Felipe Zegers: “Toda intervención urbana es surrealista por naturaleza”

Felipe Zegers, el director/editor de Hecho en Casa, ese proyecto de arte urbano que ya lleva tres versiones en las calles de Santiago, agradece haber estudiado publicidad porque, pese a todos los cuestionamientos que hoy puede hacer de manera fundada a esa actividad, reconoce que constituyó una especie de postgrado en cultura pop que le ha dado perspectiva a sus trabajos creativos en las más variadas disciplinas del lenguaje, desde sus propias intervenciones públicas con el Grupo Grifo -“si hackeamos la realidad, producimos una desconfiguración del sistema mental”, dice- hasta sus grabaciones piratas con ETCS Records, un sello de autoedición donde desarrolla una música que define como “infiltrada”, también inspirada en el pop.

-Aunque igual utilizas Twitter, Instagram y otros medios, en el plano de la creación te has mostrado reacio a la virtualidad. ¿Por qué crees que es necesario establecer ese contrapunto entre redes sociales y redes reales?

-Prefiero hackear el plano realidad, lo digital creo que entra a nuestro cerebro como no-real, ya que está dentro de una pantalla. Si intervenimos la realidad, la hackeamos cambiando algún elemento, se produce una desconfiguración del sistema mental. Una vez que eso sucede, ya está infiltrado ese virus dentro del sistema. Hay que establecer una diferencia entre lo virtual y lo real, es más fácil hacer el photoshop de un cartel, pero hacerlo realmente es cuando suceden las cosas, quizás es más psicomágico. Sí ocupo internet y sus plataformas sociales para generar un registro de los proyectos, puedes revisar webs como hechoencasa.cl o grupogrifo.org y ahí están presentados los proyectos en un archivo, hay información para dar un contexto. También por medio del sitio web se pueden descargar stickers y mensajes-campañas que son descargables públicamente, y luego puedes mandar la foto y eres parte de los que distribuyen y participan por la campaña.

-¿Cómo les describirías la ciudad de Santiago a los habitantes de otro planeta?

-Ya viven en Santiago habitantes de otros planetas y galaxias, de hecho las intervenciones urbanas no son comprensibles para ellos; es la única manera que tenemos para descubrirlos, no son capaces de entender una ironía. Creo que somos una mezcla rara, es como una cazuela, una mezcla de varias cosas. Pero eso es bueno, supongo que hay espacio para hacer cosas.

-¿Cuál debería ser el a-b-c de una buena intervención urbana?

-Toda intervención urbana es surrealista por naturaleza, busca lo sub-real en el plano real. Las intervenciones provocan una surrealidad, llevan al observador a imaginar y ver ese plano no real, es similar a la virtualidad de internet en cómo se toma nuestra vida diaria. El mensaje y el soporte son lo más importante, cómo su fusionan con el entorno. Con esos ingredientes tenemos una intervención que, para mí, debe dar un mensaje positivo.

-“Autopista soy” es uno de tus proyectos creativos más conocidos y redondos de intervención urbana. Cuéntanos algunos detalles desconocidos de ese trabajo.

-Fue un encargo para el libro “Tag”, donde nos invitaron a reflexionar sobre las autopistas urbanas, como Grupo Grifo propusimos rehacer los textos de advertencia que tienen las pantallas informativas. Estuvimos un mes y medio visitando las autopistas de la ciudad de Santiago, nos acompañaba un equipo de seguridad, y por radio íbamos dando la orden de aplicar los mensajes. Desde la berma de la autopista, podías ver las reacciones de la gente, y luego comenzaron a salir rumores en las redes sociales y en los diarios. Algunos amigos nos ayudaron con las fotos y también hice un video en minidv, que si ahora lo ves en YouTube parece como de 20 años atrás. No hubo problema con las frases, ya que para Grupo Grifo era importante que lo que se dijera en esas pantallas tenía que dar un mensaje positivo a los usuarios, algo como una reflexión crítica, pero con una cara sonriente. Luego quisimos replicarla en otra ocasión, en 2012, y nos editaron todos los mensajes. Ahí perdió el alma el proyecto.

