Los retratos de Julio Chávez: “La imagen que propongo se consume a sí misma”

Por Héctor Muñoz

La serie de nueve retratos de gran formato que Julio Chávez inauguró en el Centro Cultural Espacio Matta golpea la vista del espectador. Fue realizada no con óleos o costosos acrílicos, sino con simples lápices marcadores, de esos que venden por toneladas en el barrio Meiggs. Los personajes retratados pertenecen al círculo más cercano del artista visual, fueron fotografiados con objetos reconocibles e identificadores de cada uno y las imágenes se expusieron además para su intervención al tráfico de las redes sociales. La muestra se llama “(de) Coloración” porque la idea de Julio Chávez es que, una vez que concluya la exposición y producto de la tintura empleada, las imágenes comiencen a perder su tono y, tarde o temprano, terminen por desaparecer.

-¿Cuándo y cómo llegas a los lápices marcadores?

-Comencé a trabajar con lápices marcadores el año 2013 y llegué a ellos por casualidad. Por supuesto que los conocía, pero llamaron mi atención como posibilidad técnica en la casa del director de teatro Eduardo Vega. Su madre compraba la lista de útiles escolares para sus hijas a principios de año en varias cantidades para que duraran todo el período escolar. Ahí fue cuando empecé inmediatamente a hacer pruebas de color en mi agenda y comenzaron a surgir varias preguntas, como la saturación del color que posibilita el material y la pregnancia de éste en una hoja cualquiera. Interrogantes que se evidencian en algunos dibujos de infancia, en los que podemos observar como pierden su color con el paso del tiempo.

-¿Qué es lo más entretenido y lo más complejo de trabajar con estos marcadores?

-Lo más divertido de pintar con lápices es abarcar una superficie en donde operan varias estrategias, como por ejemplo pintar en un espacio insistentemente, traducir la imagen fotográfica y sintetizarla a una paleta de 12 colores o unir dos colores para crear otro. Creo que lo más complejo dentro de estas operaciones es no repasar tanto el lápiz sobre un mismo lugar puesto que la hoja se puede gastar o romper por la humedad, cosa que a más de alguno le ha pasado.

-Tú has trabajado en la realización del arte en diversos medios, como cine y teatro. ¿Hay algún hilo técnico, estético o conceptual común en todos tus trabajos?

-Siempre hay una mirada en cada realización, pero me pasa que en teatro o cine siempre hay que estar al servicio de, es decir, responder a lo que se propone desde la dramaturgia, el lenguaje del director, el diseño sonoro o, incluso, las maneras de trabajar de los actores. Desde este lugar mi forma de abarcar los lenguajes escénicos casi siempre pasan por el diálogo con lo demás de manera multidisciplinaria, por lo que cada proyecto es un desafío nuevo que se resuelve en el proceso de creación.

-Algunas de tus obras han sido puestas en circulación para su transformación en las redes sociales. ¿Qué te parecieron los resultados y la interacción que hubo?

-Mi última serie de pinturas las intervengo inicialmente en Instagram y luego las desplazo a la pintura. La redes sociales y la circulación de obras en este soporte nos hace preguntarnos sobre el concepto de archivo e historia. En la actualidad resulta ser un cambio paradigmático por cómo se utilizan los soportes, en los que cada uno de nosotros es protagonista de los registros que libera. Los resultados son increíbles ya que existen muchas posibilidades de manipulación de la imagen y su interacción instantánea.

-¿Crees que esta práctica se instalará definitivamente en la convivencia humana?

-Desde mi punto de vista creo que sí son herramientas que se instalan para repensar la convivencia humana ya que los soportes están bajo premisas de mutación, por lo que su avance es insospechado, haciendo que las relaciones de lo humano se hibridicen cada día más.

-¿Qué es a tu juicio lo más distintivo de lo contemporáneo?

-Creo que el arte contemporáneo nos entrega más preguntas que respuestas, en algunos casos sobre el tema seleccionado o los soportes utilizados en un contexto específico. Para mí existe una relación estrecha entre la manera de realizar los procesos artísticos y las ideas que se trabajan. Si se piensa en un arte que se pregunte a sí mismo y sobre sus soportes, lo hace contingente. Quizás existen otras maneras de trabajar, pero en mi caso estar en un presente implica cuestionar la propia práctica artística.

-¿Qué es lo que te llama la atención del proceso de decoloración de una imagen?

-Me interesa que mis actuales procesos pictóricos pierdan la pregnancia del color con el paso del tiempo, la imagen que propongo se consume a sí misma y en relación a su motivo. Me llama la atención la fragilidad de la propia vida manifestada, que en el gesto de pintar devela resistencias ante los mecanismos de producción de una sociedad de consumo, que en el hecho pictórico y en su proceso no guardan ninguna utilidad más que su propia insistencia.

-¿Has hecho algún seguimiento en particular de ese desvanecimiento de la imagen?

-Me he dado cuenta que hay colores que varían bastante y que dependen de los pigmentos del lápiz. Estos mutan dejando huellas o registros insólitos. Por ejemplo, me interesan los dibujos realizados por mis sobrinos que tengo en mi pieza y que se han ido decolorando. Por otro lado, en mis trabajos el seguimiento ocurre siempre, se volatilizan con el tiempo al igual que cualquier dibujo expuesto a la luz y realizado con lápices marcadores. Cada vez que los saco pierden su pregnancia. Hay uno que realicé hace tiempo y tengo colgado en mi pieza; a éste solo le llega luz natural directa durante muy poco tiempo en el día y solo a un costado de la pintura, ahí el color perdió fuerza y está desapareciendo de a poco.

Coordenadas

Qué: “(de) Coloración”, retratos de Julio Chávez.

Dónde: Centro Cultural Espacio Matta, Santa Rosa 9014, Metro Santa Rosa, La Granja.

Horario de visitas: 10 a 14 y 15 a 22 horas.

Entrada liberada.



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