Isidora Kauak en el cierre de ‘Lusbérrido’: “Para mí el arte es un retorno a la fe”

Por Héctor Muñoz

“Mis obras establecen una conexión con el cambio”, dice segura la artista visual Isidora Kauak, integrante del colectivo Crudo, que también conforman Camila Baeza, Samuel Domínguez, Paula Izquierdo, Paz Sandoval y Edita Vásquez, quienes presentaron su muestra de estreno, “Lusbérrido”, en la nave principal del Centro Experimental Perrera Arte.

Tal como lo cuenta en su memoria de grado, que lleva por título “Contacto oculto”, el temprano fallecimiento de su madre, cuando ella era solo una niña, marcó la existencia y el sentido de la obra de Isidora Kauak, quien mostró en “Lusbérrido” dos trabajos: “Sin ojos”, un tordo taxidermizado atrapado en las espinas de una rama de algarrobo, y “Si nunca te vuelvo a ver”, una instalación hecha especialmente para la ocasión compuesta de tres negatoscopios en los que se reúnen radiografías de su propia dentadura y de esqueletos de perros muertos.

“A los ocho años me regalaron un libro de hechicería para niños. En el libro había un capítulo de herbología en donde se decía que las hojas de la planta taraxacum officinale (diente de león) tenían poderes mágicos y curativos. Cuando mi mamá estaba en la etapa final del cáncer, yo iba dos o tres veces por semana al jardín y recolectaba hojas de diente de león para hervirlas y prepararle una infusión. Cuando ella murió dejé de creer en la magia y pensé durante mucho tiempo que había sido ridículo e inútil haber creído con tanta firmeza que un té de hojas iba a mejorar su estado de salud. Hasta el día de hoy me enternece recordar la forma en que ella se tomaba el té. Nunca rechazó una taza por más mal que se sintiera. La mayoría de las veces lo endulzaba con una cucharada de miel y cuando terminaba la taza siempre me decía que se sentía mejor. Supongo que ella no quería que dejara de creer en la magia”, relata Isidora Kauak.

La joven artista reconoce que “durante muchos años me costó volver a creer. Pero, ¿cómo se crea sin creer? Para mí el arte es un retorno a la fe. Mediante la creación de mi obra puedo volver a creer que las cosas tienen lenguaje propio, un carácter mágico, un sentido, algo oculto que solamente yo o pocos saben”, reflexiona. “¿Ese té/pócima realmente curó en cierta medida a mi madre? ¿Es posible que la magia exista proporcionalmente a la fe que nosotros mismos pongamos en ella?”, se pregunta.

-En “Si nunca te vuelvo a ver” se alude a las animitas. ¿Cómo planteaste esa obra?

-Sí, las animitas son pequeñas estructuras con forma de casas creadas para conmemorar el lugar donde murió una persona de manera abrupta. Al ser una muerte repentina, se cree que el alma del muerto queda en pena, es por esta razón que los familiares del fallecido construyen una pequeña casa para otorgar un espacio que brinde tranquilidad y cumpla la función de anidar el alma al igual que un hogar. Es a partir de aquí que surge una gran interrogante en mí: ¿Cómo podría preservar parte de la esencia de un ser querido e, incluso, parte de mi misma alma creando un objeto que rompa los códigos establecidos por la cultura latinoamericana sobre las animitas? La obra se compone de tres negatoscopios, instrumento médico utilizado para estudiar radiografías gracias a la luminiscencia. Las imágenes laterales que componen la obra son radiografías de perros muertos que acompañan a la imagen central, donde dispuse radiografías de dientes míos. Los dientes suelen ser una pieza fundamental para identificar cadáveres. Es por esta razón que la disposición de las imágenes laterales de perros cumplen la función de “proteger” de manera simbólica la imagen central, generando una similitud con panteones antiguos resguardados por leones.

-¿Y cuál fue la pregunta inicial en “Sin ojos”?

-La segunda obra surge desde la reflexión y el análisis del refrán popular “cría cuervos y te sacarán los ojos”. ¿Cómo representar la imposibilidad de percibir más allá de lo que cotidianamente se ve? ¿O es acaso que nosotros por opción propia generamos estrechos vínculos con la ceguera ante el cuestionamiento de lo que nos rodea? Para la creación de esta obra se utilizaron elementos  relacionados al territorio nacional, como un tordo chileno, kureo en mapudungún, un ave de plumaje negro que se encuentra desde Atacama hasta el Estrecho de Magallanes. Su cuerpo sin vida fue encontrado en un cerro y se le dio un tratamiento taxidérmico (por parte de un especialista), sacando sus globos oculares como acto simbólico. El otro elemento utilizado en esta composición es una rama de algarrobo, especie arbórea nativa de este territorio, cuyas espinas “atrapan” el tordo ciego, adquiriendo la significación de suplicio.

-¿Qué esperas de la lectura de tus obras por parte del espectador?

-Dentro de mi trabajo cada obra es comprendida como una pieza simbólica, convirtiéndose en un canal entre el significado íntimo de cada espectador y un mundo fascinante en el cual la metafísica y lo oculto son componentes esenciales que generan una reflexión en torno al lenguaje como nuestra mayor fuente de magia. Mis obras establecen una conexión con el cambio. La constante metamorfosis, el sincretismo cultural-religioso y el rito son conceptos que generan significaciones y resignificaciones de manera constante, ya que espiritualmente la relación entre objetos y seres humanos está sometida a cambios frecuentemente.

Fotografías: Pía Bahamondes / archivo Isidora Kauak

Datos de referencia

Qué: “Lusbérrido”, exposición de estreno del colectivo Crudo, integrado por jóvenes egresados de la Universidad Finis Terrae.

Expusieron: Camila Baeza, Samuel Domínguez, Paula Izquierdo, Isidora Kauak, Paz Sandoval y Edita Vásquez.

Cuándo: la muestra se realizó entre el 31 de agosto y el 12 de septiembre de 2018 en el Centro Experimental Perrera Arte.



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