Breve recorrido por los 21 años de vida independiente de la Perrera Arte

Por Pablo Asenjo

“La Perrera Arte no es una institución que pueda ser entendida con los parámetros comunes y tampoco es un colectivo artístico tradicional. Más que un edificio o una construcción histórica con determinado valor simbólico, la Perrera Arte es un territorio, una geografía cambiante que aspira a completarse con quienes la habitan”. Así responde la licenciada en teoría e historia del arte y magíster en gestión cultural Allyson Gamonal cuando se le pide caracterizar el Centro Experimental Perrera Arte del cual ella, al igual que varias decenas de artistas de las más diversas disciplinas, forma parte.

Ubicada en el Parque de los Reyes, uno de los nuevos pulmones verdes de Santiago en la ribera sur del río Mapocho, la Perrera Arte es quizás uno de los espacios artísticos más singulares de Chile. Fundado en 1995 por el artista visual Antonio Becerro, el centro ocupa un edificio industrial del líneas arquitectónicas únicas que data de principios del siglo XX y que, originalmente, fue diseñado como el primer horno crematorio de basura de la capital. La rápida expansión de la urbe fue dejando obsoleta esta función original y, en los años 50 y 60, la construcción fue destinada al encierro y sacrificio de los perros callejeros de la ciudad.

“La ex Perrera era como un símbolo del horror para los vecinos que se agolpaban en las afueras de este recinto para recuperar sus perros durante el período de gracia de dos o tres días que se les daba antes de ser sacrificados, que era la forma violenta que en ese minuto se daba el Estado para `corregir’ la ausencia de políticas sanitarias para el control de la población canina. Lo interesante es que, cuando Becerro se hace cargo del lugar para transformarlo en un espacio de arte, decidió conservar el nombre original, recogiendo así una identidad dolorosa, traumática, de la ciudad. Ya desde su nombre, la Perrera Arte vehicula la mirada crítica, que no soslaya ni elude el fondo, de la producción artística que aquí se produce, exhibe y difunde”, explica Héctor Muñoz Rojas, presidente de la organización.

Pese a que en el momento de su partida el centro era prácticamente una ruina en notable estado de deterioro que se mantenía en pie gracias a su estructura de hormigón armado, la Perrera Arte rápidamente se transformó en el lugar favorito de los jóvenes creadores que, a mediados de los años 90, cuando Chile transitaba tímidamente a la democracia, carecían de espacios para realizar y mostrar su trabajo.

“En aquel tiempo, la Perrera ya era el Paseo Ahumada (el principal bulevar de Santiago) de los apetitosos de arte nuevo. Se paseaban pintores, escritores, poetas, performancistas, teatristas, bailarines, artistas del nuevo circo. Había que tener ganas y cojones para pararse en la Perrera y hacer algo”, recuerda el actor y director teatral Pato Pimienta, que en esos años formaba parte de La Patogallina, reconocida compañía de teatro que durante largo tiempo tuvo su centro de operaciones en la Perrera Arte.

Por lo abundante del dossier, resulta difícil detallar la cantidad de artistas que han expuesto en la Perrera Arte, aunque de esos primeros años no se pueden dejar de mencionar las muestras de importantes creadores nacionales como Guillermo Núñez, Pablo Domínguez, Pedro Lemebel y exposiciones como “Salmuera”, de Francisca Núñez; “La locura”, de Janet Toro; “Pulsaciones”, del chileno cubano Norton Maza y, más recientemente, “Procesiones de Chiloé”, de Guillermo Grez, las cuales se recogen en la siguiente galería fotográfica.

Concebida como una galería en el estilo de los grandes galpones que funcionan en algunas ciudades de Estados Unidos y Europa, los 1.250 metros cuadrados de la Perrera Arte fueron desde su inicio la gran nave en la que todos los artistas visuales querían exponer, situación que fue potenciada por la mirada de su curador Antonio Becerro, que venía de dirigir la recordada y desaparecida galería Bucci, de propiedad de Enrico Bucci, mecenas y artífice de buena parte de la escena nacional en los últimos años de la dictadura.

Convertido en un gran espacio independiente y con la mirada curatorial que solo un artista le puede entregar a un lugar de exhibición, la Perrera Arte se transformó desde sus inicios en el sitio alternativo a la academia, dominada en ese minuto, pero también desde antes y después, por las miradas totalizadoras y clientelistas del trabajo artístico.

