Diálogos de perros con Jorge Arriagada. Capítulo 1: medio pollo en París

Por Gustavo Grillo Mujica / notas y transcripción: gentileza de Patricia Jerez

Recuerdo poco de todo, pero fue Manduka, el músico brasileño, quien me presentó a Jorge Arriagada (1943), al que describió como “un compositor de miedo”. Los Hawker Hunter ya habían pasado sobre La Moneda y en París, donde Jorge estaba desde 1966, los escapados y exiliados chilenos se reunían en asuntos de “solidaridad con Chili” y “resistencia cultural” en torno a personajes que llegaron antes y después del golpe aquel. Fue entonces que el artista visual Germán Arestizábal me dijo: “Viene Raúl Ruiz, espera lo que haremos” y, acto seguido, desembarcó el director de “Tres tristes tigres”, que en cuestión de meses anticipó el futuro con “Diálogos exiliados” (1974) y que posiblemente inventó el grupo “Gracias a la Junta, qei viajado tanto”, al que Arriagada le puso una banda sonora que hace ruido hasta hoy.

-Jorge, me dijiste que habías salido de Chile en barco.

Claro, fuimos en barco a partir de Buenos Aires, porque desde Chile salimos en CATA.

-¿Buses?

-Sí, esos famosos buses que te llevaban a Mendoza. De ahí tomamos un tren y nos fuimos a Buenos Aires, donde visitamos a unas primas hermanas y luego tomamos un barco, que se llamaba Donizetti, nombre de un gran compositor de ópera italiano. Fueron tres semanas hasta Lisboa, ése era el viaje.

-Me contaste que, cuando partiste con tu hermano Sergio, empezaron a agarrar papa como músicos en el barco.

Sí, lo que sucede es que no me acuerdo mucho, pero pienso que, como íbamos con poco dinero y como había, creo que había, tres pisos de clases…

-Eran como tres clases, me acuerdo. Yo también ahuequé ala de Chile en esa línea marina italiana, pues era más barata que en avión.

Te cuento. Comenzamos con los bailoteos del segundo piso, empezamos a dar conciertos. Recuerdo que nuestro gran concierto, que gustaba a todo el mundo, era el concierto en Re Mayor para Laúd y orquesta. Sergio tocaba la guitarra y yo hacía la orquesta en el piano. Y de alguna manera obtuvimos, seguramente, algunos vasos en los bares y conocimos a chicas que estaban en el segundo o tercer piso y tuvimos un viaje nada más agradable.

– Y llegaron dónde, ¿dónde desembarcaron?

Llegamos a Lisboa, nos quedamos solamente un día recorriendo la ciudad, porque después teníamos que tomar el tren a Madrid y en Madrid encontramos un tío de la señora de Sergio, de la chica Del Campo, que era un señor de unos 80 años, quien trabajaba en la industria del cine. ¿Cómo se llaman los que hacen roles chiquitos en las películas?

 -Figurantes.

Cierto, él era figurante. Cuando llegamos nos enseñó los primeros callos a la madrileña, una cosa que nos encantó. De ahí nos fuimos directamente a París, porque la idea era llegar a Ginebra (Suiza), como te había contado antes. Nuestra intención era realizar un curso de cuatro meses y volver a Chile. Bueno, ahí llegamos a París y la primera cosa que recuerdo es que nos bajamos en la Gare d’Austerlitz y de ahí nos fuimos a tomar un chocolate caliente con croissants. Eso ya nos dejó impresionados y de ahí teníamos que encontrarnos con un amigo del barrio, el Lalo Benavente, que nos iba a guiar a dónde podíamos alojar por poco dinero.

-Lalo Benavente era un gallo singular, un pintor que fue uno de los primeros hippies chileno. Me acuerdo que murió intoxicado con floripondio. ¿De ése estamos hablando? No tenía idea que estuvo en París.

Ése, ése, el mismo. Pero no sé si fue con floripondio.

