Aventuras en el Huerto Jardín. Prólogo: la propuesta secreta de Bárbara y Tania

Por Constanza “Coni” Valdebenito

Aventuras en el Huerto Jardín. Prólogo. Bárbara acaba de llegar a esta ciudad en el fin del mundo y en la mudanza ha descubierto un viejo baúl de su madre, que en realidad perteneció a su abuela, quien lo heredó de una tatarabuela ya escondida en el tiempo. No pudo traer todo el tesoro a la tierra prometida y solo subió al avión con un libro corpulento. El baúl y el resto de su valioso contenido quedaron bien resguardados bajo tierra. “¿Por qué tienes ampollas en las manos?”, le preguntó su madre, pero ella eludió el asunto diciendo que “era la pena”. El dolor de partir se entendía.

El mencionado libro hacía esfuerzos para cargar sus tapas, donde en letras de oro indicaba su título Fórmulas secretas para sobrevivir en este mundo después de la pena, de autor, autora o autores “desconocidos”, según se consignaba en letras manuscritas más abajo. De ahí sacó Bárbara la palabra “pena” y otras tantas frases que fue anotando en paralelo en su Diario privado de recuerdos, un disco duro Toshiba, algunos pendrives de dudosa marca y bajo precio, y también en los baños de su antigua escuela. Se hacía la loca cuando la inspectora interrogaba con soberbia: “¡¿Quién se atreve a rayar las paredes de este patrimonio?!”.

“Tania, ¿sabes lo que descubrí en el libro que te indiqué?”, le preguntó Bárbara a su partner mientras ambas compartían una manzana sabrosa como ninguna. “No”, le respondió la nueva amiga. “Que todos los frutos vienen de la naturaleza y que, sin ellos, ¡no viviríamos!”, casi le gritó. “Chuta, ¿no viviríamos?”, replicó Tania. “Te digo que no”, se escuchó.

La conversación siguió hasta que ambas dieron de baja la manzana, guardaron en un pañuelo desechable las pequeñas semillas de tono caoba que el fruto escondía y, como dos viejas conocidas, se fueron caminando por una inmensa alameda paralela a un río hasta llegar, después de muchas dudas y reflexiones, a la idea de hacer un Huerto Jardín, propuesta aparecida ya en las primeras páginas de Fórmulas secretas o simplemente FS, como ambas decidieron denominar el descrito libro para “ahorrar palabras y avanzar más rápido”, según convinieron.