Colectivo Azul: “Tenemos que saber coexistir para sostener el arte independiente”

Por Héctor Muñoz / fotografías de Óscar Oróstica, Víctor Muñoz y archivo Colectivo Azul

El Colectivo Azul se llama así porque nació en la Universidad de Chile y porque la idea original era agrupar a estudiantes de diferentes disciplinas de la misma casa de estudios. “En 2016 realizamos una primera obra experimental que incluía una performance de danza y música en una sala de la Facultad de Artes de la U, una sala que queda en el subterráneo, que se llama Mamut, y que tiene como un piso de goma para la gente de danza”, cuenta Rodrigo Araya, describiendo un espacio hermético de cemento que en los años 80 albergó las primeras y combativas asambleas de los alumnos en dictadura. “Hicimos una intervención que era bien especial porque se trataba de explorar la ceguera y la escena transcurría alrededor de personas que no podían ver”, agrega el músico y coordinador del colectivo mientras guarda prolijamente su clarinete tras una función de “El hijo pródigo”, la ópera en un acto de Claude Debussy, en la nave principal de la Perrera.

“Como un año después, con el mismo Maximiliano Soto, que fue el compositor de la música para esa acción de arte, nos juntamos como quinteto y nos agrupamos simplemente como conjunto de música. Le giramos un poco el sentido al grupo y comenzamos a tomar el trabajo de compositores y compositoras jóvenes, tanto de la U como de la UC, y también de otros compositores más consagrados que empezaron a entregarnos obras desde Europa”, revive Rodrigo Araya, quien recuerda en especial de dicha etapa un homenaje a Gustavo Becerra (1925-2010).

Tatiana Mejías en violoncello, José Manuel Hernández en violín, Ángel Quilaqueo en flauta traversa, el propio Rodrigo Araya en clarinete y el pianista Martín Morales, que ahora estudia en Alemania, conformaron la agrupación inicial de Colectivo Azul, que al principio tocaba principalmente música para quintetos o para dúos o tríos que incluyeran sus instrumentos.

En 2017 lograron estructurar un calendario de conciertos algo irregular, que de todos modos les dio pie para armar y ganar un Fondart que les permitió hacer una segunda temporada en 2018, la cual incluyó cinco conciertos, todos realizados en el salón de honor de la Academia Chilena de Bellas Artes, con sus respectivos estrenos y el correspondiente pago de honorarios a los músicos.

Ya agotados los recursos públicos, en 2019, Colectivo Azul decidió abrir su programación para incorporar obras del repertorio universal, seguir mostrando música de cámara de compositores emergentes y expandir sus filas de instrumentos para llegar a interpretar “Kammermusik Nº 1”, de Paul Hindemith. Aquel concierto, que fue dirigido por Miguel Ángel Castro, marcaría el inicio un largo silencio de más de dos años para la agrupación que, debido a la secuencia del estallido social, la pandemia y el confinamiento, recién pudo volver a presentarse en público el domingo 3 de octubre de 2021, en el estreno de “El hijo pródigo”, la producción de Lírica Disidente.

“En los años en que iniciamos este proyecto de música de cámara, todos los miembros de Colectivo Azul éramos estudiantes. En esos tiempos, la precarización laboral y la poca oferta de trabajo eran un fantasma que rondaba nuestras vidas, pero al que nos empezábamos a enfrentar totalmente, ya que la universidad, las orquestas juveniles y los trabajos como músicos free lance nos mantenían con la mente y las manos ocupadas”, describe Rodrigo Araya. “Lamentablemente, luego de la revuelta social del 18 de octubre, esta realidad comenzó a desmoronarse”, agrega.

-¿Por qué?

-Producto del toque de queda, las protestas y la inestabilidad, comenzamos a vivir lentamente lo que después en la pandemia se transformaría en una triste verdad: la música y las artes escénicas fueron el hilo más delgado y el primero en cortarse en los tiempos de crisis. Durante la pandemia del coronavirus, los cantantes y los músicos en general no solo fuimos vistos como una labor no esencial, sino que también fuimos considerados factores de riesgo de transmisión del virus, al punto que, durante este período, no hubo ninguna institución que resguardara ni acogiera a los miles de artistas independientes que durante todo este tiempo quedamos sin lugar para trabajar.

-¿Cómo se financia hoy el Colectivo Azul?

