“La cultura sigue viva en Venezuela”

Por Pablo Asenjo / edición: T. Muñoz / realización audiovisual: Lennin Arvelo

¿Cómo llega un artista venezolano que vive hace seis años al fin del mundo, en Punta Arenas, a Perrera Arte? Muy simple y lo responde el propio Lennin Arvelo, quien presenta junto a esta entrevista su trabajo “Bocas de plástico”, el primer breve audiovisual de su residencia creativa en la factoría del Parque de los Reyes.

“Me enteré del espacio gracias a mi amigo Diego Martínez, a quien conocí en la escena artística de Punta Arenas”, dice Lennin Arvelo. “Él realizó una residencia el año pasado en la Perrera y, a partir de su experiencia, comencé a seguir el trabajo del centro. Me sentí identificado con su filosofía, su enfoque crítico y experimental, así como con la estética del lugar, que dialoga con muchas de mis inquietudes creativas”, agrega.

-¿A qué te dedicabas en Venezuela y por qué decidiste instalarte en Punta Arenas?

-En Venezuela, además de desarrollar mi creación artística personal en fotografía y pintura, me dedicaba a la producción creativa en el área audiovisual y a la dirección técnica de programas y documentales para la televisión educativa. Mi llegada a Punta Arenas fue completamente fortuita. Debido a la grave crisis política y económica que atraviesa mi país, decidí junto a mi pareja de aquel entonces buscar nuevas alternativas. Fue a través de ella que surgió la Patagonia como opción, ya que contaba con familiares en esa zona.

-¿Mantienes relación con la escena del arte en Venezuela? ¿Estás al tanto y/o te interesa lo que ocurre allá?

Sí, Venezuela siempre está presente en mi vida. A pesar de todo, aún quedan muchas personas creativas, talentosas y emprendedoras en el país, especialmente entre las nuevas generaciones. Es cierto que muchos artistas nos encontramos fuera -tengo amigos con quienes solía desarrollar proyectos en Caracas que ahora están repartidos por distintas partes del mundo-, pero la cultura sigue viva y en constante desarrollo dentro del país. Toda mi obra creativa nace de una relación profunda y de una identidad muy arraigada con Venezuela.

-¿Cuáles son los ejes irremplazables en tu trabajo artístico?

-Podría decir que son la identidad en transformación, la expansión de nuestra realidad, el registro de nuestros procesos como sociedad y la reflexión sobre las políticas que nos afectan como seres humanos, todo ello a través de experiencias sensoriales y colectivas.

-¿Qué son realmente las bocas de plástico?

-Son una metáfora de nuestra sociedad contemporánea. Vivimos inmersos en plástico: lo tocamos, lo consumimos, lo habitamos sin siquiera notarlo. Se ha comprobado que en nuestros cuerpos ya existen micropartículas de plástico, resultado de la degradación de objetos cotidianos como envases, botellas, ropa sintética y productos de cuidado personal. Estas partículas también se liberan a través de la contaminación del agua y la tierra, e ingresan al organismo por distintas vías: la inhalación, la ingestión de alimentos y bebidas e, incluso, la absorción a través de la piel. Si a esto sumamos el consumo diario de productos ultra procesados, podemos pensar que nuestros cuerpos -y nuestras mentes- están en un proceso de mutación hacia una forma de humanidad distinta, más artificial. Esta transformación no solo es física, sino también sicológica. Por eso, uno de los referentes conceptuales que utilizo en mi obra es Kafka, especialmente por su capacidad para hablar de lo monstruoso, de la alienación y de esas metamorfosis que ocurren en silencio, hasta que un día ya no podemos reconocernos.

-¿Qué te parece la afirmación “todo desparecerá según la tecnología y la juventud del momento”?

-Creo que podría leerse como una advertencia, como una constatación del ritmo vertiginoso en que vivimos. En una era donde lo nuevo reemplaza lo anterior con una velocidad inquietante, donde la juventud es exaltada como valor máximo y la tecnología como oráculo de verdad, todo lo que no se adapta parece condenado al olvido o la obsolescencia.