El Perro de Becerro, el objeto más querido del Museo de Arte Moderno de Chiloé

Por Pablo Asenjo / fotografías: Álvaro Vidal

Las obras tienen vida propia. Así se puede colegir de la siguiente historia escrita por Coca González, directora de arte del Museo de Arte Moderno de Chiloé (MAM), centro que, a petición de una universidad, eligió el objeto más querido de esta institución angular en el desarrollo de la creación contemporáneo en el sur de Chile.

Luego de una encuesta a los integrantes del MAM, entre los que se cuentan el Premio Nacional de Arquitectura Edward Rojas, Luz María Vivar, Estanislao Jorquera, Eduardo Feuerhake y el conjunto del personal de la galería chilota, se eligió al “Perro de Becerro” como el objeto más querido del centro. Esta obra pertenece a una treintena de esculturas caninas que el artista visual Antonio Becerro presentó en el MAM en 2013 bajo el título “Encontraron cielo”, muestra que inicialmente se había presentado en el espacio patrimonial Patio de los Perros de la Universidad de Santiago (2012) y que, con posterioridad, junto a nuevas series de esculturas en fibra de vidrio, se desplegó en el frontis, hall central y una de las salas del Museo Nacional de Bellas Artes (2014).

El artista radicado en Chiloé Guillermo Grez presenció en directo cuando Antonio Becerro trató de instalar la escultura ahora elegida como el objeto más querido en lo alto del MAM. Primero intentó llegar arriba montado en el cucharón de una máquina retroexcavadora que no dio la altura, luego solicitó una escala a los bomberos de Castro pero no obtuvo la autorización y, finalmente, a riesgo de su vida arrendó una escala telescópica que ubicó sobre un camión tolva para llegar al objetivo. “No será muy peligroso lo que está haciendo Antonio, amiguito”, comentó entonces el querido Guillermo Grez, ante lo cual los asistentes de Becerro persuadieron al artista visual para que pusiera fin a su temerario montaje de emergencia. Al día siguiente, por sugerencia del equipo del MAM, el muchacho que habitualmente repara las techumbres del centro, procedió a instalar por arriba, como un gato y sin riesgo, la mencionada escultura.

Este es el texto escrito por Coca González para hablar de las vidas posteriores del “Perro de Becerro”.

El objeto más querido del Museo de Arte Moderno de Chiloé (MAM), a juicio de la mayoría de sus integrantes, es el “Perro de Becerro”, que corresponde a una obra de Antonio Becerro en la exposición anual de 2013, que quedó para siempre instalada en el techo del museo como donación de su autor a la Colección Permanente del MAM, transformándose en un símbolo del museo y parte integral de su arquitectura.

“No puedo imaginarme el MAM sin esa obra, se ve desde todos los ángulos e, incluso, a lo lejos”, señaló uno de los entrevistados. “Tiene una relación muy cercana con los visitantes (de todas las edades), generando un primer vínculo con el museo (preguntas, inquietudes, sorpresas), incluso antes de entrar al espacio”, agregó otro de los encuestados. 

Tal como el contexto va significando la obra, durante muchos años existió en el museo una perrita exactamente igual a la escultura, llamada “La Negra”, quien acompañó a cientos de artistas y visitantes con su cariño y simpatía. Siempre fue “su” escultura, a pesar de haber sido creada mucho antes de que ella llegara.

Luego de las protestas del 18 de octubre de 2019, el Perro de Becerro vuelve a hacerse notar gracias a su extraordinario parecido con la emblemática figura del famoso perro “Matapacos”. Esperamos que siga sumando historias.

Coca González

MAM de Chiloé

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