Louise Bourgeois renace con sus celdas y arañas en el Museo Picasso

Las seguidoras y seguidores de Louise Bourgeois (1911-2010) se han encargado de dar la pelea, como seguramente ella misma lo habría hecho en vida, y han acusado “higienizante” la muestra que, hasta el próximo 27 de septiembre, se presentará en el Museo Picasso de Málaga, España, y que constituye una de las retrospectivas más completas de los últimos años de trabajo de la artista francesa nacionalizada estadounidense.

“El tono confesional de una de las grandes referencias del arte posterior a la Segunda Guerra Mundial ha sido higienizado, con litros y litros de lejía y asepsia. Por primera vez Louise Bourgeois huele a limpio, es higiénica, no mancha, no toca, no ensucia, no retuerce, no dramatiza, no sufre ni hace sufrir, no angustia, por primera vez es difícil reconocer a Louise Bourgeois”, escribió Peio H. Riaño en las páginas de culturas del diario “El Confidencial”, disparando directamente contra la curadora de la exposición, Iris Müller-Westermann, quien se defendió diciendo que “no hace falta añadir más trauma a una obra traumática”.

Conocida principalmente por “Maman”, la gigantesca escultura de una araña de nueve metros de altura que presentó por primera en 1999 y las estremecedoras celdas metálicas que construyó en los años 80, Louise Bourgeois es una figura emblemática del underground que desarrolló una larga carrera de siete décadas y que en sus últimos años -con los azares de su vida y de su obra, además de un mirada lúcida e irónica- se convirtió casi sin quererlo en símbolo del feminismo y el movimiento gay.

Louise Bourgeois 6

Al menos la muestra que permanece abierta en Málaga (en la foto), incluye 101 piezas escultóricas, dibujos y tejidos -un tercio de las cuales nunca antes habían sido exhibidas- y tiene un título, “He estado en el infierno y he vuelto”, que recoge bien lo que fue la atormentada existencia de esta artista que, como buena creadora del siglo XX, vivió intensamente varios de los temas que puso sobre la mesa el sicoanálisis, como “La destrucción del padre”, nombre de una de sus obras de 1974; la presencia de la madre, representada en sus arañas, o las citadas celdas, que, además del dolor físico, aludían “a la emoción de mirar y ser mirado” que experimenta el voyeur.

“A mí me da miedo la capacidad depredadora de las personas; tengo miedo de que vengan a devorarme”, aseguró la propia artista en una entrevista de mediados de los 90 que es citada en el catálogo de esta exposición. Ya por esos años, Louise Bourgeois sufría de insomnio y, según relata su asistente, Jerry Gorovoy, podía pasar hasta cinco días sin dormir. “Hacer arte es despertar en un estado de ansia, ansia de descargar resentimiento, ira. Y hacer arte tiene un efecto curativo. Una tensión que sufres desaparece, espectacularmente”, reflexionaba ella entonces.

Ver más: Museo Picasso de Málaga, www.museopicassomalaga.org/



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