Clarita Yáñez (II): “Una de mis mejores vidas fue en la fiebre del oro de California”

Por Antonio Becerro

Llevo yendo y viniendo de Santiago a Chiloé. Me encantan el sur y el frío, soy un hombre gélido; me atraen el viento, la lluvia, la niebla, los árboles, los tonos del verde y las sombras tenebrosas de los bosques de Paildad y Queilen. Por lo general alojo en el hotel Unicornio, a veces saludo a los amigos, son buenos amigos. Pero últimamente llego en silencio, en retiro, no veo a nadie, paso piola como una sombra más y me dejo atravesar por el viento hasta la comuna de Queilen, exactamente a la Comarca de Contuy.

Desde que hablamos por primera vez entendí que había algo que nos conectaba, algo más que una coincidencia. Una atracción parecida a la que se siente con un tema musical que te relaja y te da paz: sí, paz, una doble paz. Clarita Yáñez es la única persona que conozco a estas alturas de mi vida como un ser desprejuiciado, como yo. Tiene las ventanas del pecho abiertas, una libertad creativa y mucho talento artístico: dibuja, pinta, construye esculturas de madera, toca guitarra y chelo, habla francés y, muy importante, en ella no hay nada de poses o tormentos innecesarios, de esos a los que se asocia a los artistas o intelectuales con un cigarro en la boca, el ceño fruncido, trasnochado, con aspecto de decadente vencido por la vida. Todo lo contrario, Clarita tiene una espontaneidad que escasea en el mundo moderno, una espontaneidad que no tiene ni siquiera la obscenidad de un joven. He visto y sentido ese relajo en los animales y lo he percibido solo en la muerte de naturaleza.

Las epístolas que me envía Clarita a mano alzada son fotografiadas y luego enviadas a mi correo, desde el cual las puedo leer e imprimir. Son cartas de puño y letra sin códigos secretos, expresan una confidencialidad poética, divertida y reveladora para mis intereses. Cartas van, cartas vienen. Ella no usa celular, internet, email ni nada parecido. “Tiene una letra con una curva y contorno de una dibujante eximia”, diría una amiga grafóloga; es continua, sutil y enredada, pero legible y a mí me recuerda la letra de la señorita Sara, de la clase de castellano, que corregía las pruebas rayando la hoja con esa letra de firma pero con forma de dibujo, una caligrafía distante del teclado y el maus.

Suena el teléfono y al otro lado escucho la voz de Clarita: “No sé por qué te dije que conversáramos, cuando en realidad lo que más me acomoda es la escritura, porque me da tiempo de pensar. Es que soy una maniática. No sé por qué el otro día te dije que no me mandaras las preguntas por escrito, que mejor conversáramos para que fuera más espontáneo. Pero en realidad me gusta escribir, ordeno mis ideas y aclaro mis sentimientos y emociones, así que mejor escríbeme y te respondo.

-Ya lo sé. Tienes señal, que bueno. Te voy a escribir entonces, pero cuando vaya a Chiloé conversemos igual.

-Sí, es que me espanta tanto la idea de que mis monos se conozcan, no me interesa en lo absoluto. Yo soy feliz haciéndolos y los quiero; me gusta compartir mi espacio con ellos. Aquí calladitos y solos. ¿Me entiendes? Que los demás sepan de mí y lo que hago me da pavor. Es que soy una maniática, pero tienes razón: por qué no mostrar lo que uno hace, para qué tan encerrado.

Fotografías: Hugo Ángel y Antonio Becerro

-Sí poh, no te vaya a dar el síndrome del anacoreta huraño.

-No podría ser catalogada de ermitaña. No soy de esas personas que, al pasar tanto tiempo solas, creen que todos están en su contra; esos seres son muy sensibles con las críticas que se les hacen y ven fácilmente un insulto en los que se les dice. Es muy difícil relacionarse con ellos porque interpretan palabras bien intencionadas como insultos, piensan que todo es un ataque. Mira, a mí no me gusta que me adulen, pero me gusta compartir y que me quieran. Todos somos frágiles en algún punto, delicados, así que todos necesitamos cariñito. Lo peor que te puede pasar cuando das cariño es que te escupan, solo eso, pero en ese caso el problema es de quien escupe. Yo tengo mi vagabundo borrachito preferido que no es ermitaño, le doy platita para su vinito y habla conmigo, tiene una mirada muy profunda y tierna. Cada vez que voy a Castro converso con él.

-Clarita, no te estoy haciendo una emboscada, no puedo publicar las fotos ni esta conversación si tú no quieres. Después me demandas y te haces millonaria, jajajá. Mira, sea como sea, yo voy a estar yendo a Contuy, porque hicimos un convenio de colaboración entre la Comarca y Perrera Arte. Con Pablo (Carvacho) ya nos dimos la mano, nos tomamos una fotografía y firmamos el convenio formal en la misma Perrera. Además, cada vez que vaya a la Comarca, voy a pasar a conversar contigo.

-Tú sabes que soy una persona muy aprensiva. Voy a terminar exponiendo mis privacidades y voy a romper todos mis monos por culpa tuya. Yo pensé que solo querías hacer una exposición de mis monos en tu palacio para tu público, pero ahora estás escribiendo y tomando fotografías.

