Loreto Vergara: “Los haitianos se sienten encasillados por su piel, idioma y pobreza”

Por Josefina Márquez / edición: H. Muñoz

La vejez, la discapacidad mental y la migración son algunas de las realidades que ha profundizado en su trabajo Loreto Vergara, quien forma parte del grupo de diez fotógrafas nacionales y una francesa que presentan la exposición Mirada de Mujer en el Centro Experimental Perrera. La exhibición comenzó en la modalidad streaming debido a las restricciones asociadas a la pandemia, pero, con el avance a fase 2 en Santiago, se abrirá al público, a través de visitas guiadas, el día miércoles 14 de julio, de 18 a 20 horas.

-Loreto, ¿por qué te integraste a Mirada de Mujer y qué has encontrado en ese proyecto?

-A principios del año 2020 fui invitada por Constanza S. Gómez para ser parte, como integrante, del tercer ciclo de la colectiva Miram. En este proyecto he encontrado una gran variedad de miradas con consciencia social abordadas a través de la fotografía con un talento muy personal y único de cada integrante. Hay bastante compromiso, respeto y un arduo trabajo para llevar a cabo los objetivos planteados desde un inicio: itinerar la exposición y todo lo que eso conlleva. A pesar de todas las dificultades externas que hemos pasado por el tema de la pandemia, hemos logrado concretar y unirnos como mujeres.

“Lawfa” se denomina la selección de obras que Loreto Vergara incluye en la exhibición colectiva y, a través de las fotografías, se puede ingresar a los cantos y bailes, a la devoción, el cuidado de cada detalle que los migrantes haitianos observan en sus cultos, predominantemente cristianos, evangélicos. También es posible observar cómo llevan esa fe -el significado de lafwa en el idioma creole- hasta su espacio más íntimo y de qué manera su cultura religiosa se ha transformado en el bastión de identidad en un país ajeno. “Los haitianos se sienten encasillados por el color de piel, el idioma y la pobreza en Chile”, resume la fotógrafa luego de meses, años de investigación a través de las imágenes.

¿Cómo fue tu primer acercamiento con los migrantes haitianos?

-Lo primero fue percatarme de cómo el flujo migratorio transformaba mi barrio, la población Chorrillos en la comuna de Independencia, sector en el que he vivido toda mi vida. El negocio de mi padre, ubicado en plena calle principal, me permitió cruzar más de alguna palabra con ciertas personas que venían llegando al país. Esto me dio la confianza para después golpear puertas y realizar una entrevista para un trabajo escrito. Luego de esto, mis visitas fueron más frecuentes, de a poco me acerqué hasta que se fortaleció un vínculo de amistad con varias familias. Una vez teniendo aquella confianza, sintiéndome cómoda y viendo que ellas y ellos también lo estaban, con bastante respeto saqué la cámara.

-Un largo proceso.

-Fue un trabajo paulatino. En los cultos conocí a más personas, pero fueron encuentros más pasajeros. Para entrar a estos espacios más íntimos mi primer acceso fue el pastor, luego alguna amiga con quien asistía. En una exposición que realicé el año 2019 en la Estación Mapocho sentí realmente sin dudas que ellos habían comprendido la intención de este trabajo porque estuvieron ahí, dieron unas palabras, conversaron con los asistentes, se tomaban fotografías, contaron su experiencia. Esto fue lo más emocionante.

En tus escritos señalas que, dentro de su templo, los migrantes haitianos muestran un rostro distinto al que se puede ver de ellos en las calles de Chile.

-Sí, estos encuentros son instancias de desahogo muy importantes porque pueden compartir sus distintos procesos de adaptación, sus experiencias, generar lazos de amistad y lograr redes de apoyo y compañía. Los cultos les permiten encontrarse con sus pares sin barrera alguna. A diferencia del cotidiano, donde diariamente deben lidiar contra las miradas y actos discriminatorios de todo tipo. Hay bastante desconfianza en esas miradas porque no saben a quien se enfrentan, el idioma es la mayor limitante.

¿Qué diferencias o semejanzas advertiste en la estructura social haitiana en relación a la chilena?

-Si bien son dos culturas muy diferentes, siempre trabajé excluyendo aquellas diferencias o semejanzas que pudieran llamar mi atención. La idea no es comparar ambas culturas. Pienso que el problema en su mayoría puede verse reflejado en buscar aquellas comparaciones y no aceptar que simplemente que son culturas distintas.

-De acuerdo a tu apreciación, ¿qué tan generalizado y profundo es el sentimiento de discriminación que los haitianos sienten en Chile?

-La discriminación es un problema que nos aqueja como sociedad. Se vive en todos los países. El proyecto intenta comunicar lo que ellos sienten desde el ser migrante en este nuevo territorio. Esto se refleja en los fragmentos que rescaté de muchas entrevistas y conversaciones. He escuchado y vivenciado situaciones fuertes en torno a la discriminación que la gran mayoría ha vivido en Chile. Esta discriminación les produce una sensación de, automáticamente, autoexcluirse por miedo y vergüenza. Se sienten encasillados por el color de piel, el idioma, la pobreza, el ser haitiano. Ahí comprendí que la religión es un escape a esta cotidianidad algo caótica que viven como migrantes.

-En esta serie lograste un color bastante singular, gris, de bajo tono y lenta exposición. ¿Por qué llegaste a esa solución?

-La mayor parte del proyecto fotográfico se desarrolló en interiores, con una luz muy escasa, colores saturados pero bajos, bastante calidez y oscuridad. Trate de que esto, en vez de ser un problema, fuera un recurso estético que marcara el trabajo. Además, la granulosidad me la entrega la película. Trabajé con cámara análoga y películas de 400 Asa. Esto me permitió observar con mayor prolijidad dónde estaba inmersa y decidir sin apuros cuándo disparar.

Al igual que en “Lafwa”, en otros proyectos que es posible observar en tu página web se repiten al menos dos constantes: el traspaso de un umbral para entrar en un mundo privado, oculto o silenciado y, segundo, el interés por trabajar desde tu entorno más inmediato, tu barrio. Háblanos de estos dos aspectos y de su conjunción.

-Interesante punto de vista. Me parece importante expresarnos desde donde nos encontramos porque desde ahí ya existe una experiencia y una noción. Las temáticas que he decidido abordar en mis proyectos surgen porque en ellas me he visto envuelta e involucrada por alguna circunstancia en la vida. No por nada son temas que inquietan a la sociedad: la vejez (“El tiempo huele a olvido”), la migración (“Lafwa”), la discapacidad (“El eterno retorno”). Por eso creo que es tan necesario involucrarnos con ellos y buscar la reflexión en el espectador. Los proyectos con adultos mayores y con la comunidad migrante nacen en mi entorno, en el territorio que habito. Esto me hace sentir parte de, inmediatamente. Nunca me sentí extraña.
“El eterno retorno” surge después de ser voluntaria en un hogar con personas con discapacidad mental. Siento que el primer trabajo es acercarse, conocer y ser parte de la rutina de estas personas, una y otra vez hasta tener la confianza.

¿Qué viene ahora en tu trabajo?

-En estos momentos me encuentro desarrollando un proyecto autobiográfico que tiene relación con una historia familiar sobre una tía, hermana de mi padre. Pretendo abordarlo bajo la misma línea de mis demás trabajos, la imagen fija. Igual me parece que utilizar otros recursos, como el video, puede ser un increíble aporte. Me llama bastante la atención lo audiovisual y trato de vincularlo siempre en las muestras, virtuales o presenciales, que he realizado.

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