Declaración pública: a propósito de Rauff, los hornos de la Perrera y la solución final

Por Colectivo Perrera Arte

Debido a la conmoción nacional e internacional que ha provocado en estos días el reportaje “Los padrinos alemanes de Pinochet”, emitido por el periodista y cineasta germano Wilfried Huismann en la radio WDR el pasado 3 de septiembre, en el que realiza un pormenorizado itinerario de la participación del oficial nazi Walther Rauff en la represión durante la dictadura de Augusto Pinochet, el colectivo Perrera Arte ha estimado pertinente compartir algunas reflexiones con la comunidad, toda vez que el reporte da cuenta, por primera vez en forma pública, de la macabra utilización que se dio a la ex Perrera Municipal, el espacio que da nombre y que en la actualidad ocupa nuestra organización, en el exterminio de personas en los primeros años del régimen cívico militar.

Estamos devastados, en shock, por este informe que tristemente ratifica nuestras sospechas a partir de diálogos informales sostenidos entre 1997 y 2000 con antiguos vecinos de los barrios Balmaceda y Yungay y la población Juan Antonio Ríos, en la ribera norte del río Mapocho.

Este edificio de características industriales únicas fue inaugurado en 1927 como el primer horno eléctrico crematorio de basura de Santiago en un lugar, al lado del río Mapocho y a la altura del puente Bulnes, que desde siempre fue el vertedero de desperdicios en la ciudad. El recinto, con capacidad para quemar hasta 200 toneladas al día en sus seis usinas, fue una iniciativa del regidor y luego alcalde la comuna Rogelio Ugarte, tuvo numerosas discontinuidades en su funcionamiento a lo largo de las décadas, quedó en manos del Ministerio de Salud y se utilizó posteriormente para el sacrificio de los perros callejeros de la capital. Dado su diseño pionero en hormigón armado, la construcción resistió el abandono y, según reportes de prensa de la época, a diferencia de otras edificaciones del sector, se salvó de la demolición a comienzos de los años 90 a petición de los urbanistas españoles que asesoraron entonces el diseño del Parque de los Reyes.

El espacio de 1.250 metros cuadrados construidos fue entregado a los artistas por el alcalde Jaime Ravinet en 1995 y, al momento del traspaso, se encontraba en condición de ruina, sin puertas, ventanas y techo, repleto de basura, sin vestigios de los hornos de procesamiento, sin sus enormes y características chimeneas y en un entorno “crítico de seguridad”, según la descripción de la policía. Durante 28 años de trayectoria y resistencia en el lugar, hemos ido revirtiendo, en una tarea sistemática, profesional y colectiva, con apego a los más elevados estándares técnicos, esta situación, abordando el edificio como un ente orgánico, propicio para el trabajo multimedial y experimental en las artes.

Desde la constitución de nuestra organización comunitaria sin fines de lucro, numerosos fueron los comentarios de vecinos y visitantes ocasionales que advirtieron a los integrantes del colectivo las distintas utilizaciones que tuvo la Perrera con posterioridad al golpe de Estado de 1973, que ya en las primeras horas fue empleada como punto alto de control militar sobre el puente Bulnes, ubicado a solo 80 metros de distancia. En este lugar, entre el 15 y 19 de septiembre, se ejecutaron funcionarios del hospital San Juan de Dios, entre ellos el sacerdote español Juan Alsina, y, posteriormente 14 jóvenes detenidos en Puente Alto. En recuerdo de ellos se levanta la plazoleta que lleva el nombre del religioso y el altar que destaca la frase “quítame la venda, mátame de frente para darte el perdón”, que Alsina dijo al soldado de 18 años que lo ejecutó.