“Desde siempre, la Perrera Arte ha llamado al mestizaje. En este lugar han ocurrido todo tipo de expresiones artísticas, desdibujándose las líneas fronterizas arbitrarias y amordazantes de la institucionalidad plástica tradicional. Allí donde las escuelas de arte, las galerías y los museos dividieron, clasificaron, editaron, corrigieron y presentaron desde un marco o un escenario, la Perrera Arte permitió la mezcla, fomentó el encuentro y el intercambio, abrió las puertas y esperó que sucediera algo maravilloso: que el arte y su público, que los creadores y sus disciplinas se fundieran sin límites doctrinarios de ningún tipo”, indica Allyson Gamonal.

Al impulso inicial de los artistas visuales no tardarían en sumarse creadores de otras disciplinas, como teatro, música, cine y danza, aunque siempre con el sello experimental que distingue al centro, que se autodefine como factoría o maestranza, ya que además de generar muestras y exhibiciones de todo tipo, es un lugar de producción y residencia artística.

A comienzos los años 2000, gracias a la propia gestión de los artistas que sostienen el proyecto y sin financiamiento directo del Estado, el Centro Experimental Perrera Arte realiza una importante inversión en infraestructura, que le permite detener el deterioro que venía sufriendo el edificio por décadas e iniciar un progresivo proceso de restauración del mismo, trabajo que ha valido el reconocimiento e interés de las escuelas de arquitectura de las principales universidades del país.

“Iniciamos el proceso de recuperación del edificio cuando todavía no se hablaba del patrimonio arquitectónico con el interés que hoy despierta el tema en el país. Nos gusta hablar de restauración, ya que, al igual que ocurre en la pintura, se ha hecho un trabajo minucioso que, junto con ir habilitando por zonas la construcción, siempre ha respetado con apego la dolorosa preexistencia de un lugar de sacrificio animal. Los cielos conservan las partículas de cenizas de los perros que fueron sacrificados en este horno de hormigón, lo que le otorga una carga material y simbólica al espacio, como lo perciben los numeros artistas nacionales y extranjeros que tienen la oportunidad de trabajar acá”, explica Muñoz Rojas.

La recuperación patrimonial ha permitido que los artistas que exponen o realizan su residencia en la Perrera Arte puedan desarrollar su trabajo en mejores condiciones que en los comienzos heroicos, lo que ha dado paso a interesantes producciones de largo aliento, como el rodaje de la película “D-construir”, de Eduardo Bunster, quien durante tres años trabajó en el lugar en este filme de stop-motion, que le ha valido importantes premios internacionales, como el primer lugar en el Festival de Cine Fantástico de Sydney, o varias de las producciones del realizador de video-danza Paulo Fernández, ganador del premio Empac de Nueva York 2011, por su cinta “Fauna”, realizada también en su integridad en la Perrera Arte, con dirección artística de Antonio Becerro.

Los premios internacionales y la circulación de artistas le han dado nuevos aires a la Perrera Arte, que en estos momentos, aprovechando las tecnologías virtuales y las mejores condiciones de traslado de obras y creadores, está conectada en línea con el mundo, con varios artistas formados en el lugar integrados a las escenas de otros países y visitas permanentes de creadores extranjeros.

Entre estos intercambios, destacan en el último tiempo la venida de los coreógrafos franceses Claude Brumachon y Benjamin Lamarche, que este 2015 presentaron en la Perrera Arte una versión especialmente adaptada de su obra “El testigo” con los bailarines de la compañía de danza Espiral; las interesantes visiones curatoriales de ida y vuelta con el editor italiano de arte Lorenzo Zichichi, director de Il Cigno y del Museo San Salvatore in Lauro de Roma, o la producción de gran escala que significó la muestra internacional “Post Mortem”, una co-realización con Yessr y La Petite Mort Gallery de Canadá, que incluyó a 27 artistas de siete países.

Constituido legalmente como una organización comunitaria sin fines de lucro, el Centro Experimental Perrera Arte está conformado por un directorio ampliado en el que participan artistas y profesionales de diversos colectivos independientes integrados al espacio, como la Compañía de Danza Experimental I.D.E.a, una agrupación de treinta bailarinas, dirigidas por la reconocida coreógrafa nacional Beatriz Alcalde, que desde hace seis años estrena todas sus obras en la factoría.

Del mismo modo, el Centro Experimenta Perrera Arte se ha preocupado de fortalecer los vínculos con los artistas de la ciudad y, en 2014, se constituyó como miembro fundador de la Unión Comunal de Organizaciones Culturales de Santiago, donde coinciden importantes agrupaciones de artistas, como el Gran Circo Teatro, creado por Andrés Pérez, o la Compañía de Danza Espiral, forjada por Patricio Bunster, con activas organizaciones de defensa del patrimonio, como Barrio Matta Sur o Vecinos por la Defensa del Barrio Yungay.

Fotografías: Archivo Perrera Arte