Carmen Berenguer: “Todo Chile está trabajando para 4 o 5 empresarios”

Por Ana Bustamante

Acompañada de su crespo perro Obama, Carmen Berenguer nos recibe en su departamento de Plaza Italia, el símbolo divisorio de la ciudad. Viene llegando de Las Cruces, donde se encontraba terminando sus próximos libros. Apenas a la vuelta de su casa, en la calle Almirante Simpson, está la Sociedad de Escritores de Chile (Sech), de la cual ella fue presidenta, y que ahora “está a un paso de legalizarse como Sociedad de Escritores y Escritoras”, según nos cuenta.

-Un gran paso para la Sech. ¿Cómo cree que se están dando las relaciones de poder entre los géneros?

-Yo no veo que haya relaciones de poder entre los géneros, veo que hay grupos de mujeres que no se han entendido, que no buscan un objetivo común. El aborto es un objetivo común, pero dime tú ¿se van a poner de acuerdo si de alguna manera están influenciadas por la Iglesia Católica? ¿O por el derecho a la vida, como defiende la UDI? Es difícil que la mujer pase a ser una autonomía que diga: “Este es mi tema y este tema yo lo voy a defender”. Ojalá que eso ocurra y que esa decisión sea una decisión común, porque si las mujeres no entienden que es un asunto importante están muy mal. Porque, ¿cuál sería el otro tema? ¿Llevar una mujer a La Moneda? Ya la tenemos.

-Que ellas se empoderen.

-La palabra empoderar a mí nunca me ha agradado. Porque ¿qué significa empoderar?

-Que la mujer pueda tomar decisiones, básicamente.

-Pero para eso necesita tener base, pero no desde el poder, porque la mujer no va a tener nunca el poder. Es la esclavitud más larga. Entonces hay que luchar por el aborto y por ganar lo mismo que el hombre, esas son las demandas básicas de la mujer en este momento. Y para las escritoras y los premios nacionales paridad en todos los lugares. Esa es la actitud: lograr un lugar por medio de la organización y la fuerza política. Pero no significa empoderarse, porque eso yo no lo entiendo. Nadie tiene poder aquí. El único poder que hay es el de las Fuerzas Armadas y la policía. Aunque haya una mujer en el gobierno. Ya ves todo lo que le ha ocurrido a Michelle Bachelet; lo único que han tratado de hacer es desbarrancarla. Como lo hicieron alguna vez con María de la Cruz, a quien le inventaron un robo con el hijo, también un problema con el hijo. Creo que ha quedado explícito que la idea es parar los avances que se han dado para hacer de este país un país más decente.

-¿A qué se refiere?

-Este es un país con una enorme desigualdad en todo sentido, hay una injusticia brutal. Mira, la mujer arrastra la más larga esclavitud, pero Chile vive una esclavitud brutal. La mayoría de las personas son obreros educados. Esa es la realidad: no hay profesionales, son obreros. Hay una esclavitud y los que gobiernan este país son el empresariado y las Fuerzas Armadas. Este es un país empresarial. En ese aspecto, no puedes creer que para Semana Santa salga a hablar (el cardenal Ricardo) Ezzati, por ejemplo. Es una vergüenza que la religión todavía se arrogue el poder de organizar y dirigir un mensaje por las mujeres. No puede ser.

-¿Hay ahí responsabilidad de las propias mujeres?

-La mujer siempre fue culturalmente articulada como la niña bonita: “La niña bonita ha salido del baile, baile que baile que baile”, “espejito, espejito, quién en la más bella”. Hay una cultura que armó a la mujer. ¿Y qué pasó con las mujeres choras como Gabriela Mistral, Gladys Marín, Violeta Parra? Tenemos líderes, figuras estupendas a quienes poder seguir. Las mujeres tienen que aprender que tenemos una genealogía que debemos defender como mujeres, sin envidia. Porque es ella la única que nos salva. Los hombres cuando articulan se agrupan, se defienden siempre y hacen movimiento en torno a algo. Y yo creo harto en el movimiento. El movimiento puede desarmarse después, no importa, pero si logró un cometido, fantástico. El movimiento que teníamos nosotras en la dictadura fue un movimiento contracultural muy importante que también se desarmó

-¿Por qué razón?

-Porque se institucionalizaron todos los temas.

Carmen

-¿Cómo observa la sociedad chilena?

-Me llama la atención la cantidad de gente que está hablando en estas redes sociales puras huevás. De verdad te lo digo, hablan puras huevás. Es como un pelambre público, pero sin bases reales. En vez de estar organizándose para parar esta situación. Imagínate, tenemos un 19% de impuesto al libro y hay un programa carísimo en el Ministerio de Educación para la lectura. Es una contradicción tremenda. Hay que bajarle el precio a los libros, aunque eso no signifique que vaya a leer más la gente; ellos no leerán porque hay muchos aparatos audiovisuales. Cuando viví en Estados Unidos, los tontos no sabían ni leer. Entonces esto ha venido a apoyar una elite cultural, una elite de medio pelo. He dicho (risas). Es bien oprobioso vivir en este país.

