Federico Brega: “El archivo de la Perrera es clave en la historia del arte crítico”

Por Tito Muñoz / fotografías: Óscar Oróstica

En los duros años en que el Centro Experimental Perrera Arte estaba expuesto a las inclemencias del tiempo y la marginalidad, cuando se llovía por todos lados, muchos murieron en el intento de salvar la memoria. Si ya era difícil producir y difundir cualquier manifestación independiente, mucho más complejo resultaba preservar, salvar lo que se había hecho, encontrar un modo y un lugar para proteger la evidencia del pasado. A tientas, con instinto canino, moviendo cosas de aquí para allá, enterrando y desenterrando huesos, igual se hizo y sobre esos vestigios trabajan hoy Antonella Guevara, Federico Brega y Héctor León. Con financiamiento de la línea de investigación del Fondart, estos profesionales se han propuesto la no menos titánica labor de rescatar, conservar y organizar el archivo de la factoría artística del Parque de los Reyes, el cual, al final de este proyecto, estará disponible en esta misma página web para consulta de investigadores, estudiantes, vecinos, curiosos y público en general.

-¿Por qué decidieron emprender este proyecto?

Federico Brega: Yo descubrí la existencia de Perrera Arte cuando estudiaba bellas artes en la universidad Arcis a mediados de los 2000. Era el lugar en que tenían su bautismo de fuego los compañeros más avezados de la carrera, los que tenían ganas de mostrar su obra, de trascender el entorno académico para probar sus fuerzas en el mundo, afuera de las seguridades que ofrecía la escuela. Luego, con Antonella trabajamos juntos en un proyecto de rescate patrimonial de los archivos de la Escuela de Artes de Arcis, y eso creo yo que nos permitió conocer más de cerca la importancia de la experimentación artística de los años 80, 90, 2000. Cuando Héctor empezó a acercarse a Perrera Arte y nos contó del material que allí existía, inmediatamente vimos el vínculo y eso despertó enormemente nuestra curiosidad por el archivo, en el que se mezclan esos elementos experimentales del arte joven con el registro de proyectos muy originales y ambiciosos que se realizaron en Perrera Arte, además del registro audiovisual de conversaciones con poetas, artistas y pensadores que nos parecen clave en la historia de este arte independiente, experimental, crítico.

Antonella Guevara: Creo que es importante mencionar que este equipo de trabajo ha estado desde hace años relacionado interdisciplinariamente en diferentes proyectos de similares características, por lo que, cada año, era habitual que pensáramos en formular nuevos proyectos o bien que, simplemente, fuéramos convocados por otras personas para laburar en relación a archivos y colecciones patrimoniales de diferentes espacios e instituciones culturales. Como trabajadores culturales, al estar al tanto de esta situación, decidimos emprender la formulación de este proyecto. Conscientes de la urgencia de rescate y preservación de este acervo de 26 años, planteamos las nociones y labores básicas para generar el levantamiento de lo que será posteriormente el Archivo del Centro Experimental Perrera Arte, Acepa.

-En una primera aproximación, ¿qué les llama la atención del archivo de Perrera Arte?

Antonella: Lo que más llamó mi atención de este archivo -y que es su fuerte- es su cualidad de cómo se relacionan vestigios materiales con prácticas artísticas inmateriales: las performances, presentaciones de teatro, encuentros y charlas, conciertos y hasta las mismas reuniones entre artistas. Es decir, el archivo se compone de elementos que hablan de actividades y acciones creativas y artísticas extraoficiales de las cuales se desprende una historia particular asociada a este espacio experimental, sin dejar de lado el acervo material tradicional, tales como pinturas, grabados, fotografía, impresos, entrevistas, etcétera. Son estos elementos, que manifiestan diversas prácticas artísticas, los que suponen un archivo fuera de lo común y que involucra una forma particular de administración, pues el archivo no es uniforme en sus soportes ni en sus tipos documentales. Lo otro que me parece relevante y atractivo es que personajes de la esfera artística han nutrido la formación de este archivo, como José Balmes, Eugenio Téllez, Paz Errázuriz, Víctor Castillo, Gonzalo Díaz, Norton Maza, Juan Castillo, Guillermo Núñez, Rainer Krause, Carlos Leppe, Bernardo Oyarzún, Francisco Copello, Pedro Lemebel, Elizabeth Neira, entre muchos más. Todos estos nombres “conocidos” han compartido al mismo tiempo con artistas jóvenes y emergentes, dando lugar a instancias de constante intercambio creativo. Es un archivo muy dinámico.

