Lírica Disidente: “Nuestro objetivo es superar el statu quo de la ópera en Chile”

Por PABLO ASENJO

La imagen permanece nítida y vibrante en la retina del tenor Nicolás Vásquez. Estaba es una asamblea de la Asociación de Cantantes Líricos de Chile (Aclich) en una céntrica azotea de Santiago y ese día, junto a la soprano Camila Guggiana, habían resuelto convocar al bajo Ignacio Ramírez para completar el equipo que relanzaría el proyecto Lírica Disidente, después de una primera etapa tentativa y bastante agotadora con un primer montaje de “Don Giovanni”, de Mozart. Sonaban las piedras, las sirenas de los carros de bomberos y las bombas lacrimógenas del estallido social. “Nacho, que también es cantante pero está muy interesado en la dirección de escena, dijo altiro que sí esa noche y ahí empezamos a retomar esta idea ya con una estructura más fija”, cuenta Nicolás Vásquez.

Pese a que el tenor debió trasladarse a Bremen, Alemania, para cumplir un contrato y el trío quedó atrapado en distintos lugares cuando llegó la pandemia, Lírica Disidente igual siguió tomando forma a la distancia hasta constituirse en la activa agrupación que este domingo 5 de septiembre dio vida al concierto “Aquí se encajó mi canto”, una ambiciosa propuesta gratuita y al aire libre en el Parque de los Reyes, con la que se celebraron los 26 años de existencia del Centro Experimental Perrera Arte.

“Para Lírica Disidente este fue un hito súper importante en la construcción de esta nueva identidad, un evento político que teníamos que hacer para visibilizar nuestro trabajo y celebrar esta alianza con Perrera Arte, que es un regalo que difícilmente imaginamos en algún momento. Porque disponer de un espacio físico donde poder llevar a cabo los proyectos era una cuestión impensable hasta aquí. Los cantantes líricos no tenemos espacios en Chile”, sentencia Nicolás Vásquez.

Formado inicialmente en flauta traversa en el Conservatorio de la Universidad de Chile, el tenor privilegió luego sus estudios de canto con diversos profesores particulares, como la mismísima Cristina Gallardo-Domâs, durante cuyas lecciones conoció a Camila Giuggiana, quien proviene de una familia de músicos y desde pequeña estudió ballet y violín hasta que, a los 14 años, empezó a cantar en coros. “Ahí me terminé de enamorar de la ópera porque desde muy chica vi diversas obras en VHS y me parecía muy increíble, impresionante, lo que la gente podía hacer con su cuerpo, con su voz”, dice ella.

“Yo también he pasado tanto por la enseñanza formal en las universidades como por la formación particular, que es donde me he quedado finalmente porque en las instituciones hay un montón de falencias, como desde qué lugar se enseña el canto y cuáles son los objetivos planteados”, afirma Camila Giuggiana. “Es complejo enseñar algo que al final es un oficio teniendo un plan con una malla de objetivos que tienes que cumplir en plazos determinados cuando la formación de un cantante es para toda la vida. La voz no responde con objetivos planteados al inicio de un semestre en el que tienes que cantar determinada cantidad de obras”, redondea.

en vivo

Gala abierta

Qué: Concierto lírico “Aquí se encajó mi canto”, gala abierta de celebración de los 26 años del Centro Experimental Perrera Arte

Cuándo: Domingo 5 de septiembre, a las 18.30 horas

Dónde: Terraza de Perrera Arte, Parque de los Reyes, entre Bulnes y Cueto

Solistas: Sonia Vásquez, soprano; Camila Guggiana, soprano; Javiera Lara, mezzosoprano; Cecilia Aguayo, mezzosoprano; Francisca Muñoz, contralto; Boris Bustos, contratenor; Nicolás Vásquez, tenor; Cristián Fernández, tenor; Nicolás Suazo, barítono, y Pedro Alarcón, bajo.

Pianistas: Verónica Torres y Claudio Oliva.

Coro Itinerante: Franco Barzelatto (director), Constanza Tello (pianista y subdirectora); Bárbara Ramírez, Claudia González, Sonia Solar, Camila Guggiana y Camila Ávila (sopranos); Francisca Muñoz, Boris Busto, Cecilia Aguayo y Jaina Elgueta (altos); Pedro Ibarra, Cristian Fernández, Rodrigo Bañares y César Camacho (tenores); Ignacio Ramírez y Cristóbal Ortega (bajos).

Durante la revuelta iniciada en octubre de 2019, tanto Nicolás Vásquez como Camila Giuggiana estuvieron muy activos llevando el arte lírico a espacios no tradicionales, donde nunca se había presentado una ópera, como una casa okupa cerca del Metro Ñuble, Villa Francia y otras poblaciones. “Hubo experiencias muy bonitas. Por ejemplo, bajo la organización de Moisés Mendoza y Sebastián Camaño, se armó una orquesta que se llamaba Orquesta Revolucionaria Itinerante, con el Coro Revolucionario Itinerante, que hicieron conciertos que incluyeron el cuarto movimiento de la “Novena sinfonía” de Beethoven, con solistas y coros de primer nivel. El recibimiento que teníamos de parte de la gente era impresionante, terminábamos con los pelos parados y por fin, por primera vez también, sentimos que lo que estábamos haciendo tenía sentido. Ahí dijimos con la Cami: ‘Este es el momento. Cueste lo que cueste hay que volver a empezar’. Entonces decidimos invitar a Nacho Ramírez”, cuenta el cantante.