-¿Asocia el caso chileno a lo que ocurre en Estados Unidos?

-Mira. Llegó (Milton) Friedman y habló del capitalismo popular, que decía que todo el mundo puede tener un negocio. ¡Por eso aquí hablan tanto del emprendedor! Si son como loros comprados por los yanquis. En el pueblo norteamericano hay gente interesante, culturalmente inquieta, no todos los gringos son malos. Pero hay una parte de ellos que lo único que piensa es en el penny (centavo). Esta cultura actualmente es como clones, como la UDI, donde andan todos disfrazados, con el mismo uniforme. Estos clones recibieron información allá por el año 70. Mientras estaba (Salvador) Allende en el gobierno, ellos fueron a estudiar los preceptos de esta economía en la Universidad de Chicago. Basta ver la película “Wall Street”, ahí está clarito como veían una empresa y luego la compraban. Debilitan a las más chicas. Aquí ni siquiera tuvieron que hacer eso. Aquí utilizaron todas las empresas nacionales. Entonces todo se ha hecho mal, a la rápida. Vieras tú la corrupción que hay con las alcaldías, si vas a los pueblos chicos, te vas a dar cuenta del poder que tienen. Eso fue un negociado con la Concertación. Si la Concertación es de derecha, es socialdemócrata. Yo no sé por qué se llaman socialistas, a mí me da pena. Hicieron la tesis hartos años atrás, pero ellos no tenían la intención de cambio, de revolución ni de nada. Si lo único que les alabo yo a esa gente es que saben bien lo que quieren, en cambio, nosotros perdimos el norte. Esta es la gran derrota de la izquierda chilena. Simplemente no existe, excepto el Partido Comunista. Lo que nosotros tenemos que pelear es la democracia nuestra, y para eso hay que derrotar absolutamente esta economía. Esto nos va a llevar a la ruina. Todo Chile está trabajando para cuatro o cinco empresarios. En la Concertación hay una cantidad de gente que apoya este sistema a ojos cerrados, esa gente nunca más debiese ser elegida por nadie.

-¿Por qué dice que la literatura chilena es narcisa, macha y occidental?

-Porque tú no puedes pensar que en Chile haya tanta desigual, lo que se expresa también en las instituciones, como en la literaria, donde hay una desigualdad de género brutal, el género en la literatura chileno no existe. Cómo podríamos sostener que solo cuatro premios nacionales mujeres hicieron algo interesante en cien años, mientras que el resto eran solo hombres y todos eran buenos, genios. Es una cosa absurda, porque la democracia se tiene que instalar en todos los lugares. Cuando, como mujer, dices “voy a escribir” me tengo que diferenciar, por ejemplo, de Gabriela Mistral, sin embargo acá en Chile no se le consideró un discurso importante y ni siquiera tiene herederos literarios. Las mujeres no siguen ni siguieron a Gabriela Mistral. ¿Por qué? Es una pregunta que hay que hacerse. Ella además fue una mujer muy solitaria. ¿Por qué? Pero también fue tremendamente inteligente, sagaz, porque no fue una chica pobrecita. Fue aguda para poder articular su grupo de apoyo para llegar donde quería hacerlo. Ella fue muy política porque tuvo que construir artimañas para estar donde estaba.

-¿Había gente que no quería que estuviese donde estaba?

-Claro, y al mismo tiempo Gabriela Mistral tuvo que esconder su sexualidad, que es la otredad, la otra lengua, personalísima, que articuló su saber -yo me imagino- a partir de sus lecturas, pero al mismo tiempo desde su homosexualidad. Aquí eso siempre fue ocultado. Y la homosexualidad también tiene escritura, como el color y la negritud también tiene escritura. Se escribe y se canta desde ahí.

-En su caso, ¿a qué apunta su mirada a la hora de escribir?

-A la búsqueda de un lenguaje que sea capaz de pensarme a mí misma y contribuir con ese pensamiento a otras escrituras. Es el lenguaje y lo que me rodea lo que soy fundamentalmente.

Carmen Berenguer y Carola Jerez

-¿Qué escritores le gustan?

-En Chile y afuera hay muchos. En base a la lectura puedes tu remedar; no es malo copiar, porque así se aprende, se te van quedando decires de otras formas de articular y articularse. Aunque existe gente que copia literalmente también. Hay cuatro libros que siempre me acompañan y fíjate que son autores de principios del siglo XX. José Martí, Rubén Darío, Gabriela Mistral y las hermanas (Victoria y Silvina) Ocampo de Buenos Aires, aunque eran más pitucas, eso sí (ríe). Con Michel Foucault uno puede analizar el poder y Julio Ramos también me interesa mucho porque tiene un análisis de la crónica latinoamericana y sus ciudades.

