor de sus conceptos; también ambas nacen en las cloacas de las ciudades y son la respuesta ante la carencia de referentes.

-¿Cómo estás planteando la tocata de este viernes para la Perrera?

-Desde luego es una ocasión especial y es un honor que me hayan invitado a participar. La Perrera es un lugar emblemático que merece todo el respeto y homenajes posibles. Por eso estoy preparando algo especial con material nuevo, algo para sumergirse en la música, no necesariamente para la pista de baile, ya que eso en este mundo virtual no me hace mucho sentido. Esa orientación más física de la música me encanta, pienso que hoy se requiere de un contacto mucho más cercano y físico, es necesario un espacio en común para que su desarrollo sea pleno. Por esto, por la hora y sobre todo por la ocasión, lo prefiero plantear como algo más contemplativo y reflexivo, más mental.

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