Carol Contreras, vestuarista: “El encaje tiene un erotismo oscuro, medio perverso”

Por Héctor Muñoz / video: Pablo Bravo

La residencia de Carol Contreras nada tuvo que ver con lo que propuso originalmente. “En mi taller en Cahuil estaba desarrollando nuevas técnicas de textil a partir de las hilachas de trabajos anteriores. A Perrera Arte llegué con la idea de seguir en esa investigación teniendo como tema el amor, pero no podía hacerlo, no encontraba cómo. Rápido se fue todo al carajo y entonces decidí replantear el proyecto a partir de unos maniquíes muy extraños que me facilitó Antonio Becerro”, cuenta.

-¿Y cómo hiciste el giro?

-Como yo hago diseño escénico, inventé una nueva historia para poder llegar al resultado de obra en la residencia. La historia fue que estos maniquíes que tenía y había elegido, tres torsos y uno completo, eran cuatro mujeres que estaban en pleno ritual y que algo o alguien llegó, las petrificó y las dejó congeladas eternamente. Mi misión en esta residencia fue regalarles sus últimos vestidos para que ellas pudieran terminar su ritual para ascender a los cielos o descender al infierno.

-¿Cuál fue la técnica entonces?

-Seguí trabajando básicamente con hilachas, cola fría y agua. Fui adaptando estos materiales y nuevas formas a sus cuerpos, y, entremedio, les puse telas con látex y tul. No le he puesto nombre todavía a la obra y solo falta la última etapa, que es el montaje para las fotografías, en el que estos maniquíes van a estar instalados sobre escombros, acompañados de brazos, piernas, extremidades que conformarán la figura final. Todavía no ocurre eso.

-¿Cómo estás visualizando esas imágenes?

-El montaje fotográfico está pensado como un montaje de modas, es decir, tendrá una luz que permita enfocarse en los detalles, que se vea y se pueda palpar el textil. Sabemos que eso es imposible, no se puede tocar efectivamente, pero sí dilucidar cómo es al tocarlo, cuál es esa textura. Las hay de todo tipo: texturas rugosas, suaves, brillantes. Trabajé harto con tul, que tiene esa dualidad de verse muy frágil pero es muy duro a la vez y permite darle una estructura a la figura; es un material súper delgadito, fino y se puede jugar mucho con él.

-La sensualidad tiene su dureza.

-Son como los personajes femeninos de las películas de los años 40, 50 y 60. Lo primero que se me viene a la cabeza son las femme fatale, particularmente las de Alfred Hitchcock, cuyas protagonistas se vestían con encajes, telas finas, pero las tipas eran unas zorras. Me interesa esa dualidad: una persona no puede ser feliz todo el tiempo ni estar triste siempre.

-¿Alguna película en particular de Hitchcock?

-“Rebecca” (1940), cuya particularidad es que la protagonista está muerta. Nunca aparece Rebecca, solo está en el imaginario de los actores secundarios que cuentan la historia de ella. Y cuando se muestra esto, Rebecca es una zorra que hacía lo que quería, no tenía respeto por nadie, era caprichosa y vestía elegantemente con tul, con encajes muy delicados, de la alta sociedad. Es como “El ángel exterminador” (1966) de Luis Buñuel: la clase alta es aparentemente perfecta, pero, cuando empiezas a escarbar, sale lo peor de una sociedad. El encaje está relacionado con la sensualidad, que de por sí tiene esa doble lectura: es algo hermoso, inalcanzable, pero también algo muy oscuro. El encaje tiene un erotismo oscuro, medio perverso. Un personaje angelical nunca va a estar vestido de encajes, ni de negro o rojo. Por eso para mí el vestuario es tan rico en las obras teatrales o en la danza, porque es otro lenguaje en escena que te habla más del personaje. Si tú presentas un personaje que viste de blanco con telas flotando, de inmediato se asemeja como algo divino, limpio, puro; pero si pones una dama con encajes, con guantes de látex, altiro imaginas que la tipa se las sabe todas y es manipuladora. En el fondo es una visión súper masculina también.

-Por cierto.

-Los hombres y las mujeres tenemos esas dualidades. En esta investigación del vestuario, uno de los maniquíes está completamente de rojo. Ese maniquí está gritando y tiene malformaciones. Eso también anuncia algo, es el rojo de la explosión, de la pasión. Como todo ritual, este hallazgo de las cuatro mujeres petrificadas o congeladas, también tiene que ver con la naturaleza. Por lo mismo, cada una de ellas tienen un signo orgánico en el pecho: una serpiente, un arbolito con moscas, una abejita y unas ramitas de árbol. La naturaleza está súper incorporada en este ritual de las brujas, si quieres ponerles un nombre a estas mujeres malvadas.