La leyenda dice que él fue el primer muerto por floripondio en Chile.

¡Ah! Puede ser, en todo caso murió drogado. Él nos dejó en un hotel, en el Carrefour Debussy. Sergio venía con el violoncelo y teníamos plata para una sola cama, así que dormíamos los dos ahí. Hasta que después empezamos a encontrar gente y, dentro de los amores encontrados, también nos empezó a gustar el Cirilo Vila (1), que nos dice que él está estudiando con Max Deutsch (2) y que yo podía participar en unas clases gratis.

-¿Dónde te topaste con Cirilo Vila?

Por medio de los amigos. En la época estaba con la pintora Irene Domínguez, estaba mi gran amiga Gloria Fombora, que me presentó a mi primera polola latinoamericana chilena, y desde ahí empezamos. Todos íbamos a clases colectivas de Max Deutsch, a las que podía ir gente que no tenía nada que ver con música porque en su clase hablaba de Viena, de lo que había vivido como compositor y como compañero de Alban Berg (3) y Anton von Webern (4), todos discípulos de Schönberg (5) y nos contaba sus historias. Nos contaba, por ejemplo, que había jugado por el equipo fútbol de Viena como profesional. Me decía también que se había venido a Francia y, para ganarse sus pesos, había tocado en el Moulin Rouge con la Mistinguett (6).

-Una cosa: desde que llegaron a París hasta esos cursos ¿ya habían adquirido el idioma francés?

No, nada, no hablábamos nada.

-¿Y cómo seguían los cursos?

Seguíamos por lo que Deutsch tocaba, era bastante rudimentaria esta cosa. El asunto era acercarse al mundo musical, para mí lo importante era acercarse al mundo musical. Sergio no iba, Sergio andaba tirándose minas en las noches, qué se yo, tocando guitarra en la plaza de la Contrescarpe, su mundo era más nocturno. El mío era menos nocturno, más de cómo acercarme a cierta cosa de alguna manera. Lo interesante en la historia es que, dentro de eso, estaba la posibilidad de ir eventualmente a cursos. Y al mismo tiempo nos dimos cuenta con mi hermano que esta ciudad era fantástica, fascinante para nosotros y que, en esa fascinación, alargábamos el plazo de llegar a Ginebra.

-Fueron olvidando el objetivo.

Fuimos olvidando el objetivo, exactamente. Ahí nace la historia, con estos cursos y cosas. Un día Max Deutsch me dice: “¿Usted es compositor?”. “Sí, trato de ser compositor”, le respondí. “Entonces, ¿por qué no me muestra sus cosas?”, señaló. Y ahí fui y le llevé lo que tenía. Yo había compuesto con la ayuda de Chislovsky, quien era mi profesor en dodecafonismo, en serialismo. Además, había compuesto antes de partir unas tres piezas para piano que también se las llevé. A partir de ahí él me dijo: “Mira, esto es fascinante, tú tienes forzosamente algo que decir en música, pero yo no puedo hacer nada por ti si tú no obtienes el primer premio del conservatorio”. El primer premio del conservatorio consiste en un examen bastante erudito, en el cual tienes contrapunto a ocho voces y otras cosas técnicas que son latosas para quien no comprende esa historia. “Si tú pasas el examen, yo podría tratar de obtenerte una beca porque tengo espacios dentro del Ministerio de Asuntos Extranjeros”, me dijo Deutsch, quien era profesor en esa repartición. Resulta que bueno, me pongo a estudiar, paso el concurso y lo gano.

-¿Tu hermano también?

Mi hermano era violoncelista. Es un personaje fascinante a nivel de instrumentación porque cuando niño, como ya te había contado…

-Pero, ¿pasó el concurso?

Sí, pasó, pero otro tipo de concurso que no tenía nada que ver con el primer premio del conservatorio, tenía que ver con otros concursos para obtener la beca.

