Antonio Becerro: “Los Tetas tendrán que defender su música con más música”

Por Pablo Asenjo

Antonio Becerro está feliz por estos días porque frente a la Perrera Arte se instaló el circo del Tony Caluga. No deja de mirar por la ventana como los artistas circenses, encabezados por el propio Abraham Lillo San Martín, Caluga Junior, realizan su abnegado trabajo para traer alegría y color al barrio. “La Perrera también es como una gran carpa, pero de cemento”, comenta el artista visual mientras evalúa su última gran apuesta de gestión, L’Arts 2017, y prepara sobre la marcha la cuarta versión del mismo encuentro.

-¿Qué percibiste del público que se congregó en L’Arts 2017?

-Lo pasaron bien. Un público como siempre diverso, heterogéneo. Fueron tres días de un público muy respetuoso, ávido de saber y conectarse con el otro. Harta familia con cabros chicos, vecinos y personas interesados en el arte. Me encantaron los saludos de amigos, abrazos de desconocidos y uno que otro regalo. L’Arts fue una producción impecable. Sumamos un día más a las celebraciones, el Día del Patrimonio Cultural y el encuentro de cocina migrante, por tanto los costos fueron muchos más altos. Mejoramos la seguridad, los servicios higiénicos, la atención al público, presentamos una puesta en escena con tecnología de punta los tres días y alcanzamos a hacer algunos arreglos a la infraestructura del espacio.

-La demanda por ver por primera vez en vivo y en directo la historia de la Perrera desbordó el recinto en el Día del Patrimonio Cultural. ¿Qué imágenes te quedan de esa experiencia?

-¡Uuuf!, de todo. Nosotros, los que estábamos en la producción, veníamos de dos días intensos con mucho que hacer todavía. Pero en realidad ese día supero todas las expectativas. En un momento tuvimos que cerrar el tercer y segundo pisos porque estaban desbordados por la gente que vino desde distintos puntos de Santiago, incluso algunos de regiones. Y la gente estaba muy interesada. Eso sí, para la próxima es mejor que el propio equipo de la Perrera realice las charlas sobre las tres historias de este mítico lugar. Es un relato especifico de un edificio, de una arquitectura mutante que cuenta con anécdotas propias en sus distintos momentos históricos entre 1927 y 2017.

-¿Qué te pareció la reacción del público, de las familias, frente a las obras visuales de L’Arts 2017?

-Notable. Te cuento solo una de las tantas. Un niño se quedó pegado con la obra que intervino Carlos Leppe. Sus padres lo dejaron un momento. Al rato el niño repetía en voz alta lo que tiene escrito la pequeña pizarra que cuelga de la escultura canina: “Yo soy mi padre”. Se acercó saltando a sus papás y les grito: “Yo soy mi padre”. El papá lo miro y le dijo: “Qué vas a ser tu padre”. Todos se rieron.

Retrato principal: Gonzalo Donoso

Galerías fotográficas: Camila Sánchez Andueza y Gonzalo Goya

-El acto de comer juntos tiene una potencia difícil de describir y los rituales de la gente de Chiloé dan buena cuenta de eso. Háblanos un poco de cómo viviste en primer plano el curanto en hoyo de Lorna Muñoz.

-Exactamente, es difícil describir lo que pasa con un acto tan ritual como lo es el curanto en hoyo. Fue tan humano como juntarse a comer. Admiro a Lorna y a Nadja Mancilla. Su sentido social de agrupar y hacer un hoyo para cocinar los frutos de esta tierra. Aperradas las chilotas, son increíbles, trajeron productos originarios de Chiloé: chancho ahumado, milcao, longanizas, entre otros productos, y hojas de nalcas para cubrir el cocimiento. Yo soy fan de la isla de Chiloé, voy siempre, y me quedé pegado pensando: ¿Hace cuánto tiempo existirá este ritual de cocina? El fuego, la tierra, los olores, el cocimiento me daban la impresión de estar frente un plato jurásico. Te transporta en el tiempo. Una olla en un hoyo que te comunica como un tubo en el tiempo. Sabores prehistóricos.

-Después de esta experiencia, ¿qué reflexión puedes hacer de la cocina migrante, que también fue parte del encuentro? ¿Cómo viene esa cocción?

-Cocción total. Quiero puro hacer otro encuentro. Y lo veo con otras nacionalidades, amigos sin fronteras de lenguas y credos. Estuvo increíble. La diversidad, el juntarse y compartir como una sola tribu. Los cocineros eran secos todos ellos, mis respetos a la gente de Haití, Colombia y Perú. No alcancé a probar porque vino mucha gente. Me quedé abajo de la mesa.

-Este año se incrementó de manera significativa el patrimonio del Centro Experimental Perrera Arte con la incorporación de cinco nuevas obras a la colección del espacio. ¿Qué nos puedes indicar del modo de operar que tuvo este trabajo casi en directo con los artistas invitados?

-Es lo que más me satisface de hacer en L’Arts: convocar a artista jugados que entienden la historia y tienen la convicción de hacer una exposición colectiva de arte contemporáneo para la comunidad sin dramas ni tonteras de la vanidad. Esta exposición y colección bajo la curadoría de mi olfato se va convirtiendo en una colección única, de lujo. Incorpora obras conceptuales, pintura, escultura, grabado, fotografía y exponentes del arte urbano que aportan con la reflexión y la subversión. Por cierto que sigue abierta al público hasta el 30 de julio.

-¿Cómo estás viendo lo que ocurre en la escena del arte chileno en un año tan singular como éste?