-Revisando tus trabajos en diversas disciplinas, nos queda la impresión que es en la música donde te expresas con mayor libertad.

-Tengo la manía de grabar desde hace 20 años, cuando tomé por primera vez una grabadora. He ido grabando lo que toco, los grupos en los que estaba, algunos experimentos, etcétera. Por esa razón tengo un montón de canciones en el soundcloud, y como cinco casetes piratas de autoedición, como el que sacó ETCS Records, un casete de copias limitadas llamado “Toxina Records, grandes éxitos”, donde recopilo alguna de esas grabaciones desde 1997 a 2007. La mayoría de mis referencias las tengo de la música, aprendí de ella a agrupar canciones bajo un disco o concepto, lo mismo con las carátulas, info y arte de los discos.

-¿Cómo definirías tu música? ¿Está Silver Apples, a quien precisamente le hiciste la iluminación en la Perrera Arte, entre las principales influencias?

-Fue un honor hacer ese montaje de luces en vivo para el show de Silver Apples en Chile. Admiro su música, ellos venían del underground y quisieron hacer un proyecto pop. Les salió bien raro, pero querían infiltrarse en lo pop, que en esa época, 1967, era realmente masivo. Considero que mi música es una intervención, desarrollo música infiltrada, inspirado en el pop. Me gusta más grabar que tocar en vivo.

-Tú has hecho trabajos para niños. ¿Cómo describirías el nivel creativo de los productos disponibles para ellos?

-Lo que no soporto es que traten a los niños como idiotas. Ellos tienen más potencial que los adultos, por lo que los productos para ellos tienen que ser muy creativos y deben abrirles la cabeza. Cuando hice la música para el libro ilustrado de “Las alucinantes aventuras del Barco Volador” siempre trabajé con Payo Söchting, el ilustrador y creador del libro, y la primicia era no tratar a los niños como weones. Intentamos comprender que los niños ya entienden todo, a su manera súper psicodélica. Ese rol me gusta, el de abrir la cabeza de los niños por medio de las historias, personajes, música.

-Después de cursar la carrera y haber optado por una ruta alternativa en la publicidad, ¿qué reparos de fondo le harías a la versión más pura y dura de esa actividad?

-Me molesta de la publicidad actual su cortoplacismo. Una campaña, y las ideas que la componen, hoy en día están diseñadas para estar un mes “al aire”, para luego dar paso a otra idea. Espero que las marcas en Chile comprendan una publicidad moderna, que se relaciona con la sociedad y ser útil en ella, como es el caso de eventos culturales o conciertos que se realizan gracias al apoyo de marcas. De la misma manera, las intervenciones urbanas, las acciones comunitarias creativas y el arte deben trabajar con las marcas. El otro reparo con la publicidad es la copia de referencias. Como tiene más medios, a la semana ves una idea robada en todas las paletas de la calle, televisión, revistas. Listo, destruyeron toda el alma de esa idea y la convirtieron en un recurso que dura nada y vende nada. Creo que haber estudiado publicidad es como hacer una mención en arte pop.

-¿Qué debieran aprender los publicistas de los artistas?

-Los publicistas deberían aprender el valor del tiempo al largo plazo. Lo típico del publicista es andar corriendo, todo con una urgencia que no permite ver el horizonte. Y lo de comunicar a un público masivo, construir un lenguaje universal en la batalla por el discurso.

-¿Qué debieran aprender los artistas de los publicistas?

-A hacer una estrategia de marketing para sus exposiciones (ríe). No me gustaría que el arte pudiera caer en una retromanía, algo muy estructurado e investigado, la cita y la referencia/homenaje.

Fotografías: Archivo Felipe Zegers



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