Héctor León: A la respuesta de Antonella me gustaría agregar que, además de considerar el acervo del futuro archivo de la Perrera, único en su clase por el aspecto material de sus soportes y la variedad objetual que lo compone, se trata de un conjunto de piezas testimoniales que retratan la historia de un espacio único en Chile. Por lo tanto creo que es el inicio de la investigación de una historia sin par. Me ilusiona pensar que nos encontramos frente a un tesoro de la cultura del Chile marginal y excéntrico de los últimos 26 años.

Federico: Comparto la impresión de mis compañeros, a lo que agrego, como archivista, lo atractivos que me parecen los materiales mismos. Porque no son solo papeles y recortes de prensa, a los que estamos ya acostumbrados, sino además objetos extraños que quedaron como testimonio de performances, videocasetes con registros de eventos que a priori suenan inclasificables, que son entre conversatorios, seminarios, juerga. Es realmente una ocasión para que nosotros tengamos que adoptar la experimentalidad del mismo material, pero en el ámbito de la catalogación.

-¿Cómo describirían la forma en que se ha ido construyendo la memoria de este espacio de arte?

Antonella: Pienso en un eterno espacio en construcción, de constante intercambio creativo, multidisciplinario a nivel cultural. Esto es muy importante y hago énfasis en “espacio” y “constante intercambio creativo”: ¿dónde pueden esos artistas emergentes encontrar la posibilidad de mostrar su obra? ¿Dónde, si no es visitando talleres, pueden estos jóvenes involucrarse y relacionarse con otros artistas? Que la Perrera sea un lugar donde exista cabida para generar este tipo de instancias -además de lo tradicional, como exposiciones- hace de su memoria una bastante versátil y rica en contenido. Al mismo tiempo influye la autogestión del espacio, el rol y el nivel de compromiso de los personajes que hacen posible el funcionamiento del lugar y que han mantenido el carácter de este centro experimental.

Héctor: Creo, después de acercarme mucho a la Perrera y diversas conversaciones con sus protagonistas históricos, que la forma en que se ha ido construyendo esta historia es por el tesón de unos pocos que han resistido a las formas tradicionales e institucionales de un país absolutamente conservador en términos de políticas culturales, y en casi todo, en realidad. Asimismo pienso que la acción de guardar y atesorar los documentos, objetos y obras que componen al futuro archivo fue en realidad una especie de acto de preservación de propia memoria humana; ya que este espacio se creó y se ha mantenido por la misma persona. Antonio Becerro, fundador y actual director del centro, ha permanecido ligado al espacio en los 26 años de su historia por lo que pienso que, al mismo tiempo, es su propia historia la que luchó por preservar en el acervo del futuro Acepa. Hablamos entonces de memoria viva.

-¿Hay algún o algunos documentos que consideren especialmente valiosos?

Héctor: Claro que sí y no son pocos. En primer lugar entre las piezas del futuro Acepa existe una serie bastante amplia de documentos audiovisuales en soporte material casi obsoleto, cintas electromagnéticas de distintos tipos, lo que es interesante y valioso en sí mismo. Dentro de este conjunto de cintas se encuentran algunas que consideramos muy especiales, por ejemplo, entrevistas con artistas o personajes de la cultura del país que ya se han ido. Un material valiosísimo que en este momento no se puede consultar y se encuentra bajo la amenaza del deterioro del tiempo. Existen un sinfín de piezas de gran valor por su contexto de adquisición, me refiero a una gran cantidad de objetos que han quedado en la Perrera como registro de performances y otras obras de tipo eventuales; estos objetos se encuentran en un límite entre el documento y la obra. En lo personal, además, me interesa muchísimo una serie de manuscritos en papel albergados en el futuro Acepa, piezas testimoniales que pueden ayudar a relatar la historia del centro desde los detalles, incluso desde la cotidianidad de los protagonistas de dicha historia, que a su vez son artistas y parte de la historia contemporánea del arte chileno.

Federico: Comparto completamente la apreciación de Héctor. Creo especialmente que los documentos audiovisuales y los objetos que quedaron como archivo de eventos, performances y acciones de arte van a ser tremendamente interesantes. Por lo general accedemos a esos sucesos a través de narraciones escritas o de fotografías, y creo que acercarnos desde el video y desde los materiales mismos puede tener un enorme efecto en la forma en que entendemos y apreciamos formas artísticas que, por un lado, son difíciles de documentar y que, por otro, su supervivencia depende casi exclusivamente de su documentación, por lo que toda expansión de ese universo documental necesariamente transformará nuestra forma de verlas, de acercarnos a ellas.

