Daniel Jadue dona desgarradora obra de Patricia Israel a la Colección Perrera Arte

Por Héctor Muñoz

Es una obra estremecedora por su significado y la economía de medios involucrada en su factura. Desde este mes de agosto el cuadro “Sabra y Shatila, para no olvidar” (*), de la artista plástica chilena Patricia Israel Korenblit (1939-2011) pasó a formar parte de la Colección del Centro Experimental Perrera Arte gracias a una donación del edil de Recoleta Daniel Jadue.

La iniciativa surgió espontánea en diciembre de 2020 cuando el alcalde Jadue visitó la factoría del Parque de los Reyes para firmar un acuerdo de cooperación con la Universidad Abierta de su comuna, pero, debido a las dificultades propias de la pandemia, la idea solo se pudo concretar en las últimas semanas gracias a las gestiones de Loreto Galdames y la productora Escena Marginal que cerraron el círculo virtuoso y permitieron que el trabajo de gran formato llegara bajo los debidos resguardos técnicos a la Perrera.

Arquitecto y sociólogo de profesión, Daniel Jadue dice que siente un especial interés por las artes visuales. “Me gusta mucho la pintura y, dentro de mis artistas preferidos está Vasili Kandinsky (1866-1944). Aprecio el trasfondo de su obra”, dice el edil sobre el también autor de textos angulares como Punto y línea sobre el plano y Sobre lo espiritual en el arte.

-¿Cuándo y con qué ocasión llegó el cuadro “Sabra y Shatila” a sus manos?

-Llegó exactamente cuando dejó de existir en forma temporal la Unión General de Estudiantes Palestinos en 1991, porque originalmente este cuadro fue una donación de la propia Patricia Israel a la Ugep luego de la masacre de Sabra y Shatila, ocurrida entre el 16 y el 19 de septiembre de 1982. Dicha donación fue hecha como cuatro meses después de aquella tragedia y tiene su origen en un grupo pro paz judío y palestino que existía en Chile desde fines de la década de los 70 e inicios de los 80. En ese grupo estaban, entre otros, los actores Schlomit Baytelman y Nissim Sharim, y la misma Patricia Israel. Yo también me integré luego como uno de los fundadores de la Ugep en 1981. No conocí mucho a Patricia Israel, pero sí participé muchas veces en reuniones con ella.

-¿Qué recuerdo tiene de ese trágico episodio histórico? Usted era niño cuando ocurrió la masacre.

-No era tan niño, yo ya estaba militando cuando ocurrió la masacre de Sabra y Shatila, tenía 15 años, y yo militaba desde finales de los 11 años. Fueron días duros y una de las semanas más trágicas que yo recuerdo, porque además precisamente sucedió después de los actos de conmemoración del 11 de septiembre de 1973 en Chile. Yo bailaba, era parte del grupo folclórico Dabke del Club Palestino y recuerdo que, a partir de esa masacre, cambió completamente nuestra forma de entender ese grupo folclórico. Desde ahí se transformó en una herramienta, en un arma de lucha puesta a disposición de la causa palestina desde Chile.

-¿Por qué decidió donar la obra “Sabra y Shatila, para no olvidar” a la Colección de Perrera Arte?

-Porque el arte guardado para uno no sirve. El arte sirve cuando se puede apreciar y lo puede ver la gente, porque el arte siempre está en la vanguardia de las luchas por las transformaciones sociales, el arte logra plasmar en un cuadro, como en este caso, todo el dolor, todo el desgarro, toda la miseria humana de una invasión que provocó más de seis mil muertos, la mayoría de ellos mujeres y niños. Porque los hombres se habían retirado antes de esos campamentos después de un enfrentamiento muy largo. Por lo tanto, creo que el cuadro debe estar en un lugar en donde pueda ser apreciado por muchas más personas, como lo es la Perrera.

 

(*) Se ha conservado el nombre original utilizado por Patricia Israel a partir de la traducción inglesa. Hoy se puede encontrar también “Sabra y Chatila” en su conversión al español.

Producción: Escena Marginal

Fotografía: Ángel Peña y Óscar Oróstica

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