-Recuerda que yo tengo en mis planes ir a pintar a la Comarca una temporada y, si todo resulta, me tendrás allá para tirarme las orejas. Está todo bien, Clarita. La Comarca y la Perrera son bellos proyectos, cada uno en su diferencia y dimensión. Y si alguna vez vienes a Santiago por supuesto que tienes que pasar a verme a la casa de Capitán, del gran Capitán.

-Huuuu, coshita más linda el gran Capitán. Bueno, no te preocupes, en todo caso no voy a poner palitos en tu camino para dificultar tus planes y estos proyectos. Si necesito poner cara de weona para la foto, la voy a poner, aunque mi body no (ríe feliz).

-Es importante el otro. Lo que hablamos esa noche de lluvia allá en tu casa: el otro, el que te valida, el espejo para que quede memoria de tu identidad, la historia y el legado de la persona.

-Oye, pasando a otro tema ¿cuándo se presenta el Fondart?, porque me gustaría presentar el proyecto de las aves, los dibujos, los pájaros de estos potreros con los bosques negros al fondo.

-La fecha está más o menos encima, hay que presentarlo ya.

-Lo que pasa es que tengo temor de presentar un proyecto, temo que me rechacen por la edad. Claro, no lo van a reconocer, por la ley del cabrito este, la de (Daniel) Zamudio. Porque la Ley Zamudio dice cero discriminación a ningún ser humano. Sabes que me da susto porque, por lo general, en este país los viejos son muy achacosos.

-Pero, por último, di que tienes otra edad y mandas una foto de otra persona.

-(Ríe) Claro, les digo: “Esta soy yo”.

-Todo es metáfora, como la vida de Juan Emar. Bueno, algunos no.

-Juan Emar, pinche viejo. Sí pues, lo que te dije la otra vez (en la primera parte de esta entrevista) no es objetivo, es mi interpretación surrealista de Juan Emar.
-Renato Cárdenas me dijo que el solo hecho de saber que Clarita Yáñez es hija de Juan Emar bastaría para que se le reconociera y se apoyara su trabajo, y que eso llamaría la atención y atraería a más gente interesada en la cultura de la región de Chiloé.

-Chis, mira, no lo había pensado. No estaría nada de mal, uno necesita sus luquitas porque tú sabes que estamos viviendo con lo justo.

-¿Qué piensas de lo que dice Renato Cárdenas?

-Mira, yo no soy la famosa, la fama de Juan Emar es de él y no mía. Yo no lo amamanté ni tampoco lo crié, pero, si sirve ahora de algo, sería entretenido.

-Sí poh, Clarita, así terminaríamos más rápido tu capillita. ¿Cómo vas el altar, con tus ángeles y patronos? Acuérdate que yo quiero pintar el cielo con mis querubines y mis cinocéfalos. Se me ocurre un poco parecido al cerúleo que pinté en el Museo Piccolo de Italia. Además con esas luquitas podrían hacer otras construcciones para que los residentes crearan en su estancia allá en Contuy. La Comarca esta súper bien, ustedes lo han hecho muy bien, funciona, pero siento que todavía es muy de pasada para los que llegamos de afuera.

-Lo sé. Lo que pasa es que falta money para hacer un galpón, por ejemplo, para exponer y tener una mesa de grabados con torniquetes.

-Hay que ver la fórmula de conseguir recursos. De todas maneras, tú estás bien allá, estás protegida. El mundo es una tuerca muy apretada, incluso sin que uno la apriete más. A nadie le importa, se perdió todo tino sobre el arte y la cultura, sobre nuestra identidad. El famoso Ministerio no es otra cosa que un misterio sin resolver, en su mayoría copado por funcionarios aturdidos por el trabajo: economistas, abogados, contadores y personajes siniestros atornillados allí desde la era de Aylwin. Pasando a algo más luminoso, ¿en qué estás ahora?

-Ya dejé de leer al vampiro (Bram Stoker), me cansé. Ahora leo a un mexicano que habla de la revolución cultural. Es más entretenido, esperanzador y menos oscuro. Tú sabes que una de mis mejores vidas en esa época fue cuando estuve por la fiebre del oro en la baja California. No encontré nada de oro, no me hice rica, pero sí encontré un verdadero oro impagable en las noches y las mañanas allí, un aprendizaje único, sublime, sobre el ser humano, sus sueños, lo que mueve las ambiciones, en un paisaje conmovedor muy adentro de cada uno. Toda esa gente de distintas partes del mundo, todos con la ilusión de encontrar oro, que no era otra cosa más que encontrar la ilusión de la vida, el sentido singular de la existencia. Oye, a todo esto supe que esta la escoba en Santiago, ¿por qué no te vienes para acá? Te esperamos, me tienes que contar de tu viaje a las Europas.

-Ya quisiera yo. Tendré que esperar que la pandemia termine, que levanten la cuarentena y que los chilotes me dejen entrar a la isla.

-Pucha, caí. Te esperamos, acá seguimos conversando.

Continuará…

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