Liza Fernández: “El flamenco es como una terapia”
Por Héctor Muñoz / fotografías: Guillermo Bianchi
El espectáculo tuvo lugar en la nave principal Pablo de Rokha de Perrera Arte. Se denominó “Noche de Luna roja y sangre flamenca” y fue, a la distancia, un viaje de Cádiz a Sevilla, una especie de tour por los pueblos más característicos de Andalucía, “el lugar de los flamencos más puros”, según dice la bailaora y maestra Liza Fernández. Ella es el alma en Santiago de Chile de la Academia de Danza y Música Embrujo, que fundó en 1998 su hermano Pedro, quien vive ahora en España.
Mientras se maquillaban, limpiaban y acordonaban sus zapatos o ajustaban sus vestidos, las cámaras de Perrera Arte fueron captando la transformación de los intérpretes. Además de Liza, el elenco estuvo compuesto por Silvana Mella y Cristian Úbeda, en el baile; Tomás Aguilera y María Paz Riquelme, la Patagona, en el cante, y Alexis Riquero, en guitarra.
“Para mí el flamenco es algo natural, está en la sangre”
“La idea era que comenzaran a sonar las alegrías típicas de Cádiz, las que, con la suave brisa de mar que las caracteriza, dieran paso a las sevillanas románticas y de festejo con mantones y castañuelas. Luego tomamos camino firme con unas bulerías de Jerez y tientos de Málaga, para terminar así con tangos de la Repompa”, describe Liza Fernández.
-Interesante paseo.
-Sí, porque el flamenco tiene una connotación particular en cada pueblo, hay diferencias de uno a otro sitio. El flamenco tiene eso: son emociones que uno puede expresar en los distintos palos. Está la fuerza, la pasión, también la alegría. Está el fuego, que es un poquito más de los negros, incluso. El flamenco tiene de todo y, en los tangos, aparece esto como del bongó, de las percusiones. En Andalucía hay mucho más flamenco que en otras partes.
-Contabas que comenzaste a bailar a los 12 años.
-Sí, apenas mi hermano Pedro creó la academia Embrujo. Te enamoras con el tiempo, porque el flamenco tiene eso de engancharte de alguna forma con la música. Además, es un tema de sangre. Nosotros también tenemos familia negra, de gitanos. Entonces va por ahí, lo sientes como algo natural: está en las venas.
“El flamenco es fuerza, pasión; también alegría y fuego”
-¿Es posible la fusión con otras manifestaciones artísticas más locales y arraigadas?
-En general, el flamenco se adecúa a otras culturas y no al revés. No se nutre de algo distinto. Acá en Chile hemos intentado la fusión con música de otras áreas, pero es complejo porque están muy instaladas las técnicas.
-Pero igual ha crecido el interés por el flamenco.
-De todos modos. Percibo como una necesidad en el público en general. La gente necesita expresarse y en el flamenco se encuentra con la percusión, que es algo que les llama mucho la atención. Incluso como una forma de terapia. Y esta situación en época de pandemia se incrementó. Lo he conversado con colegas de otras academias y todos coinciden en lo mismo. Cuando doy cursos, cuando hago clases, a la gente le encanta taconear, es lo que más prefieren: hacer trazos, modelar y el taconeo. Es una necesidad, se lo toman como una terapia porque botas una cantidad de energía impresionante al taconear.













