Antonio Becerro expone hoy en París sobre la crisis de la sociedad chilena

Por Pablo Asenjo

Ya instalado a París, donde hoy jueves 24 realizará una conferencia sobre la cultura y el momento de crisis que vive Chile, el artista visual y director del Centro Experimental Perrera Arte, Antonio Becerro, efectúa una evaluación de la presentación que la factoría del Parque de los Reyes acaba de hacer en la asamblea general de Trans Europe Halles, en Timisoara, Rumania, donde esta maestranza artística fue el primer espacio latinoamericano invitado a exponer en esta red de 122 organizaciones culturales independientes de 33 países del Viejo Continente.

-En primer lugar, ¿qué abordarás en tu conferencia en París?

-La exposición se titula “Recontre encuentro en París” y se realizará a las 20.30 horas en la asociación Jour et Nuit Culture, ubicada en 9 Place Saint-Michel, 75006 Paris. Es una reunión convocada por varias organizaciones culturales, algunas de ellas vinculadas directamente con Chile, que por cierto están muy preocupadas por lo que está ocurriendo en estos momentos en el país. La conferencia estaba programada desde mucho antes, pero el estallido social registrado este fin de semana, el regreso del toque de queda, los militares en las calles y los numerosos muertos que se registran hasta aquí, generan inquietud en Francia, una nación que acogió a muchos exiliados durante de la dictadura de (Augusto) Pinochet. La intención es conversar sobre este delicado minuto y mi idea es insistir en que esto es producto de la convivencia morbosa de izquierdas y derechas en torno a la Constitución de 1980, de la instalación de una nueva clase dominante híbrida que pactó la transición, con sus abusos incluidos, y que hoy se muestra «sorprendida» por lo que ocurre, por el desprecio que muestra la ciudadanía hacia su orden mezquino. Hablaré de aquello a partir del abandono de la cultura, el arte y la identidad, cuestión que nosotros, como espacio de creación y reflexión, venimos advirtiendo desde hace años.

-Volvamos a Rumania, nos interesa saber sobre la participación de Perrera Arte en la asamblea anual de Trans Europe Halles. ¿Cómo fue aquello?

-Fue una presentación breve junto a la periodista y productora Amancay Wessel Hofer, porque había distintas actividades al mismo tiempo, pero igual fue harta gente a escucharnos, incluso algunos de los líderes y organizadores. Fuimos como los extraños, los exóticos. Llamó la atención la capacidad de resistencia en un mundo como éste, globalizado. Preguntaron cómo nos financiábamos y cómo nos proyectábamos al futuro. Nuestras imágenes conmovieron. Era sin ninguna duda un encuentro de organizaciones independientes, principalmente de los países más ricos de la comunidad europea.

-¿Qué lazos surgieron?

-Tomamos contacto con muchas organizaciones, como Bitamine Faktoría, un proyecto vasco que ya realiza residencias en Brasil y Argentina. Están interesados en Chile y la Perrera porque ya tenían buenas referencias de nuestro centro. Del mismo modo, establecimos relación con Allerweltshaus Köln, una organización de derechos humanos de Alemania, que incluso me entrevistó para su radio online. Quedamos en compartir experiencias y mantener los lazos, puesto que coincidimos en varios puntos tanto culturales como ciudadanos. Nos reencontraremos en Santiago.

-¿Qué te llama la atención de lo que se reflexiona hoy en Europa?

-Ellos están en otra lógica, ya pasaron, por así decirlo, de una gestión de guerrilla, como la que se vive en Chile en espacios como el nuestro. Si bien son independientes, gracias a que son organizados, vieron la forma de presentar todos estos centros unidos a la Comunidad Europea, que los financia y les exige que ingresen más organizaciones similares de Europa. Su estructura ideológica es absolutamente distinta a la nuestra. Ellos asumen que están en el modelo global y de mercado, de modo que ocupan las herramientas que les ofrece el modelo. Entonces la Comunidad Europea, a través de Trans Europe Halles, ayuda a buscar y dar las herramientas de cooperación entre el sector privado y los gestores culturales. Cada uno busca su propio financiamiento, es como la Ley Valdés de Chile, pero sin tanta burocracia. Lo interesante es que funciona.

-¿Qué te parece digno de replicar en Chile?

-Sin ninguna duda, el hecho que se puedan organizar y llegar a acuerdos, entendiendo que el problema de la cultura es global. Hay un sinsentido, un apagón cultural mundial. Creo que eso es un dato para un análisis más profundo, pero de todos modos es un asunto que pasa por la identidad. La fuerza de este meeting en Rumania está también en el querer, en la voluntad, algo así como “el que quiere, puede”. Claro está que, pese al diagnóstico de la crisis, la cultura es la base fundamental de los europeos.

-¿Cómo viste su preocupación en lo estrictamente artístico?

-Es raro esto porque en Timisoara, una ciudad pensada para el ciudadano y que en 2021 será Capital Europa de la Cultura, hay espacio para todos, áreas verdes y muchas construcciones monumentales patrimoniales, herencia de la era comunista. Entonces el lenguaje artístico contemporáneo tiene que estar a la altura. Tanto aquí en Timisoara, como en Roma o París, el arte actual de buena factura se ve al servicio de lo decorativo y el mercado, es muy bonito para la venta y la decoración de los espacios arquitectónicos de los más pudientes. Lo otro que observo, tal como ocurre en Santiago, son las producciones de gran formato, series a escala que se imponen con un discurso libre, donde el espectador goza y saca su conclusión. Por lo general están en el espacio público.

Fotos: Prensa Perrera Arte

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