A fines de los 90, a partir de testimonios informales de antiguos vecinos del barrio, que recordaban el olor que emanaba de las chimeneas cuando ya había dejado de funcionar como Perrera Municipal en los años 70, el fundador de nuestro colectivo, Antonio Becerro, presentó esos antecedentes a las oficinas continuadoras de la Comisión Rettig, pero sus aprehensiones fueron desestimadas por no tener obviamente la calidad requerida de documentos y pruebas. A propósito de esta situación el artista visual decidió realizar en 2003 su obra “De la cicatriz al dibujo”, en la que junto al tatuador Cheto Castellano dibujó en la piel de los familiares de detenidos desaparecidos el rostro de sus seres queridos no encontrados.

En 1999, en los muros del puente Bulnes, el fotógrafo Claudio Pérez levantó el Memorial de los Detenidos Desaparecidos con el más amplio registro de retratos existentes, pesquisados en una ardua búsqueda por Chile, trabajo que más recientemente, en junio de 2015, volvió a registrar para dar cuenta del deterioro del memorial en la exposición “Necrosis”, que tuvo lugar en Perrera Arte y consideró la exhibición de un archivo con fichas de cada una de las personas que no han sido encontradas. No se sabía entonces y no se conoce todavía cuántas y cuáles de ellas pudieron haber sido cremadas ilegalmente en el mismo lugar si se atiende el informe de radio WDR.

En 2016, tras gestiones de documentalistas nacionales, realizadores provenientes de Australia registraron en las instalaciones de Perrera Arte el testimonio de Jorgelino Vergara Bravo, quien, en su condición de “mocito” de Manuel Contreras, el jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), había revelado en 2007 ante la justicia aspectos desconocidos de la muerte y tortura en Chile. Nuevos relatos de Vergara, un funcionario de la ex Perrera Municipal y un ex agente de la DINA fundamentan ahora el reporte de Wilfried Huismann que indica que al menos 300 personas fueron cremadas, transformadas en cenizas y hechas desaparecer en los hornos del recinto que ocupamos en el Parque de los Reyes como parte de la llamada “solución final” propuesta por Rauff.

Ante la gravedad de los delitos de lesa humanidad que este informe revela, se hace necesario un pronunciamiento oficial de las máximas autoridades, actuales y pasadas, del país, así como de aquellas personas públicas que tuvieron relación y fueron parte del entorno de protección de Rauff en Chile.

Consideramos perentorio que se inicie una investigación del más alto nivel que profundice en las denuncias realizadas desde Alemania y que entregue luz para esta inquietante pesadilla que se prolonga ya por medio siglo. Las próximas generaciones no merecen caminar en la oscuridad, pisando sobre el grito de los muertos.

Como centro cultural independiente y autogestionado, consideramos haber cumplido con nuestra tarea de levantar y sostener un espacio de sanación y cultura en el Parque de los Reyes. Desde el comienzo hemos trabajado con la memoria, el patrimonio y la identidad de un edificio indomable, kafkiano, conservando sin alteraciones la arquitectura original y dialogando con ella a través de sucesivos ejercicios de limpieza, catarsis y renovación. Hemos restaurado un edificio, conocido popularmente como la Perrera, con alta carga espiritual por la violencia infringida a otros seres vivos, los perros, y siempre nos negamos a creer que la barbarie alcanzaba también a nuestra propia especie.

El arte en sí es un dispositivo de liberación que regenera el músculo de un pueblo y, quizás por lo mismo, tenemos la fortaleza intelectual, emocional y creativa para enfrentar este nuevo golpe a la conciencia nacional.

Este 19 de septiembre se cumplieron cincuenta años de la ejecución de Joan Alsina y nos alegra la próxima declaración de sitio de memoria del Puente Bulnes, aunque todo parece indicar que, dependiendo de las investigaciones, dicho resguardo patrimonial deberá extenderse a la totalidad del sector tres del Parque de los Reyes, incluyendo los abandonados tajamares del río Mapocho. Hablamos de un entorno activo de recuerdo, abierto a la naturaleza, culturalmente formativo y estimulante para las presentes y futuras generaciones.

Colectivo Perrera Arte

Santiago 21 de septiembre de 2023