Chiharu Shiota, la japonesa que necesita dormir en sus instalaciones

De seguro que 2015 ha sido el año más intenso en la carrera de Chiharu Shiota. Además de representar a Japón en la Bienal de Venecia, Italia, con esa enorme barcaza sobre la que pendían miles de llaves desde un cielo rojo, la artista visual también presentó trabajos en la Primera Bienal de Asia, en Seúl, Corea del Sur; en la Kenji Taki Gallery de Nagoya, en su país natal; en la K21 Kunstsammlung NRW de Dusseldorf, Alemania; en el Espace Culturel Luis Vuitton de París, Francia, y en la Stadtgarerie de Saarbrucken, también en Alemania, el lugar donde se formó y actualmente reside.

“Sin duda que Venecia es como la Olimpia del arte. He visto grandes nombres ahí. Buenos trabajos, aunque no los mejores”, sintetiza Chiharu Shiota, quien a diferencia de otros artistas de su categoría no se conforma con que los montajistas cumplan a cabalidad las indicaciones técnicas de su diseño, sino que se encarga en persona de esa tarea, que, dadas las características de sus obras, resulta especialmente fatigosa.

“Muchas veces duermo dentro de las instalaciones para completarlas”, cuenta la artista japonesa. “Cuando mi cuerpo está dentro de ellas, me siento cómoda y doy la pieza por terminada. Me interesa el performance. Ha estado conmigo desde el principio, como una forma diferente de tratar los materiales, de tocarlos más directamente. A menudo siento miedo, siento que mi cuerpo me abandona. No es una cuestión sobre la vida o la muerte: tan solo siento que no me acompaña. Intento recobrar así la conciencia”, detalla.

Si bien en sus primeros trabajos utilizó y reflexionó sobre el cuerpo, su propio cuerpo, con el paso de los años esa presencia se fue diluyendo hasta desaparecer casi por completo en las grandes muestras que se enumeran al principio, donde, como en una telaraña, las tramas de lana terminan por envolver pianos, sillas, escaleras, vestidos, zapatos y otros muebles y utensilos que también se han despegado del cuerpo.

“El ser humano está presente en mis trabajos. No me gusta que esté de forma física, pero su existencia está presente. Es el espacio el que me interesa. Si hay alguien concreto en él, ya nada puede ser creado. Diría que el tema de mi trabajo es la ausencia. Intento mostrar la existencia en un espacio vacío. Quizás solo vemos objetos, y eso hace que se generen historias, historias de personas y sobre la existencia humana. Por eso siempre utilizo objetos usados”, dice la artista.

Además de atreverse casi siempre con la totalidad del espacio, la trama de tensiones que conforman la obra de Chiharu Shiota puede leerse como una sola composición, como un bosquejo o un dibujo achurado hasta el detalle. “Busco el entendimiento rápido. No creo que (mis instalaciones) sean frágiles. Utilizo todo el espacio para agrandarlo y hacerlas fuertes. Quiero que la gente forme parte de la obra y la sientan de un modo inmediato, no que vayan despacio mirándolo todo cuidadosamente o tratando de comprender”, explica.

¿Por qué la lana? Es una pregunta que la artista siempre tiene que responder. “La lana funciona como lo hacen mis sentimientos. A veces se enreda, otras se suelta o se tensa. Así son las relaciones entre personas. Estas pueden ser tirantes, romperse o cambiar. La lana es espejo de los sentimientos, de mis propios sentimientos. Por eso no puedo mentir. Si estoy furiosa, los trazos de lana nunca podrán ser suaves. Es como si me pusiera a pintar o dibujar. Con el hilo, estoy dibujando en el aire”, concluye Chiharu Shiota.

Citar es citarse: http://www.chiharu-shiota.com



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