-Los dos se quedaron en París.

Los dos nos quedamos, en el fondo nunca fuimos a Ginebra, esa es la historia. Ahí empieza toda la aventura de cómo sobrevivir, existir en París esperando la beca, porque la beca se demoraba seis meses en obtenerse en el caso que la aceptaran, porque había también un acuerdo con los becarios que venían de Chile. Bueno, la cosa es que esperando esa beca, cada uno trabaja en lo que podía. Entonces Cirilo Vila me ayudó a encontrar una pega para hacer el aseo. No sé si es la cueva o la mala cueva, pero de alguna manera lo interesante es que llego a hacer el aseo a una casa donde había vivido Victor Hugo, detrás del parque de Luxemburgo. Y esta historia termina en una especie de teorema, yo con unas chicas a quienes les hacía clases ahí. Empecé lavando las camisas del señor, que era, curiosamente, crítico musical del diario más reaccionario, que se llamaba La Cruz.

-¿Le Figaro?

No, no, no, peor, se llamaba La Cruz o algo así. O sea, era un diario católico, bastante extremista, en el cual él hacía los análisis: tenía como trabajo hacer los análisis de los cuartetos de Mozart. En esa época estaba de agregado cultural Gastón Soublette, que estaba haciendo los trámites para que me dieran la beca, digamos oficialmente, y era amigo de este señor. Como yo hacía el aseo en esta casa, resulta que un día este señor me dice: “¿Tú conoces a Gastón Soublette? Parece que tú eres un chico que tiene talento en música. ¿Tú serías capaz de analizar los cuartetos de Mozart?”. Le respondo: “Por supuesto, me los conozco de memoria”. Entonces me dice… Ahora me acuerdo: ¡La Croix, La Croix!

-La Croix, diario cristiano.

La Croix se llamaba el diario. Entonces me dice: “Ya no vas a hacer más el aseo y te voy a pagar la misma cosa”, que eran tres francos la hora en esa época. No era nada pero que para mí era mucho, porque con tres horas, con nueve francos, yo podía pagarme la mitad del hotel y comerme una baguette con un vaso de leche, que era la finalidad pues. Eso me hacía recordar “El vaso de leche”, de Manuel Rojas. Te imaginái. Entro en ese mambo y, finalmente, me recibía como a las once de la mañana con un aperitivo y me decía: “Jorge, tenemos el cuarteto tal, que tengo que analizar para mañana”.

-Entonces te agarró de “medio pollo” en el fondo.

De negrero pues.

-En Chile se llama “medio pollo” a cumpas que reemplazan a cumpas, a trabajadores sindicalizados que por alguna razón no van a su pega.

Ah, así se llama. En Francia se dice negrero. El resultado es que yo, en esas tres horas que me pagaba, analizaba los cuartetos de Mozart y él publicaba lo que yo hacía, él no se mamaba el trabajo.

-¿Y firmaba él?

Firmaba él, y a mí, me pagaba por eso, hasta el momento en que quedó la cagada porque tuve amores con sus dos hijas, porque también me agarró para que les enseñara música de cámara. Eran mellizas, una de las chicas era violinista y la otra pianista. Bueno terminó mal la historia como terminan mal todas esas historias. (Pier Paolo) Pasolini (1922-1975) lo dijo muy bien en “Teorema”, mejor de lo que yo lo podría decir. Bueno, resulta que la madre de estas dos chicas, que era la mujer de este señor, un día me vio dirigir. En 1968, yo ya había terminado todas estas cosas, tenía mi beca y Deutsch me propone para dar un concierto con la orquesta de París junto a otros alumnos suyos, entre los que estaba Cirilo Vila, todos los cuales dirigimos nuestras propias obras. Yo no tenía mucha experiencia, era la primera vez que tocaba en público, con una orquesta tan grande y tan importante para mí, una obra propia. Cuando se encienden las luces, claro, tu no ves al público. Entonces, cuando termino de dirigir, me vuelvo hacia el público y, cosa curiosa, lo único que vi fue un sombrero rojo enorme: era la mamá de estas chicas, de las mellizas, que gritaba: “¡Bravo, Bernardo¡ ¡Bravo, Bernardo¡”. Después todos los compañeros me preguntaban: “¿Quién es Bernardo?”. Entonces tuve que explicarles que, cuando yo llegué a hacer el aseo en esa casa donde había vivido Victor Hugo, esta señora me dijo: “Lo que pasa es que Jorge es como muy corriente, pero Bernardo es muy bonito, ¿lo puedo yo llamar Bernardo?”. Desde ahí me llamó Bernardo y me hacía servirle el almuerzo cuando venían sus amigos. Tenía un valet en el fondo; no tenía un empleado, tenía un valet.

