L’Arts: Raros, incómodos, insatisfechos, cansados de tanto Mercado/Estado

Javiera Anabalón

Licenciada en letras y estética, magister en estudios latinoamericanos.

Javiera Anabalón

Licenciada en letras y estética, magister en estudios latinoamericanos.

Con pilares invisibles, oscura, húmeda, insurrecta y femenina, la Perrera sigue ofreciéndose fértil para la expresión y el cobijo de lo que es necesario dejar ir para sobrevivir. En una ya avanzada edad como organismo estructural ribereño del río Mapocho, la labor de la Perrera ha sido contener y esconder aquello que no se quiere ver, aquello que resulta incómodo a la vista, como lo fue a principios del siglo XX la basura de la ciudad de Santiago, luego sus perros callejeros durante los años 50 y 60 y hoy, desde hace ya 21 años, a los artistas no solo de la capital.

Emblemáticas celebraciones, como las de los pasados 22 y 23 de abril, dan cuenta de la persistencia y resistencia de un acto de fundación desde una ruina iniciado por Antonio Becerro hace 21 años, a partir del cual surge una comunidad artística constituida a lo largo de los años por seres insatisfechos, incómodos, incorrectos, raros, feos, destetados, cansados de las élites, cansados del Mercado/Estado, quienes desarrollan un nuevo escenario y capital expresivo que se caracteriza -y logra existir finalmente- por una línea editorial y curatorial absolutamente inédita y autónoma, desvinculada de las estructuras, sobre todo morales, que intentan controlar el pensamiento y el arte ciudadano chileno.

La Perrera, como señaló hace poco el propio Antonio Becerro en la radio Universidad de Santiago, “es otro espacio lector de arte, en donde se producen cruces inéditos entre la calle, la academia y la construcción autodidacta”. Lejano al aislamiento e incomunicación que caracteriza a los centros culturales santiaguinos, el aniversario número 21 celebró también el permanente ejercicio de mestizaje existente entre el Centro Experimental Perrera Arte y la comunidad artística chilota desde hace ya bastantes años.

El festejo aludía no solo a la mayoría de edad de la factoría del Parque de los Reyes, sino también a la segunda parte de una muestra, L’Arts 2016, que partió en enero con el viaje de “Floripondia”, la gigantesca escultura inflable de Becerro al Museo de Arte Moderno (MAM) de Chiloé, y que se completó ahora en Santiago con la perspectiva chilota del arquitecto y artista visual Edward Rojas, del pintor y escultor Guillermo Grez, del fotógrafo Rodrigo Casanova y de la chef Lorna Muñoz, quien con su obra culinaria no solo transmitió los tiempos, temperaturas e historias de la isla grande, sino que además hizo un acto de legitimación con respecto al oficio culinario, que al igual que el cine, la escultura o la danza, es un lenguaje expresivo y político, cuyo laboratorio debe ser acogido no solo por las cocinas y comedores del mundo sino que además por los espacios destinados a la producción y exhibición de arte.

Desde un posicionamiento político excéntrico, desde un acto de negación y salida de los lineamientos políticos actualmente operantes, lo que algunos podrían identificar con el concepto de “infrapolítica” (1), el arte de la Perrera se configura no como un capricho ni mucho menos burgués, sino como una estrategia subversiva de sobrevivencia, poseedora de un discurso político-económico claro, que resiste a una ciudad -a un sistema- que empobrece tanto a ricos como a pobres, que rechaza la diversidad, que niega y teme a la animalidad desde la que suele surgir el arte.

NOTAS

(1) Concepto en medio del debate, desarrollado por James C. Scott en “Domination and Arts of Resistance: Hidden Transcripts”, 1990, también trabajado por Jorge Yagüez, Sergio Villalobos-Ruminott, Gonzalo Díaz Letelier, entre otros.

Fotografías: Katherine Vergara, Aluro 35, Misahel Acevedo



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