Marcela Said, cineasta: “Tengo ganas de escribir, de dirigir, de inventar, de imaginar”

Por Tamara Villagra

En plena filmación de su segunda película de ficción está la realizadora chileno Marcela Said, quien ha removido el cine nacional con importantes piezas documentales como “I Love Pinochet”, “Opus Dei” y “El mocito”, donde, con su particular y casi imperceptible mirada femenina, ha logrado adentrarse en zonas bastante íntimas y desconocidas de algunos grupos sociales poco tratados en la pantalla grande, como lo son respectivamente los seguidores más duros de Augusto Pinochet, la prelatura creada por Josemaría Escrivá de Balaguer que se reproduce en los sectores altos de la sociedad y la vida de un colaborador de última línea de los agentes de seguridad y torturadores durante la dictadura.

Tanto en estos trabajados documentales como en su primer giro a la ficción con “El verano de los peces voladores” (2013), la realizadora ha insistido en la investigación del comportamiento y los hábitos de la clase dominante del país, temas y personajes que volverán a aparecer con un nuevo registro en “Los perros”, una coproducción internacional que cuenta entre sus actores protagónicos a Antonia Zegers y Alfredo Castro y que por estos días estará grabando algunas de sus escenas en el Centro Experimental Perrera Arte.

-Estás en el rodaje de tu segunda cinta de ficción. ¿Eso significa dejar atrás definitivamente los documentales?

-No, por supuesto que no. Significa solo que estoy en un momento creativo diferente, en el que tengo ganas de escribir, de dirigir, de inventar, de imaginar; la ficción es sin duda diferente del proceso de mirar y registrar una realidad.

-Y para un realizador, ¿qué diferencias hay entre hacer documentales o ficción?

-No puedo hablar generalidades, solo puedo opinar desde mi experiencia. La ficción requiere mucha preparación y mucho dinero; el trabajo documental es un equipo pequeño, se va haciendo en el camino, eso es algo que la ficción no permite. Son dos maneras de trabajar muy distintas.

-Con los documentales “I Love Pinochet”, “Opus Dei” y “El mocito” entraste en temas espinudos y que en ese minuto se tocaban poco en Chile. ¿Has tenido censura o algún tipo hostigamiento luego de esos trabajos?

-La verdad, no mucho; algunos mails, llamadas. Sospecho que hay puertas que se cierran indudablemente al cuestionar la manera de actuar de grupos como el Opus, pero nada que me afecte realmente.

-El documental “El mocito” parecía que fuera además una película de ficción por esos personajes tan ellos, tan reales que daban la impresión de ser de mentira. ¿Cuéntanos la fórmula de dirección para llegar a esa verdad en los testimonios?

-No hay fórmulas, el secreto está en pasar tiempo con tus “personajes”, en conocerlos realmente y permitirles que se abran y te cuenten su verdad, sin juzgarlos.

-¿Cómo consigues acceder a círculos tan herméticos y conservadores para meterlos en tus producciones?

-Cuando dejas de considerar a quien estas filmando como algo lejano a ti mismo y logras ver en ellos tus propias contradicciones, yo te diría que esa es la primera manera de acercarte a ellos de una forma verdadera, luego el resto es solo tiempo y confianza.

-Parece que tratándose de los perros no podía quedar afuera el artista visual y taxidermista Antonio Becerro. ¿Qué te parece trabajar con él?

-Yo conozco el trabajo de Becerro desde sus inicios y siempre he admirado mucho lo que hace. Ya en el proceso de guión escribí pensando en las obras de Antonio, para mí era claro que teníamos que trabajar juntos y no lo digo solo porque trabaje con perros, sino por la fuerza de su obra, por su significado y su significante.

Fotografías: Archivo Marcela Said