Kurü wüni, una mirada íntima de la resistencia mapuche

Un total de 21 viajes cortos, de tres a cinco días de duración, debió realizar la fotógrafa María José Caru para realizar su exposición “Kurü wüni, entre lo oscuro y claro del alba”, que presentó en la Perrera Arte. Provista de dos cámaras, una digital y otra análoga, la joven egresada del Arcos se fue internando en la comunidad lafkenche Mehuin, en San José de la Marquina; en la comunidad Carahue, en Nueva Imperial, Temuco; en la comunidad Mahuidache, en Quepe, Temuco, y en la comunidad autónoma Wente Winkul Mapu, en Ercilla, lugares donde capturó un retrato íntimo y colectivo de un pueblo enfrentado por décadas con el Estado chileno.

En 1060 imágenes, 360 análogas y 700 digitales, la fotógrafa documentó en blanco y negro una realidad que también modificó su propia mirada de las cosas. “Esta es una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido hasta el momento. Más allá de la fotografía, la teoría y de la distancia que me separaba cultural y físicamente de ellos, cada paso que daba en la zona araucana era un aprendizaje, complementado con sentimientos de tristeza, rabia, alegría y admiración”, cuenta.

-¿Por qué la opción del blanco y negro?

-La decisión de hacer este trabajo en blanco y negro fue para simbolizar mediante el gris, negro y blanco el limbo en que el pueblo mapuche se encuentra, al igual que el nombre de la muestra, “Kurü wüni, entre lo oscuro y claro del alba”, que indica que, a pesar de toda la persecución política que sufren las comunidades, existe la esperanza y está viva la resistencia por alcanzar la anhelada libertad. Pude constatar que el sentir de la tierra los llena de energía y que el alba cumple una función clave, ya que es la primera luz del día antes de la salida del sol y constituye como una representación tranquilizadora de la existencia. También sucede así con la fotografía, que es como una propuesta soñadora mediante la luz. El encanto de ésta simula una escritura de la realidad, donde se representan ideas o sentimientos mediante la imagen. Es por eso que el imaginario fotográfico puede rescatar la real esencia del pueblo mapuche, que mira el mundo no solo con los ojos, sino que siente y vive a través de la ñuke mapu (madre tierra).

-A la vez, la fotografía es un ejercicio de documentación y memoria.

-Sí, la memoria es el presente de un pasado y esto es no solo un método retrospectivo o estrategia del hombre, es también un efecto recreador, al menos en el caso de la memoria individual. Pero en la memoria colectiva o en cualquier representación social de carácter histórico hay siempre un relato oficial y una necesaria reconstrucción no oficial, que en muchas ocasiones se muestran antagónicas. Para mí, lo que propone la reconstrucción de la memoria tiene que ver con la problematización del presente, con el descontento que genera un sistema que pide a gritos ser explicado, relatado, construido y, al mismo tiempo, desarticulado.

-¿Tienes algún referente en tu trabajo?

-Martín Chambi, ese fotógrafo proveniente de un pequeño pueblo peruano de casas de adobe y techos de paja en los Andes de Carabaya, al norte del lago Titicaca, quien poco a poco se fue familiarizando con la fotografía y haciéndose parte de la llamada Escuela Cusqueña, que estuvo integrada por más de una veintena de fotógrafos que trabajaron en la ciudad de Cusco durante las primeras décadas del siglo XX. Hasta hoy en día, Chambi es  admirado por la manera de retratar el Perú de ese entonces, que estaba devastado y hambriento debido a la sobreexplotación de los recursos en los primeros yacimientos mineros de las empresas transnacionales, las cuales quebrantaron radicalmente la estructura social y económica que habían construido los pueblos originales y el campesinado.

-Además de la situación del pueblo mapuche, ¿qué otras realidades contemporáneas has retratado o te gustaría documentar con la fotografía?

-Uno de los primeros desafíos que me propuse fue retratar el cotidiano de las personas que vivían en las tomas de Peñalolén, que actualmente no existen. El fin de ese documental era denunciar la desigualdad social y el despojo del gobierno ante las necesidades básicas de la ciudadanía. Luego trabajé con los pescadores artesanales de San Antonio, que estaban siendo amenazados por la construcción del mega puerto y la Ley de Pesca. Con respecto a mis nuevos proyectos fotográficos, la principal motivación es perpetuar en la historia la lucha de clases, para poder aportar mediante la imagen a la reconstrucción de la memoria y lucha de todos los pueblos ante un sistema económico explotador.

-El desarrollo de tu proyecto coincidió con la muerte de Rodrigo Melinao. ¿Cómo viviste ese momento y que desafíos te planteó como fotógrafa?

-Fue impactante, emocionante y desgarrador ser parte de ese momento. Presenciar las injusticias que vive el pueblo mapuche con una nueva muerte a causa del poder político-militar fue impactante, ya que el genocidio no ha cesado desde la colonización hasta la actualidad. A pesar de la enorme tristeza que estremeció a toda la comunidad, el aire que se respiraba era de resistencia, escuchándose enérgicos sus gritos de lucha. En ese momento mi desafío fue registrar de manera respetuosa con el fin de denunciar un nuevo asesinato a manos del gobierno de Chile.

-En el conjunto de tu trabajo no se advierte la presencia de las fuerzas policiales. ¿No te tocó enfrentar esas situaciones de violencia directa, era muy complejo el trabajo fotográfico en ese caso o expresamente decidiste dejarlas fuera?

-Solo presencié un caso de represión directa en una comunidad, pero me fue imposible hacer un registro. El único registro que existe es una imagen de los perdigones en las costillas de un niño que fue atacado.

-¿Cómo fue tu relación en lo humano con las comunidades? ¿Cómo crees que te veían ellos al momento de desarrollar tu trabajo?

-Mi impulso por hacer este trabajo ha sido específicamente por mi relación con lo humano y por mis ganas de aportar a las reivindicaciones sociales y la búsqueda de la emancipación y liberación. Creo que al comienzo me miraban con un poco de recelo debido a mi cámara, pero poco a poco los lazos se fueron fortaleciendo en la medida que mis aportes eran concretos para denunciar las prácticas represivas que ejerce el gobierno.

-¿Qué nuevos pasos o eslabones estás pensando para tu trabajo fotográfico?

-Me estoy preparando para viajar por Latinoamérica para interiorizarme más de las diversas culturas y, de esa forma, hablar la unificación de todos los pueblos.