Becerro habla de Taxidermia 2000: “Para aclarar, mi idea nunca fue provocar”
Por Catalina Rivadeneira / reel: Pablo Bravo
Antonio Becerro llevaba apenas dos años a cargo de Perrera Arte cuando, 1997, su obra mudó de la pintura a la taxidermia, disciplina que estudió en el Museo de Historia Natural con Ricardo Vergara y otros maestros y que luego llevó a la calle, etapa en la que recorrió las principales autopistas de la zona central recogiendo los perros atropellados en las autopistas por el avance feroz de la modernidad ostentosa. Ahí nació su frase “Aquí cayó Becerro”, que daba cuenta del levantamiento del cadáver canino, de la víctima del progreso, como si fuese el sitio del suceso policial de un crimen hecho y derecho.
Parte de esa obras se presentarán ahora en la Cumbre Paredes/Becerro, donde el artista visual hará una puesta en escena que enmarcará la presentación de Silvio Paredes, el músico de Electrodomésticos y Los Mismos, quien hará la versión más completa hasta ahora de #KLOTA, su proyecto performático inspirado en el sindicalista Clotario Blest (1899-1990), en el que, provisto de una pala y un destornillador, produce ruidos elementales que traen a la memoria las luchas y masacres de la clase obrera en Chile.
-Becerro, ¿cuándo parte Taxidermia 2000 y qué segmentos de obra consideró en su proyecto total?
–El proyecto en sus distintas etapas y tiempos considera: investigación, tomar la decisión, aprendizaje de la especie canina -comportamiento, sobrevivencia, anatomía-, estudio de la técnica de la taxidermia, absorción de los conocimientos práctico-teóricos de los maestros del Museo de Historia Natural, levantamiento de los escombros orgánicos, traslado de los cadáveres al laboratorio, corte y confección. Después vienen las fotografías, cortos, videos, textos, invitaciones, diseño de catálogos y luego el montaje de exposiciones en museos y galerías, y la itinerancia de las obras. Posteriormente agregué el diseño y fabricación de las vitrinas de fierro raspado, que incluye el trabajo con fierros, latones de espesor considerable, electrodos, guantes, máscaras, galletas, tronzadoras de perfiles y ángulos apropiados para la soldadura, apoyándome siempre en maestros especializados.
-Harta y variada pega.
-Considerando los datos anteriores, el proyecto Taxidermia 2000 está todavía en ejecución, pero se inicia en 1997 pasando por los distintos soportes de retención y extensión de la obra. Es decir, no ha encontrado su lugar, su molde, su camisa de fuerza, su estancamiento, como ocurre con el lenguaje y la academia. La piel transita, es un cuero que se mueve en el río.
-¿Cuál es tu conexión con lo orgánico?
-Aunque lo hubiese dicho todo, o lo expusiera todo, incluso así no cubre la totalidad del conocimiento adquirido. Lo orgánico es la primera capa, la piel; es el óleo sobre la tela, pero ahora dudo que seamos orgánicos, o lo que entendemos por eso. Desde que me dediqué a abrir y diseccionar cuerpos para estudiarlos, sospeché que somos material plástico en descomposición. Un material sensible eso sí, que se estremece. Pero al fin y al cabo somos percolados sintéticos, algo así como desechos industriales.
–¿Qué pensabas en el momento que hacías esas obras?
-Creo en ese momento estaba en la innovación, me perseguía la idea de lo original. Deseaba esculpir un nuevo material y esa fue la piel, el cuero. Es así como el bisturí se convirtió en mi cincel. Fue un paso que me absorbió, me sacó de la pintura al óleo y me llevó a lo orgánico. Ahora ambas técnicas tienen vida propia o, por lo menos, se mueven por estímulos de placer, como las cosquillas donde más te guste o te incomode. Taxidermia 2000 planteaba ver todo quieto y silencioso; una forma también de detener el movimiento, de contener y atrapar el tiempo con mis propias manos. Era interesante en ese momento ser un hombre de bríos, un artista profesional como investigador, un removedor cultural capaz de alterar los cimientos sociales del poder sobre el cuerpo. Para aclarar, mi idea nunca fue provocar, yo creía que estaba haciendo arte para todos y que nadie se lo cuestionaría. Perdón, pero esto da para mucho…
-Lo último, ¿por qué hoy te interesa trabajar con Silvio Paredes y cuál es a tu juicio su principal aporte al arte en Chile?
-Silvio es un gran músico y yo veo esta acción en conjunto como un tributo a este destacado artista nacional que ha sido significativo en muchos sentidos a la esquiva y catastrófica cultura artística en Chile. Su dossier de obra merece reconocimiento y me viene bien un ejercicio de obra compartida con él y sus creaciones. En varios apuntes estéticos y políticos dialogamos fuera de lo comercial y de lo que busca la mayoría en el sentido común. El problema con lo común es, justamente, que es muy común. A estas alturas somos una rareza. Yo respeto mucho a los músicos, a los artistas buenos y he aquí uno de ellos y es chileno. En mi trayectoria siempre se aparecen los músicos talentosos y me influencian con sus armonías, sonidos, silencios y ritmos. Su lenguaje popular es orgánico, tanto así que me he visto componiendo música sin saber de la escritura formal de la música y escribiendo textos que se convierten en letras de canciones. Todo esto dice relación con Silvio Paredes, pues es uno de los músicos que me motivan y me influenciaron al momento de componer ladridos y aullidos.