Los daguerrotipos de Girault de Prangey, viaje épico a los inicios de la fotografía

Por Pablo Asenjo

Cuesta imaginar en la actualidad, con miles de millones de dispositivos telefónicos retratando en línea hasta los más aburridos momentos de la vida cotidiana de las personas, la epopeya que significó hacer las primeras capturas fidedignas de la realidad en los inicios de la fotografía. De esa tarea de valorización se hace cargo precisamente la muestra “El viaje monumental: los daguerrotipos de Girault de Prangey”, que se presentará hasta el 12 de mayo de 2019 en el Museo Metropolitano de Nueva York y que exhibe imágenes desconocidas del dibujante y botánico francés Joseph-Philibert Girault de Prangey (1804-1892), considerado uno de los pioneros olvidados de la fotografía.

La exposición, que reúne alrededor de 120 de los más de mil daguerrotipos que el estudioso galo realizó entre 1842 y 1845 por Italia, Grecia, Egipto, Siria, Líbano, Turquía y Jerusalén, constituye un eslabón perdido de la primera historia de esta disciplina, ya que, luego de la muerte de su creador, las placas permanecieron durante más cuatro décadas olvidadas en su residencia y solo con posterioridad al año 2003 los investigadores comenzaron a estudiar y dimensionar su importancia, dada principalmente por ser los primeros registros existentes de cada uno de los lugares que el fotógrafo recorrió.

Nacido en Langres, en la fría región oriental de Francia, Girault de Prangey era un aventurero de origen aristocrático que a muy temprana edad heredó una gran fortuna tras la muerte de sus padres y hermanos. No tuvo descendencia y desde joven se adentró en las letras, derecho, pintura, diseño, botánica y arquitectura, que fue aquello que lo impulsó a viajar. Uno de sus primeros recorridos fue por la región de Andalucía, en España, motivado en particular por el conocimiento de los diseños árabes y moriscos, que luego inspirarían la construcción de su propia mansión, con exuberante vegetación, en su lugar de origen.

Imagen principal: Desierto cercano a Alejandría / 1842

En estos viajes, tal como era costumbre en esa época, el ilustrador se apoyó en sus propios bocetos para plasmar lo que observaba. No es de extrañar entonces que, apenas 18 meses después de que, el 7 de enero de 1839, se anunciara en París la invención de la fotografía, luego de algunos años de experimentación que se remontan a la primera imagen captada por Nicéphore Niépce en 1826, Girault de Prangey comenzara de inmediato a trabajar con la deslumbradora técnica.

“Hacer daguerrotipos en ese momento es algo muy distinto a lo que significa ahora sacar mil fotos. El mero trabajo, aguante físico y tenacidad de Girault de Prangey son algo fuera de este mundo. Su tarea cambió nuestra percepción de los países que visitó y le dieron un vuelco al campo de la investigación histórica”, dijo en la inauguración de la muestra Max Hollein, director del MET de Nueva York, donde los daguerrotipos se muestran en galerías oscuras para favorecer tanto el efecto espejo de las placas metalizadas como la mejor visión de los pequeños objetos.

Girault de Prangey se embarcó en abril de 1842 en el puerto de Marsella con destino a Roma, Atenas, Alejandría, El Cairo, Constantinopla, Asia Menor, Palestina, Siria, Líbano, Baalbeck y Jerusalén, donde desistió de continuar el periplo a la antigua Persia por temor a que su valiosa y pesada carga se estropeara con el rigor del viaje. Hay que considerar la logística que significaba para él y sus asistentes llevar en su equipaje la novedosa cámara y trípodes de madera, además de frascos de mercurio y otras sustancias químicas para el procesamiento de las placas metalizadas que se disponían en un chasís más grande de lo habitual (24×18 centímetros), con el que trabajó cinco formatos: placa entera de 24×18 centímetros en sentido horizontal o vertical, media placa (12×18), media placa panorámica (9×24), un cuarto de placa (12×9) y un sexto de placa (8×9), los que iba utilizando de acuerdo a la característica del objeto a fotografiar.

Como se ha indicado, su interés principal es la arquitectura o los restos de ella, aunque en este recorrido también hizo retratos individuales y de grupos de personas y fotografió paisajes y detalles de interés botánico, todo lo cual compiló a su regreso en dos lujosas publicaciones: Monumentos árabes de Egipto, Siria y Asia Menor y Monumentos y paisajes de Oriente. En el registro arquitectónico, Girault de Prangey adopta por lo general una posición frontal ante el objeto fotografiado, utiliza una línea del horizonte en el centro de sus respectivos formatos, prueba con tomas desde diversos los lados de un mismo edificio y casi siempre conjuga planos generales y panorámicas con detalles.

Tras sus dos últimas publicaciones, Girault de Prangey estima que ha completado el ciclo, se recluye en su mansión y se dedica a la botánica hasta el momento de su muerte, ocurrida en el más completo distanciamiento de la vida colectiva. Al no tener descendencia, su pequeño paraíso terrenal fue quedando en el abandono y hubo que esperar hasta 1934, es decir más de cuatro décadas, para que el conde de Simony, quien había adquirido la ruinosa propiedad, diera a conocer que en la casona se encontraron los daguerrotipos que Girault de Prangey había legado a la historia universal.

Tal como se puede ver ahora en Nueva York, las imágenes seguían vivas, los efectos químicos habían continuado su propio proceso sobre las placas de cobre cubiertas con una fina capa de yoduro de plata y esa metamorfosis propia de la materia y la luz, del cuidado y deterioro de los elementos, también había quedado impregnada en la obra, a modo de raspaduras, halos de azufre que degradan las imágenes, hongos surtidos que aprovechan la circunstancia e, incluso, las propias huellas dactilares del fotógrafo, que como marcas de identidad e interferencia, dan libre cuenta de la travesía realizada.

Galerías fotográficas: Imágenes de dominio público / Museo Metropolitano de Nueva York

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