-Lo hacemos de manera voluntaria, ad honorem, y como una manera de volver a rearmarnos para postular a diversos proyectos. Las personas que estamos acá somos músicos profesionales que estudiamos en el Conservatorio, la mayoría de la U y nuestros quehaceres habituales son realizar hartas clases para subsistir. Clases de instrumentos tanto en orquestas juveniles como en instituciones, colegios, municipalidades o en la misma Fundación de Orquestas, donde también trabajamos. José Manuel Hernández, el violinista, está haciendo un magíster de música contemporánea en la UC y Ángel Quilaqueo está estudiando pedagogía para poder hacer clases en aula. Tenemos que diversificarnos, aunque nuestra formación como músicos es para tocar en orquestas.

-¿Cómo ha sido volver a tocar en “El hijo pródigo”?

-Creo que las presentaciones en la Perrera han sido un éxito, totalmente. La naturaleza de la música que hemos tocado este tiempo, desde el punto de vista de la orquesta y los cantantes, es de una dificultad bastante alta. La música con canto es compleja en sí pues los cantantes viven la música de una manera muy distinta a la nuestra, ya que ellos lo memorizan y cantan en una escena, mientras que nosotros tenemos todo el tiempo una visualización de la partitura, tanto de lo que hacemos nosotros como de lo que hacen los demás, sobre todo el director. Además, el hecho de tocar Debussy lo complica un poco más, dada la elasticidad de su música. Sin embargo, creo que a pesar de las dificultades que tuvimos la segunda semana por culpa del Covid que afectó a nuestra cellista, hemos logrado presentaciones consistentes. He escuchado estos días los audios y, en general, me parece un súper buen resultado.

-No suena mal la Perrera, entonces.

-Mucha gente amiga de la orquesta ha ido a ver las presentaciones y sus sensaciones han sido muy buenas, tanto por la interpretación de la obra en sí, como en su valoración del espacio que estamos usando y cómo, a pesar de ser un lugar muy atípico para este tipo de conciertos, no solo se logra el objetivo de poder presentar la música en buenas condiciones, sino que el entorno que nos rodea se puede utilizar a nuestro favor.

-Tú hiciste además el arreglo para “El hijo pródigo”.

-Sí, fueron muchas tardes transcribiendo las partituras para cada instrumento. Fue un desafío completamente distinto, ya que en tres meses logramos realizar un arreglo reduciendo una orquesta sinfónica a un grupo de 11 músicas y músicos que, con la ayuda de Miguel Ángel Castro en la dirección, intentamos emular el sonido de una gran orquesta manteniendo nuestra esencia de músicos de cámara. A mi juicio, esto abre posibilidades para el medio musical nacional, concretamente para el de la lírica independiente. Colectivo Azul actualmente es capaz de generar adaptaciones de obras del repertorio universal que se ajustan a la realidad de las producciones independientes, con orquestas pequeñas, fáciles de transportar a los territorios y con capacidad de generar para sí mismas los arreglos de la música que sea necesaria.

-¿Qué reflexión realizas de esta alianza con Lírica Disidente?

-Con Lírica y con la Perrera, que fue el espacio que nos acogió y sin el cual no podríamos haber hecho esto. Esta alianza nos demuestra lo importante que es la colaboración entre las distintas instituciones y agrupaciones independientes. Necesitamos hacer proyectos en conjunto de la manera que lo hicimos ahora. Tenemos que saber aportar desde nuestra vereda, con los recursos que tenemos, para poder armar más producciones de este tipo y este nivel. Esta asociación nos mostró que, en el fondo, tenemos que saber coexistir para sostener el arte independiente, para tirarnos para arriba, para potenciarnos juntos.

en vivo

Ópera para todxs

Qué: Última función de “El hijo pródigo”, de Claude Debussy, en Perrera Arte

Intérpretes: Sonia Vásquez (Lía), Francisco Tokusei (Azaël) y Nicolás Suazo (Simeón)

Orquesta Colectivo Azul:  José Manuel Hernández (violín), Luna Bustamante (violín), Carol Basoalto (violín), Tatiana Mejías (cello), Héctor Arteaga (contrabajo), Ángel Quilaqueo (flauta traversa), David Pérez (oboe), Rodrigo Araya (clarinete), Francisco Jara (fagot), Dominique Arenas (trombón), Isadora Lobos (trombón), Claudio Oliva Moreno (piano)

Dirección musical: Miguel Ángel Castro

Dirección escénica: Ignacio Ramírez

Dónde: Centro Experimental Perrera Arte, Parque de los Reyes s/n, Avenida Balmaceda entre Bulnes y Cueto

Cuándo: Sábado 23 de octubre de 2021, a las 18 horas.

Entradas gratuitas agotadas.

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