Mario Irarrázabal: “El escultor es un personaje bien extraño en la sociedad”

A los 76 años y tras una larga trayectoria de medio siglo en el arte, que se inició en 1967 con sus estudios formales en la entonces Alemania Occidental junto al maestro germano Waldemar Otto, el escultor nacional Mario Irarrázabal cuenta que el comentario más memorable sobre su obra lo recibió en 1992, cuando estaba levantando “La mano del desierto” en Antofagasta y un trabajador que formaba parte del equipo de construcción de la imponente escultura de 11 metros de altura se acercó para decirle: “Yo no sé lo que significa esta hueá, pero me llega a la guata”.

“Eso para mí es lo más profundo que he escuchado en la vida como apreciación”, asegura Irarrázabal, quien reflexiona en este video sobre la belleza del cuerpo humano no idealizado, la manera de ver de los ciegos, la hermosura existente detrás de las cosas frágiles y la dificultad de abstraerse de las guerras y los conflictos para un artista como él con una carga política y social muy fuerte. “El escultor es un personaje bien extraño en la sociedad”, concluye el creador nacional, quien reconoce que, si tuviera otra vida, de seguro haría un arte menos gris, más colorido y parecido al de Pablo Picasso.



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