Becerro: Mis últimas batallas en Chiloé

Por Antonio Becerro / fotografías: Gilberto Cartes

A veces las batallas de nuestra existencia se liberan en otro lugar, en otros espacios, en otro mundo, no en esta presencia. Dichas guerras se están desarrollando en alguna parte, no aquí, sino en algún mundo paralelo. Es como si alguien estuviera dando la pelea por nosotros.

Es curioso, pero es un tema para llorar porque no somos público ni territorio de nuestras tragedias y no podemos defender nuestras propias causas. Tu esfuerzo, tu suerte y tus dramas no cambiarán ni un milímetro lo que está reservado para ti. El curso y la trayectoria de los hechos son tu único destino.

La versión de ver la mañana como un milagro de un día más ganado aquí en la Tierra, es diferente según los días. Todo acto se transforma en tratar de construir una versión similar al día anterior. El conflicto por sostener lo real versus lo irracional se remonta al origen de la humanidad, es un enfrentamiento primitivo que pone lo invisible en el centro de la vida.

Todos vivimos la misma historia, pero la contamos de forma diferente. Tal vez esa extraña intervención, llámalos santos o demonios, chamanes, brujos, mágicos, espectrales, ángeles, seres divinos sin ninguna duda están aquí a nuestro lado. Todo lo que digo no lo vemos, solo lo sentimos con tanta vibración que la realidad por un segundo se ve lejos, muy distante a una solución de nuestros incentivos o la lógica humana.

Nosotros, la jauría, por el contrario, mandados por el aullido, liberamos aqui en la Tierra, en el jardín de este mundo, la batalla. Esperamos ansiosos, un tanto lisérgicos de Luna, atrás de los muros fumando y bebiendo algo que nos une para enfrentar la militancia del día a día. A veces nos mordemos las patas y reñimos entre nosotros, pero los conatos los sostenemos aquí. En la peregrinación de nuestras filas ponemos a los ancianos sabios antes de nosotros, a los guerreros en la retaguardia y a los mágicos en la avanzada.

El aullido no es de dolor o solo para juntar a la jauría, aullamos para sentirnos vivos y de allí vamos a la cacería. Cuando salimos de la cueva pasamos más de un cuarto de hora descolocados. Cuando dormimos a pata suelta en el paisaje, soñamos, roncamos y nos reímos como las hienas. Bajamos la calle con la puesta del sol drogándonos los ojos de marrón a azules, de negros a rojos, con las lenguas y los dientes ardiendo en sangre y fuego. Tengo ganas, tengo ganas, tengo ganas de ti. Somos seres transformándonos todos los días por la majestuosidad de lo creado.

Dedicado a Flory y Capitán, mis dos grandes amores que ya no están aquí.

“Jauría” es una serie de esculturas recientes que manufacturé en 2023, obras donadas a la colección del Centro Experimental Perrera Arte.

Agradecimientos eternos al maestro Justo Milodón.