Argelia Villegas: “El flamenco es en sí un aullido que emerge y se transforma”

Por Argelia Villegas Silva (*)

Si la pregunta por los orígenes del arte flamenco ha generado sendos debates entre los flamencólogos clásicos y contemporáneos, pocos podrían cuestionar que, dentro de las propiedades formales que lo constituyen como expresión cultural y artística, la intensidad emotiva podría considerarse como condición sine qua non. Esta característica fundamental está lejos, como bien sabemos, de ser un resultado estético azaroso. Ya a finales del siglo XVIII se hablaba de un cante profundo o cante jondo: un canto que desgarra la garganta y que nace para expresar los dolores de un pueblo. Manuel de Falla, uno de los compositores españoles más importantes del siglo XX, lo describe como “un rarísimo ejemplo de canto primitivo, el más viejo de toda la Europa. Él posee la desnudez y la emoción estremecedora de las razas orientales”.

Acercándonos a su evolución histórica, podríamos decir que el flamenco es en sí un aullido. Un aullido que emerge y se transforma según su contexto socio-histórico y político. Un grito de lamento, orgullo y resistencia que emerge desde las entrañas de un pueblo oprimido, explotado bajo el yugo del poderoso. Así, el flamenco crece y traspasa fronteras, volviéndose una expresión ya no sólo de desgarro comunitario sino que, siguiendo su camino de mestizaje, adopta mixturas de pueblos vecinos.

Allí radica la genialidad de “Aullidos, encuentro de ejercicios experimentales en torno al flamenco”. En el desgarro violento que significa el apropiarse de un fenómeno artístico-cultural cargado de historicidad y, a primera vista, ajeno, reconstruyéndolo con discursos diversos que evolucionan en territorios compartidos. Estos territorios albergan experiencias que dejan huellas profundas y que, sin embargo, parecen no ser vistas, no ser degustadas, como si se diluyeran en una temporalidad fugaz cuya mirada está puesta en un futuro ya adeudado. Aullidos vuelve a la raíz a partir de evocaciones sensibles en torno a un denominador común, en este caso el flamenco, irrumpiendo a modo de denuncia en un contexto histórico-social contemporáneo secuestrado por una contingencia que promueve una productividad (artística o no) en base a una mercantilización de obras, afectos y emociones.

Imagen principal y galería fotográfica 1: Lorna Remmele

En sus cuatro días de duración, “Aullidos, encuentro de ejercicios experimentales en torno al flamenco”, nos estremeció con propuestas conceptuales distintas. Allí presenciamos cuerpos que gritan, que cuestionan un presente y las modalidades en que éste se desarrolla. Un grito contra la hegemonía de una industria que instala lo variopinto del paisaje cultural como un bien; un grito cargado de afectos e intensidades; un alarido desde el hastío. Un acto político que nos remite a la memoria, a la resistencia, retándonos a tomar partido en este presente, a responsabilizarnos dentro un colectivo diverso en lenguajes, colores y quehaceres.

Así, esta memoria, esta resistencia y esta denuncia se traducen dentro de la propuesta de “Aullidos” en movimientos colmados de pasiones. Pasiones que en un presente casi imperceptible se vuelven un acto de protesta. Danza, poesía, performance, música y artes visuales se reúnen para confrontarnos a nosotros mismos, para afectarnos, provocarnos, interrogarnos y librarnos de la apatía. Objetivo ampliamente logrado, gracias al trabajo de artistas que, en un espacio vestido de huellas de historias a la vez macabras y esperanzadoras (la alquimia del arte) como el Centro Experimental Perrera Arte, develan ante nuestros ojos, cuerpos torturados y remozados, esquizofrénicos y resilientes. Declamaciones agudas que nos captan como colectivo, nos remecen por medio de la aguda ironía y también nos turban con cuestionamientos directos. Movimientos que nos evidencian como sujetos sociales y políticos, creadores activos o pasivos responsables de aquello que somos y lo que nos rodea.

Lo que ocurre in situ es un fenómeno complejo tanto para los artistas como para los espectadores, puesto que conlleva una transformación permanente que va más allá del acto de representar un evento, más allá también de la acción de presenciar, por más fundamentales que estas tareas sean. La complejidad radica en que los procesos de esta propuesta artística implican negociaciones de identidad, por lo tanto de sentido y de significaciones: ¿Cuánto de aquello que me es propio se lía con aquello que viene del otro? ¿Qué es lo propio y qué es lo ajeno? ¿Cuándo lo ajeno se vuelve propio? ¿Cuánto me dejo afectar por el otro? ¿Cómo esta afectación transforma mi espacio íntimo y también el colectivo? Estas preguntas que podrían considerarse como básicas a la hora de emprender el desafío de una creación artística que aborda el mestizaje de lenguajes, pueden ayudarnos a profundizar en la comprensión de procesos de hibridación cultural, tan propios de contextos socioculturales complejos como el nuestro.

(*) Argelia Villegas Silva es magíster en etnomusicología y antropología de la danza, UCA, Francia; doctoranda STAPS en antropología de prácticas corporales, École de Lettres, Sciences Humaines et Sociales, UCA, Francia.

Galería fotográfica 2: Lorna Remmele y Valery Espinoza Galdames

Bibliografía referencial sobre el flamenco

-Arnaud-Bestieu, Alexandra et Arnaud, Gilles (2013). «La danse flamenca. Techniques et esthétiques». L’Harmattan. París.

-Bois, Mario (1999), «Le flamenco». Marval. París.

-Leblon, Bernard (1985). «Les gitans d’Espagne. Le prix de la différence». PUF. París.

-Pasqualino, Caterina (2008). «Flamenco gitan». CNRS Editions. París.

-Sandoval, Gabriel (2003). «Flamenco attitudes». Editions Solar. París.

-Sandoval, Gabriel et Bernardo (1998). Le flamenco entre révolte et passion. Milan Editions. París.

-Thede, Nancy (2000). Gitanos y flamenco. Los ritmos de la identidad. L’Harmattan. “Passerelles de la Mémoire”. París.



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