Alegres vecinos en el Parque de los Reyes: un breve recorrido por el circo Tony Caluga

Por estos días de vacaciones de invierno el entorno del Parque de los Reyes se ha transformado. Mientras a pocos metros las empresas inmobiliarias siguen destruyendo el patrimonio arquitectónico de este hermoso barrio histórico industrial -levantado en otras épocas por obreros, empresarios y el propio Estado-, por primera vez se instaló un circo en el sitio eriazo ubicado en Avenida Balmaceda con Cueto, una gran manzana que antes albergó el Mercado Persa del Automóvil.

El productor, licenciado en arte de la Universidad Católica e integrante del Colectivo Perrera Arte Freddy Ibarra quiso conocer a estos nuevos vecinos y presenta aquí una serie de fotografías de la enorme instalación desplegada por los integrantes del Circo Tony Caluga, una empresa familiar liderada ahora por Abraham Lillo San Martín, Caluga Junior, el heredero de esta tradicional dinastía de payasos chilenos.

“Es un ensayo fotográfico, no un reportaje; es una propuesta de espacios y texturas, vacíos sin gente, amarras y tensores que muestran como se sostienen fìsica y estéticamente en la actualidad estas grandes carpas itinerantes que tanto atraen al público y, en particular, a los niños”, dice Freddy Ibarra sobre sus fotografías.

-¿Qué te llamó la atención del recorrido por este espacio de arte?

-Lo pulcro de la instalación, lo limpio. Todo está hecho y funciona en la medida justa de un conjunto de tensiones pensadas para el desplazamiento, para el viaje de ciudad en ciudad, para el tránsito por el paisaje tanto urbano como rural, para el montar y desmontar, para llegar y partir. Nada sobra, el conjunto es exacto y, además, siempre están haciendo una síntesis entre las antiguas y nuevas tecnologías, entre el oficio y la permanente innovación, entre la vieja rutina y la cita a la contemporaneidad.

NOTA AL MARGEN

Desde siempre, pero particularmente desde que el arte logró desprenderse de los temas religiosos, históricos y cortesanos, que marcaron durante largos períodos el desarrollo de la pintura de caballete, el circo ha estado presente en el imaginario de los artistas visuales. Signo de lo humano, colectivo y popular, los personajes del espectáculo circense se vuelven abundantes a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando, en particular los impresionistas, llevan su rebeldía y sus atriles a la calle para retratar la vida cotidiana y el presente. Edgar Degas (“Arlequín y Colombina”, 1886), Pierre-Auguste Renoir (“Acróbatas en el circo Fernando”, 1879), Henri de Toulouse-Lautrec (“Amazona en el circo Fernando”, 1888), Paul Cezanne (“Arlequín”, 1888-1889) y Georges Pierre Seurat (“El circo”, 1891) son algunos de los que en esos años de intensa investigación en la pintura recurren a las escenas de un arte ancestral, interés que luego seguirá apareciendo en el trabajo de artistas como Pablo Picasso (“Familia de saltimbanquis”, “Arlequín” (serie), “Músicos”, “Acróbata y joven arlequín”, 1905), Joan Miró (“Circo”, “Caballo de circo”, 1925), Marc Chagall (“La acróbata”, “Los tres acróbatas”, 1926 y 1957) y muchos otros.



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