En la actualidad, Lírica Disidente se define como un paraguas que cobija al menos tres departamentos, como los definen. El Coro Itinerante, que debutará formalmente en el concierto del Parque de los Reyes; la Compañía Lírica Disidente, que es un cuerpo de profesionales que hace producciones de ópera y que ya está en el proceso de montaje de “El hijo pródigo”, de Claude Debussy, que tendrá su estreno en octubre, también en Perrera Arte, y un departamento de Acción Política, que se encarga de mostrar, discutir y tratar de superar la situación de los artistas en el país, el cual ya genera un podcast regular y acaba de adjudicarse un importante Fondart para realizar el Primer Encuentro Nacional de Ópera Independiente (Enoi).

“El Coro Itinerante es como nuestro brazo armado, gente aperrada de acción directa, porque es la forma más rápida de llevar la música coral a los territorios y comunidades, mientras que la Compañía Lírica Disidente pretende montar proyectos más complejos e incluso tendrá su propia orquesta, convocada por el Colectivo Azul, que ya empezó a ensayar en la Perrera”, cuenta Nicolás Vásquez. “El Enoi, por su parte, tiene tres aristas: la primera es la formación de públicos; la segunda es un encuentro de artistas de artes escénicas y ópera, donde habrá talleres de formación para apoyar la autogestión de las organizaciones, y el plato fuerte es una escuela de ópera, una especie de opera studio de dos semanas, como las que se hacen en Europa, donde se realizará un trabajo intensivo de profesionalización para cantantes en distintas áreas -recitativo, técnica vocal, actuación, fonoaudiología, canto- que tendrá como resultado un montaje escénico a partir de Mozart y Verdi”, detalla.

Ese proyecto cuenta con el apoyo del Teatro Municipal de Viña del Mar y el Teatro Regional del Maule, que son espacios de más de mil butacas, donde se pondrá a prueba lo aprendido. “Es en los grandes teatros donde uno ve qué tanto está sirviendo tu formación, porque de repente la técnica vocal funciona en una sala chica pero en un teatro grande simplemente no suena”, dice el tenor. “La parte política de esto es demostrarles a los grandes teatros de Chile que el elenco del Enoi puede cantar perfectamente en cualquiera de los montajes de ópera que se hacen en el país. Porque de repente vienen cantantes de afuera que son pésimos, a los cuales se les paga cuatro veces lo que percibe un chileno”, agrega.

-¿Por qué decidieron llamarse disidentes?

-Porque nuestro primer objetivo es superar el statu quo que tiene la lírica en Chile. Romper las lógicas de cómo y para quién se hace la ópera. Nuestra conclusión es que la ópera está guardada para quienes las elites elijan y que ni siquiera somos nosotros mismos, los profesionales de esta área. Nuestro trabajo artístico va ligado con nuestro trabajo político y es hora que los artistas líricos volvamos a ser parte del tejido social llevando el arte a los territorios, a las comunidades, para que la gente pueda interactuar y vivir la experiencia artística.

“Al final se trata de poner a la ópera en contexto, en el contexto actual”, acota Camila Guggiana. “Ya sabemos cómo funciona y a quiénes beneficia la sociedad neoliberal que se instaló en Chile. Ahora nuestra tarea es ver de qué manera podemos hacer que se conecte una forma de arte que es tan antigua con la actualidad. De qué modo podemos volver a hacer contingentes los lenguajes, las problemáticas que se tratan en las óperas y poder dialogar directamente con las personas. No desde la lejanía ni desde el olimpo de los semidioses. Somos simplemente trabajadoras de las artes y decir esto es muy disidente en un medio como el de los cantantes líricos, donde hay mucho divismo”, agrega la soprano.

“Eso ocurre, a mi juicio, porque al estar tan elitizada la ópera, algunos cantantes también se elitizan de tanto cantarle a la elite”, apunta Nicolás Vásquez. “Al no existir un medio independiente, los cantantes no tienen otra opción que actuar en los espacios hegemónicos y terminan siendo parte de esa lógica hegemónica, como la que impera en el Teatro Municipal, donde además un porcentaje muy bajo de los cantantes son chilenos”.

-Al menos en la historia de las artes visuales, los movimientos independientes siempre han cuestionado el lenguaje propio de su disciplina. ¿Qué hay de eso en Lírica Disidente?

-Yo creo que nuestra crítica va más por los contenidos, porque la tradición hegemónica operística siempre ha planteado la disciplina como una cuestión de museo, tratando de higienizar obras que muchas veces tuvieron un origen muy potente y cuestionador. Pero, curiosamente, esa mirada superficial de la ópera sigue reproduciendo cuestiones que hoy son inaceptables. Por ejemplo, “Don Giovanni” es súper cruda en cuanto a la violencia de género y cualquier montaje responsable de esa obra hoy  tiene que hacerse cargo de ese tipo de cosas, reflexionando sobre lo que se presenta en escena.

-¿Hasta dónde se puede intervenir una obra?

-Es una pregunta que siempre nos hacemos. Nuestra opinión es que la forma más directa de hacer eso es situar y darle simbología a nuestros montajes para que puedan ser palpables hoy en día, porque habitualmente, cuando las intérpretes salen con sus grandes vestidos, uno no puede dejar de ver una pieza de museo. Queremos plagar los montajes con nuestro contexto, pero al punto que no modifiquemos la ópera en sí. Porque el texto se creó en base a una concepción más grande. Y a partir del texto surgió la música, y de esta música se hizo la orquestación. Es toda una cadena. No podríamos modificar el texto, por ejemplo, porque ya estaríamos como yendo en contra de esa obra, creada, querámoslo o no, de esa manera.

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