Líneas de alta tensión significativa

Por Aldo Hidalgo (*).–

Comencemos con una pregunta: ¿Qué se ha realizado aquí? Respuesta: una instalación. Para nosotros, los arquitectos, una instalación es un acto originario. Es un Big Bang, como diría Hans Fox, que permite que algo comience a tomar lugar para luego revelarse, para mostrarse.

En este caso, la instalación quiere instituir un algo, un qué y para ello usa materiales para elaborar una esencial factura de tramas de acero, ritmadas de eventos figurativos, los perros, construidos en fibra. Sin embargo, más allá de la apreciación física, estos aceros son líneas de alta tensión significativa. Por lo mismo, la instalación material sugiere una detención reflexiva en el hecho que posibilita. Toda instalación muestra su anterioridad, contrariamente a aquellas inaugurales cuya anterioridad era el vertiginoso vacío, ésta nos habla de que estamos arrojados al mundo y ya contamos con trazas, con un paisaje, con algo previo que nos precede. Entonces, la instalación misma se alza en una anterioridad y por ello nos muestra este patio, estos corredores, este cielo, este suelo y estos perros. Si muestra las relaciones, las actuales y las posibles, su propósito esentrelazar las cosas.

Pero, ¿qué quieren mostrar estos entrelazamientos más allá de su física?

Si la anterioridad ofrece un suelo, después de ver la obra, la instalación, en la que Becerro nos propone cielo, podemos elucubrar que esta instalación lo que muestra es un suelo-cielo. No se trata de jugar con las palabras ni oponer el justo contrario a la propuesta del artista, se trata de disolver una oposición que resulta infructuosa para la comprensión. En contraste, al juntar cielo y suelo se halla un sentido diverso y quizá la única manera en que podemos leer, por ahora, esta propuesta que nos excede.

Si la instalación encajándose en el existente, entrelazándose al trato cotidiano, lo que busca es disolver oposiciones que sólo nuestro juicio, costumbre o gusto las da como tales, entonces estaacción de arte es congregante. Porque marcar el cielo sobre este suelo es otorgar un espacio que reúne, no sólo al humano, sino como vemos, también a esos otros seres diversos que interfieren, que se cruzan, que hacen declinar el espacio exclusivo, restringido de la academia, en apertura para todos porque es de todos, algo así como un espacio democrático. Y disculpen los celosos de este ilusorio concepto, pero en él vemos la punta del hilo del sentido y de la fuerza con que se han desplegado los cables que tensionan y atraviesan este espacio.

En este espacio, estos seres, el compañero del hombre se dice con buena intención, se mueven con libertad, como en toda espacialidad esencial, no sometida a regla, ordenamientos y restricciones a priori. Estos seres, que deambulan, huelen, reposan, indiferentes al tiempo nos abren la espacialidad para dejar ver su máxima apertura, su libertad. Estos seres nos abren a los lugares, asomándose a ellos u ocupándolos, aprovechando sus temperaturas, las cálidas o las frescas, las temperadas, como le gusta observar al profesor Ricardo Martínez. Ocupan lugares protegidos, en una espera eterna mostrándonos a su vez la suerte de una vida sin tiempo.

La esfera que habitan se cruza con nuestra esfera. Atentos al espacio, estos seres sin embargo mantienen la distancia, su instinto le dice lo raro que somos y así construyen los límites de su esfera propia, hablo de ése o aquél que pasa indiferente delante de nosotros, no de aquél que arropado entre humanos llega a tomar el aspecto de ellos. El que vaga, mira las cosas en sí mismas y no lo que nosotros creemos que son. Él quizá sólo nos escuche, vaya a saber uno en qué frecuencia, o quizá sólo nos vea, vaya uno a saber con qué nitidez. Su mirada se vuelca en algo incognoscible para nosotros. El resto es tratar de humanizar inútilmente a ese ser que al parecer busca instintivamente lo esencial, un suelo, pudiendo también encontrar cielo, como hoy se nos propone.

Fotografías: Marco Avilés

(*) Cruce de esferas, observaciones sobre la instalación “Encontraron cielo”, de Antonio Becerro, realizada por Aldo Hidalgo, director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Santiago en el Patio de los Perros, antigua Escuela de Artes y Oficios, el 18 de julio de 2012.



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