-El arte con el modelo actual de libre mercado ha perdido significativamente su característica principal, su lado humanista. Pasó de lleno a ser decorativo y comercial, por tanto se ha vuelto zonzo, pesado para la gente. No genera interés ni aporte alguno para salir siquiera de su propia crisis. No tiene importancia como medio de expresión para la agenda de un país. El artista contemporáneo se ha quedado solo, no tiene una comunidad, una ciudad, un país, un público que lo apañe, no tiene con quien compartir sus logros y festejarlos, razón por la cual es casi imposible vivir del arte en Chile. Esto se agrava por la displicencia de la academia y su lenguaje abstracto, encerrado en sus cuatro paredes, las paredes del profesor al alumno instruido para una chicharra tipo comercial, taquilla y farandulera de unos cuatro pelagatos. Al estudiante de arte se le está engañando. La academia dejó de ser lo que era: el saber, el entender, el comprender en la acción. Tiene miopía, astigmatismo, respecto de la lectura actual y correcta de la calle y sus texturas. La academia fracasó en su vanidad en Chile, no sé de cierto qué pasó en otros países.

-En L’Arts destacaron varias bandas, entre ellos Los Tetas. ¿Qué piensas de las acusaciones contra Camilo Castaldi?

-La violencia, venga de donde venga, de cualquier género, es nefasta. Es la salida brutal de una democracia en decadencia desde su origen, desde el tránsito pactado de la dictadura a la dictablanda. Hay violencia cuando un hombre le pega a una mujer, cuando un adulto, de cualquier sexo, le pega a un niño o cuando un cabro chico güeón golpea a una mascota indefensa. Lo lamentable es que en la nueva sociedad chilena se rasgan vestiduras de inmediato. Hay gente que muestra su peor cara en estas lides. Hay una suerte de asesinato virtual por las redes sociales que lo único que hace es impulsar a un par de locos a masacrar al caído y ahí todos celebran porque se hizo justicia. Chile es el país de la patada maletera cuando estás en el suelo. Ese clima enfermo es el que me preocupa, no puedes opinar porque, si no, te llegan las penas del infierno de los papistas, de los maoístas, de las feministas y todos los istas de este santo país. Hay que dejar que se aclare la situación de una pareja y de todo un entorno que debe estar afectado por esto. Y ni qué decir del resto de los integrantes de Los Tetas, una banda que, al igual que nosotros, lleva 22 años trabajando en lo suyo. Ojo, cuidado, a cualquiera le puede pasar, somos la raza humana y, en determinadas circunstancias, nos podemos convertir en un monstruo para la ciudadanía por defender lo nuestro. Al final, bajo esta lógica, no somos lo que mostramos sino lo que escondemos.

-¿Te podrías explicar?

-Yo tuve mis cinco minutos también. Cuando expuse las obras de taxidermia de “Óleos sobre perro”, pasé de ser un pintor de tela a un monstruo en un santiamén. Todo el mundo se me vino encima, me odiaban incluso los amigos, que me decían para qué hacía esas cosas, que yo me la buscaba. Me siguieron, incluso, en varias ocasiones y tuve una que otra pelea callejera. Los fanáticos animalistas compraron con zapatillas y fueron tirar panfletos a mi estudio amenazándome de muerte. Todo esto se agravó con el episodio en que le tiré un perro muerto al entonces diputado Fulvio Rossi en el programa de televisión “El termómetro” por acusarme de matar a mis mejores amigos, los perros. O cuando apoyé las acciones y poemas del deeler Patricio Egaña y todos me decían “¡¿Cómo te metes con ese delincuente!?”.

-Pero el propio Egaña, que en paz descanse, se reconocía como un delincuente.

-Pato Egaña era dos seres en una misma persona. Existía un ladrón que lo gobernaba pero también era un gran escritor, un artista marginal que hablaba desde la cárcel y desde su homosexualidad. Las leyes se refieren a las excepciones de la eticidad de las costumbres humanas de un pueblo y los castigos más duros apuntan a lo que no está de acuerdo con esa ética, por tanto se castigará lo raro, lo extraño, lo terrible, lo bárbaro y extranjero que escapa a esa ética.

-Los Tetas ya son una banda de culto en su género. ¿Crees que superarán esta situación?

-Exactamente. Los Tetas son una banda reconocidísima por su aporte al catálogo musical chileno y latinoamericano. Tendrán que defender su música con más música, con lo que sembraron y pueden seguir sembrando, y es deber de su público apoyarlos.

-Las feministas acusan de machistas a los hiphoperos.

-Las letras del hip-hop y, sobre todo del reggaetón, son letras que instrumentalizan la violencia y el sexismo como una choreza contra la mujer y, aún así, hay mujeres a las que les encanta. Otros culpan a la cocaína, el dinero y el amor. Incluso algunos nos han cuestionados por incluir a Los Tetas en nuestro aniversario 22.

-¿De qué forma, por qué?

-No, si la estupidez humana sorprende siempre, no tiene límites. Como si yo tuviera que pedir que le hicieran un examen toxicológico y siquiátrico a cada artista que pasa por este espacio. Esa cuestión provinciana, católica y fascista de doble estándar que tiene el chileno de esta democracia postmoderna le da licencia para arrojar mierda con todos sus miedos. Todos esos papistas sin contradicciones deberían canalizar esa energía y defender a las niñas del Sename o a las chicas mapuches, que todos los días son violentadas por un Estado policial. Vayan a defender a los animales que viven un verdadero infierno. Eso es lo que más me preocupa, la violencia de Estado con los dados cargados hacia los poderosos y el silencio de una sociedad permisiva. Gracias a Dios soy artista y eso me ha ayudado a soportar la brutalidad de este mundo y me da fuerzas para aguantar el laboratorio social llamado $hile. También me ha permitido torcer esa realidad y crear mecanismos de supervivencia a mi favor.



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