Álvaro Vidal: “En las Islas Desertores hay mujeres que tejen mascarillas de lana”

Por Héctor Muñoz

El distanciamiento social es un problema al revés en el Grupo Desertores, un conjunto de ocho islas que constituyen el extremo habitado más oriental, es decir, más cercano al territorio continental, del archipiélago de Chiloé. Las islas Chulín, Chuit, Imerquiña, Autení, Nayahue y Talcán, además de los islotes Nihuel y O’Higgins, se sitúan a unos 20 kilómetros al noreste de Chaitén, separan los golfos de Ancud y Corcovado, y están en aguas bravas y profundas, difíciles de navegar.

El fotógrafo independiente Álvaro Vidal, colaborador permanente tanto de Perrera Arte como de las agencias informativas internacionales France Presse y Reuters, pudo llegar en estos días a la zona a bordo del buque Cirujano Videla, de la Armada de Chile, que habitualmente presta la única asistencia médica y dental que reciben los cerca de 400 habitantes de estas islas. Por razones meteorológicas y condiciones de navegación, hasta ahora no se había podido realizar la más reciente de estas rondas sanitarias, la cual estuvo marcada esta vez por la emergencia del coronavirus.

“Acá no ha habido casos, la lejanía territorial ayuda en eso, pero igual se realizaron los respectivos de exámenes de PCR y se entregaron las cajas de ayuda, que vaya que son útiles por estos lados. La gente vive aquí en condiciones muy extremas”, resume Álvaro Vidal, que si bien había navegado por la zona y ha registrado todas las catástrofes naturales que se han producido en los últimos años desde la región de Los Lagos al sur, nunca había fotografiado esta parte de Chile.

“El temple de la gente es sorprendente, conocí una señora que vive en las condiciones más básicas, sin agua y sin luz, y que la única agua que tiene para beber, cocinar y hacer el resto de las tareas domésticas, la obtiene de lo que recoge y acumula en baldes de la lluvia”, dice Álvaro Vidal, quien destaca el ingenio de los habitantes de Desertores, islas que en el siglo XIX habrían sido el refugio de algunos carpinteros chilotes que abandonaron la segunda expedición del HMS Beagle.

“Hay hombres y mujeres de gran inventiva. Una de ellas me llamó la atención ya que, al no tener las telas adecuadas para confeccionar sus respectivas mascarillas, simplemente las tejió de lana, con gran pulcritud de detalles y con el oficio que ellas han cultivado por siempre en ese arte”, cuenta Vidal, quien constató que estos operativos son un ritual importante para la población, la cual se presenta con sus mejores y más formales ropajes a la cita con los médicos. “También había niños, no estaban en clases, pero igual aproveché de hacer una foto de dos de ellas con su profesor en la sala”, agrega el profesional.

En cada una de las islas no hay más de ocho, diez o hasta una veintena de casas, no todas las cuales lograron ser visitadas, ya que las condiciones climáticas obligaron a postergar, hasta un mejor momento de navegación, la tarea. “Al menos ya puedo compartir con ustedes algunas imágenes de un Chile bastante desconocido para el resto del país, un lugar sobrecogedor tanto por el indomable paisaje como por sus indomables habitantes”, concluye Vidal.

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