-Valet y director de orquesta.

Y como ella me puso Bernardo, aplaudía a Bernardo pues. Esta señora fue siempre a mis conciertos hasta una cierta edad, no sé, ya después no le di mucha más bola. Así, con esta historia, empieza mi carrera. Después de ese concierto, en el cual participaba Cirilo, había un gran crítico francés, Claude Rostand (1912-1970), que escribió en el Larousse sobre nosotros. Nos alabó enormemente y eso me facilitó para hacer otras cosas.

CONTINUARÁ…

NOTAS

  1. Cirilo Vila Castro (1937-2015). Compositor, pianista y académico ganador del Premio Nacional de Artes Musicales de Chile 2004.
  2. Max Deutsch, alumno del compositor Arnold Schönberg, fundó el teatro Der Jüdische Spiegel (El Espejo Judío) en París. Asentado en Francia, compuso numerosas obras al estilo de su maestro Schönberg, Anton Webern o Alban Berg. Desde 1940 a 1945, Deutsch sirvió en la Legión Extranjera francesa. Reputado pedagogo, entre sus alumnos en París se encontraron compositores como Gyoörgy Kurtág, SylvanoBussotti, Luis de Pablo, Jorge Arriagada y el crítico musical Heinz-Klaus Metzger.
  3. Alban Maria Johannes Berg (1885-1935). Compositor austríaco. Fue alumno de Arnold Schönberg y perteneció a la Segunda Escuela de Viena. Incursionó como ellos en la atonalidad y luego en el dodecafonismo, escribiendo obras vinculadas a la estética expresionista, pero su música tiene además una sonoridad que siempre evoca la tonalidad, aludiendo al romanticismo, y una inclinación marcadamente dramática. Sus tres obras más conocidas son el Concierto para violín y las óperas “Wozzeck” y “Lulú”.
  4. Anton von Webern (1883-1945). Compositor austríaco. Fue miembro de la llamada Segunda Escuela de Viena. Como estudiante y brillante seguidor de Arnold Schönberg, es uno de los más conocidos exponentes del dodecafonismo; además, sus innovaciones referentes a la organización sistemática de altura, ritmo y dinámica fueron decisivas para el estilo musical.
  5. Arnold Schönberg (1874-1951). Compositor, teórico musical y pintor austríaco. Desde que emigró a Estados Unidos, en 1933, escribió su apellido con la otra grafía alemana posible, Schoenberg. Es reconocido como uno de los primeros compositores en adentrarse en la composición atonal y especialmente por la creación de la técnica del dodecafonismo basada en series de doce notas, abriendo la puerta al posterior desarrollo del serialismo de la segunda mitad del siglo XX. Fundador de la Segunda Escuela de Viena.
  6. Mistinguett fue el nombre artístico de Jeanne Bourgeois (1875-1956). Vedette, cantante y actriz francesa. Jeanne Bourgeois hizo su debut como Mistinguett en el Casino de París en 1895. Llegó a ser una de las más populares artistas francesas en su tiempo y la mujer más importante en el mundo del espectáculo.