-¿Qué creen que aporta el catálogo de Perrera Arte a la escena del arte chileno?

Héctor: Creo que el catálogo del Acepa, una vez construido y publicado mediante la página web del centro, será un gran aporte a la escena actual porque llenará un vacío que se ha formado en paralelo a la historia de la Perrera. Con esto me refiero a la invisibilización de iniciativas no oficiales, los llamados outsiders del arte chileno, que se ve reflejado en la falta de información consultable sobre el tema. Será un gran aporte a la investigación de la escena de las tres últimas décadas de producción artística nacional poniendo al acceso del público especializado y general el registro de lo producido en el centro, que es un lugar en un triple límite dentro del circuito cultural: geográfico, sistémico y de experimentalidad.

Federico: A mí me parece que es fundamental que este material entre en la discusión sobre el arte chileno de los últimos treinta años porque creo que le agrega una diversidad, una forma de hacer las cosas y un cierto sentido del humor, o una ligereza de espíritu, digamos, que van a venir a enriquecer muchísimo la historia ya institucionalizada del período, que es a veces un poco muy académica, que se toma demasiado en serio a sí misma. Eso es una hipótesis, puede o no ser cierto, lo descubriremos en contacto con el material. Lo que sí puedo decir con total certeza es que, en general, escasean los documentos y fuentes originales para la investigación de nuestra historia del arte, y la existencia de este acervo será una enorme contribución a la diversidad de fuentes de las que disponemos para entender y apreciar las últimas décadas de prácticas artísticas en Chile.

-¿Cuál es la función específica de cada uno de ustedes y qué expectativas tienen de su trabajo?

Antonella: Principalmente mi función es de archivera, es decir, debo encargarme de realizar las descripciones de los documentos del archivo, ingresar la información sistemáticamente en una base de datos previamente creada para finalmente obtener una especie de índice o catastro de lo que encontramos. Soy la persona que tendrá mayor contacto con los documentos, es decir, tendré que revisarlos, manipularlos y ordenarlos. Personalmente, esta función me gusta mucho porque siento que establezco una especie de relación con los documentos a medida que los voy “descubriendo”. Me da la posibilidad de analizarlos y generar una opinión propia, en distintos niveles, de lo que estoy viendo e, inevitablemente, me involucro con mis objetos de trabajo. Eso es lo que me gusta de lo que hago y de lo que prontamente va a suceder con este archivo: tendré esa experiencia in situ con un nuevo archivo. Es como tener la posibilidad de hablar íntimamente con un famoso, de esa forma lo veo.

Héctor: Mi función principal es la de coordinar el proyecto, que se trata básicamente de organizar los recursos materiales y humanos guiando el proyecto hacia sus objetivos. En esta función también tengo que ser un puente permanente entre el equipo del proyecto y el resto del equipo de Perrera Arte para generar cruces virtuosos maximizando el aporte. En segundo lugar tengo el rol de conservador inicial del Acepa, es decir, me encargaré de la implementación de las medidas conservativas que permitan la proyección en el tiempo del rescate de los elementos del archivo. Además tendré un rol activo en la labor de registro trabajando directamente con Antonella y con los documentos.

Federico: Mi función principal es diseñar un sistema de catalogación que nos permita integrar los muy diversos materiales del archivo en un mismo entorno. Tenemos que hacer dialogar los documentos de preparación de, digamos, una performance, con los objetos que quedaron como huella de su realización, con los videos de registro parcial o total de esa acción, con los volantes de difusión de la muestra. En un diálogo con los integrantes del equipo, que fueron los testigos de primer orden, y con Antonella y Héctor, que van a volverse rápidamente expertos en los documentos mismos, tengo que diseñar tanto el aspecto intelectual de nuestro catálogo -digamos, las categorías de análisis y de clasificación- como el entorno mismo de trabajo, una base de datos o una familia de bases de datos que nos permitan tanto organizar el material como navegar cómodamente entre formatos, soportes, eventos, períodos, personas, lugares. Mi principal expectativa es que la diversidad y la rareza de los materiales del archivo Acepa funcionen como un aliciente para estudiar y aplicar formas más inteligentes, interesantes y versátiles de clasificar y de darle forma a un archivo que tiende a escapar tanto a la clasificación como a una formalización muy rígida. Espero que el ejercicio de clasificación se contamine del espíritu experimental que caracteriza al propio proyecto de Acepa.

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