-Usted también escribe sobre las ciudades.

-Sí, porque yo he sido siempre urbana, aunque también disfrute la cordillera. Como siempre he sido asmática, me llevaban mucho a respirar a la montaña. Me encanta porque tiene esos cambios tan radicales. Nosotros somos montañeses, aquí no hay urbe, es el valle de Santiago que está lleno de cerros, aunque no somos conscientes de eso. Y también me gusta el mar, son nuestras dos radicalidades: vivimos entre esta enorme pared de roca y el mar. Esto de lo urbano te encasilla y eso es una lata. Todo es móvil. La provincia de Chile fue construida en base a una crónica, date cuenta: la de Alonso de Ercilla, ésa es nuestra construcción simbólica. Surgimos a partir de una crónica, de la poesía. Esa es nuestra constitución pero tenemos el afán de ser lo que no somos. Chile ha roto su valle y no organizadamente, si no como se le da la gana.

-¿Cómo cree que contribuye la poesía a la construcción del paisaje?

-Los que constituyeron nación en América Latina fueron José Martí, Rubén Darío, Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Gabriela Mistral y muchas otras mujeres. Todos ellos fueron críticos audaces contra el sistema y articularon lo que sería a futuro. “Calibán”, de Rubén Darío, habla de todo lo que nos ocurre ahora y si lees a José Martí te deshace con tres versos. A ellos hay que leerlos porque son maravillas, ¡saben articular un poema que te da en los callos! Se le teme tanto a la literatura porque es la palabra más cercana que tú puedes tener para decir las cosas.

-Entonces los escritores tienen que estar atentos a lo que se está haciendo y diciendo.

-Claro, cuando el escritor es muy experimental, contribuye al avance literario porque hay otra manera de observar el mundo que la ve el arte, que es desarmar todo lo que encuentran normal y articular de otra manera su embrollo. Y para descifrar esos signos tenemos que estar premunidos de un tiempo. Si tú piensas en los escritores malditos, ellos fueron la escritura del porvenir. Nunca fueron entendidos en su tiempo, pero si son entendidos ahora, un siglo después. Eso es lo que de alguna manera lees al reverso de los medios de comunicación. Los medios periodísticos son sociales, porque son útiles para contribuir a que se extienda una idea. Pero la literatura va en contra de eso, va a su reverso, busca otra manera de decir lo que tú estás diciendo de manera explícita.

Carmen Berenguer y Pedro Lemebel

-¿Qué significa para usted Pedro Lemebel?

-Con Pedro Lemebel fue siempre una amistad política y cultural. Yo empujaba a Pedro a meterse en algo, él era un poco más reticente porque era más anarquista, también. Fue una amistad duradera y conflictiva, como todas las buenas amistades. Hicimos una política del diálogo cultural. Hasta los últimos días, hasta la semana anterior en que Pedro se fue, siempre pasaba a verme. Nuestra amistad fue de hacer cosas, muchas cosas. Entre ellas, Las Yeguas del Apocalipsis, que se hizo en esta casa, el nombre se puso en este departamento.

-No sabía eso.

-Sí, las cosas hay que decirlas para que no venga otro gurú a decir que inventó al Pedro. Al Pedro nadie lo inventó, él se fue inventando a sí mismo como todos los artistas. No hay nadie que les esté entregando ideas ni nada a los artistas. Hay diálogos con otros artistas nada más. Y ese es el diálogo que yo tuve con Pedro. Imagínate que el otro día estaba revisando mis cosas y había un cuadro con el pelo de él. Cuando me lo regaló me dio hasta lata: “Qué se imagina éste que me viene a regalar el pelo”, pensé. El pelo que se le había caído lo puso en un cuadro y me lo regaló. Y lo otro es la entrada a la universidad, que fue muy política. Fue un trabajo que hicimos en conjunto, en el que yo no participé directamente, porque la idea es que ellos inaugurarán un discurso homosexual que no existía.

-Era un discurso que estaba silenciado.

-Sí, y Pedro lo articuló. A partir de las crónicas, de su trabajo literario articula un pensamiento homosexual muy chileno y particular también. En Las Yeguas, como en todos los grupos, tuvimos cosas buenas y cosas no tan buenas. Pero, cuando las personas se van, uno debe recordar lo mejor de ellas. Quedó el retrato de Pedro, quien era una persona muy buena, de muy buen corazón. Tenía su carácter, como todas las personas, pero era una persona muy sensible. Sobre todo, sensible. Juntos hicimos un trabajo donde, en el fondo, se pierde autor.

Fotografías: Felipe Vial y Gonzalo Goya



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