La Perrera mostró por primera vez su dura historia en el Día del Patrimonio Cultural

El recorrido por las instalaciones del histórico edificio industrial del Centro Experimental Perrera Arte fue una de las principales novedades del Día del Patrimonio Cultural, que este domingo 28 de mayo se realizó en todo el país bajo la organización del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Dibam.

Ubicado en lo que es hoy el Parque de los Reyes, en la ribera sur del río Mapocho, a la altura del puente Bulnes, este recinto tiene una historia bastante única en Santiago, donde fue inaugurado el 23 de abril de 1927 como el primer horno electrico crematorio de basura de la capital. Inspirada en sus similares de Buenos Aires y Montevideo, esta construcción de hormigón armado fue emplazada en un sector entonces periférico de la ciudad, donde por años se habían acopiado y quemado de manera irregular los desperdicios.

De acuerdo a una investigación inédita, aún en proceso, realizada por Rocío Arancibia Cerda, estudiante del Magíster de Arquitectura de la Universidad Católica, la obra tuvo un costo de un millón de pesos de la época, fue impulsada por el alcalde de Santiago Rogelio Ugarte y encargada a los ingenieros contratistas Court y Eyquem, quienes construyeron una usina de dos baterías, cada una de las cuales se componía de tres hogares, donde era posible incinerar hasta 200 toneladas diarias de basura.

Los desechos eran descargados en estos hornos desde la parte alta del edificio de tres niveles, a la cual accedían carros de tracción animal y un pequeño camión por medio de una rampa de entrada que subía desde la calle Centenario, hoy Avenida Balmaceda, y bajaba hacía el lado del río. Dotado con dos chimeneas de 30 metros de altura, una cámara de combustión y con una estructura de hormigón diseñada para resistir peso y altas temperaturas, este horno era encendido a través de un sistema de energía eléctrica revolucionario para su momento.

Tras quedar en desuso por el rápido crecimiento de la ciudad, ya en los años 30 se registran los primeros datos de utilización de los hornos para controlar la población canina de la ciudad. Los perros eran capturados en las calles por vehículos especialmente adaptados como jaulas -denominados perreras- y personal diestro en el manejo del lazo, y luego eran llevados hasta este recinto, donde se daba un período de gracia de dos o tres días para el reclamo de las mascotas por sus dueños, luego de cuyo plazo se procedía a sacrificar al animal con cianuro y a cremar sus restos en los hornos.

“La ex Perrera era como un símbolo del horror para los pobladores de Santiago que se agolpaban en las puertas de este recinto para reclamar sus mascotas y los vehículos que procedían a la captura de los animales en diversos sectores periféricos eran también causa frecuente de disputa con los vecinos, que defendían incluso por la fuerza a los perros de la cuadra o el barrio. Los habitantes más antiguos de los sectores cercanos a la usina todavía recuerdan el olor característico que llegaba a sus casas cada vez que, a determinada hora, se encendía el horno”, dice Héctor Muñoz Rojas, encargado de contenidos del Centro Experimental Perrera Arte.

El recinto tuvo un uso discontinuado y su último destino como Perrera de Santiago se registra a principios de los años 70. Posteriormente, el edificio fue quedando en el abandono y solo en los años 90, cuando se inicia la construcción del Parque de los Reyes y tras un par de intentos de demolición, los urbanistas españoles que asesoraban el proyecto recomendaron conservar la estructura debido al valor arquitectónico industrial que exhibía. El fallecido maestro y escultor Félix Maruenda fue el primero que se instaló en esta ruina para hacer funcionar los talleres de cerrajería y forja de la Escuela Taller, impulsada por el arquitecto Orlando Vigoroux, y luego, el 6 de julio de 1995, el ex alcalde Jaime Ravinet decidió entregar oficialmente el lugar a los artistas para que instalaran un “almacen de arte” y procedieran a la recuperación del edificio, que se encontraba en un avanzado estado de deterioro en un sector entonces crítico e inseguro de la comuna.

Nace así el Centro Experimental Perrera Arte, una factoría independiente sin fines de lucro, que en 1997 se integra legalmente como organización funcional a la Dirección de Desarrollo Comunitario de la Municipalidad de Santiago, y que durante 22 años ha desarrollado un trabajo orientado a conservar y restaurar el edificio sin alterar su preexistencia; mejorar el entorno de vida del Parque de los Reyes, e impulsar, producir y difundir obras, principalmente de aquellos creadores que no forman parte de los circuitos más oficiales y comerciales del arte.

“El Día del Patrimonio Cultural es un fenómeno de masas porque el público desea saber y compartir la belleza, la historia, la memoria y la identidad de Chile. Por ello recibiremos al público con toda nuestra historia, que a estas alturas ya son tres historias: el horno crematorio de basura de fines de los años 20, la Perrera de diversas décadas y actualmente el mítico Centro Experimental Perrera Arte”, dice Antonio Becerro, fundador y director del espacio cultural.

Fotografías: Archivo Perrera Arte y Jorge Aceituno



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