El mundo submarino de Tania Tamayo: “Los peces gordos siempre salen ganando”

“Fue bonito llevar el mar por un día a la Perrera Arte”, dice Tania Tamayo, una de los once alumnos de arte de la Universidad de Playa Ancha (UPLA) que presentaron la muestra “Doméstica feral” en el Centro Experimental Perrera Arte, bajo la dirección del artista visual y académico porteño Mario Ibarra, Paté.

Aunque la exhibición se planteó como “un montaje efímero”, que duró las escasas 48 horas que los jóvenes universitarios permanecieron en la factoría del Parque de los Reyes armando, exponiendo y desmontando la muestra, las imágenes de reinetas, congrios negros, tomoyos, pejegallos y anchovetas volando en la nave central de la Perrera Arte, correspondientes a la instalación de taxidermia presentada por Tania Tamayo, sintetizan bien el ejercicio de escuela propuesto entre Valparaíso y Santiago, y las proyecciones del trabajo de esta nueva generación de artistas.

-¿Cuándo hiciste tu primera taxidermia?

-Eso fue en 2004, en la Universidad Católica de Temuco. Ahí yo estudiaba biología en gestión de recursos naturales y en el ramo de zoología de vertebrados tuvimos que disecar un pez para la colección de la universidad, que ya contaba con algunas aves y mamíferos. La profesora que nos encargó el trabajo venía de la Universidad de Concepción y, por lo que sé, allá tienen una fuerte formación en taxonomía (clasificación de las especies) y cuentan con una buena colección de animales disecados; es cosa de entrar a la casa central y ver el enorme esqueleto de ballena que recibe a los estudiantes.

-¿De dónde sacas los peces en la actualidad?

-Como estoy viviendo en la región de Valparaíso, compro los peces en la caleta Portales, ahí ya me conocen y a veces me venden más barato dependiendo del pescado.

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-¿Cuántas variedades de peces has incorporado en tu trabajo? ¿Cuáles y por qué te llaman la atención?

-Para el trabajo que se expuso en la Perrera Arte ocupé cinco reinetas, un congrio negro, un tomoyo, un vieragay, un pejegallo, una corvina, dos anchovetas y otro más que tengo pendiente preguntar su nombre en la caleta, ya que tampoco soy experta. De todos éstos, los que más me gustan son los que se salen de la típica imagen que se viene a la mente cuando se piensa en un pescado, o sea, los más raritos, como el tomoyo, que tiene los ojos pequeños y juntos con unas especies de cejas y boca bien grande; o el congrio, que al secarse adquirió una expresión amenazante y tiene aletas bajo el mentón que parecen una barba de chivo, o el pejegallo, que tiene una protuberancia frontal parecida a una nariz, además no tiene escamas y mucha gente no lo conoce porque lo venden fileteado (al menos en el supermercado) por su raro aspecto.

-¿Cómo justificas tu trabajo desde el arte?

-La idea partió por una conversación con compañeros de arte. Ellos empezaron a hablar de cráneos de animales, ya que una compañera estaba haciendo una escultura de metal de un cráneo de tigre colmillos de sable. Entonces supe que le gustaban los animales, la zoología, anatomía, cráneos, etcétera, y ahí les conté mi experiencia de la taxidermia en la otra carrera y que una vez tuve un pez dorado vivo que me regalaron y el animalito, pese a ser tan insignificante, igual era una responsabilidad y había que alimentarlo, cambiarle el agua. Incluso, cuando yo me iba de vacaciones, lo dejaba al cuidado de otras personas y me preocupaba si iba a estar bien y algunas veces hasta soñé con él, que andaba al lado mío flotando y me seguía a todas partes como un perrito. Entonces, en esa conversación, quedó instalada la idea. Además yo sabía del trabajo de Antonio Becerro con los perros embalsamados porque había visto un reportaje en la tele. Ahí conecté las ideas. También acá el tema de la Ley de Pesca está presente, como en todas las áreas portuarias del país, donde los perjudicados son los pescadores. Esto lo veo a diario en mi viaje a la UPLA, ya que paso por la caleta El Membrillo, donde tienen un muñeco disfrazado de pescador y carteles colgados que dicen “merluceros cesantes”. Son conflictos ambientales donde los peces gordos, como siempre, salen ganando. Esta alusión la hice en mi instalación en la Perrera Arte, donde básicamente conecté mi formación anterior, ese sueño del pez dorado, la realidad que veo a diario en Valparaíso y también el contexto de la Perrera Arte como espacio propicio para exponer este tipo de obras.

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-¿Cómo se hace la taxidermia en peces?

-Primero, se le hace un corte ventral con bisturí aproximadamente en el punto medio entre la boca y las primeras aletas ventrales hasta donde empieza la aleta caudal (cola), aunque otros hacen el corte por la línea lateral, pero esto depende de cómo va a ir montado el pescado. Luego se le quitan los órganos y se hacen leves cortes con bisturí a la cavidad toráxica para permitir el raspado de la carne con la cuchara. También con ayuda de los dedos se puede separar la carne y la columna de la piel y así seguir raspando con la cuchara los restos hasta eliminar toda la carne que se pueda. En la parte de la cabeza, se rompe el cráneo y se saca el cerebro, los ojos, las branquias y todo lo que sea posible, pero se dejan las mejillas, la lengua y lo que sea de muy difícil acceso. Luego se lava con lavalozas, lo que ayuda a eliminar lo aceitoso de la piel y se deja en remojo en una solución concentrada de agua y polvo de bórax (de 10 a 20 gramos de esta sal, dependiendo del tamaño del pez) en una olla con agua de unos cinco litros, por tres o cuatro horas. Después se enjuaga, se quita el exceso de humedad y se inyecta alcohol desnaturalizado de 95º en la poca carne que quedó (aletas, mejillas, boca, lengua). Hay quienes usan formalina o una mezcla de alcohol/formalina o alcohol al 70%, pero la formalina es cancerígena y deshidrata menos. Por eso prefiero alcohol fuerte para irme a la segura, evitar la descomposición y no usar compuestos tan tóxicos. Luego se quita el exceso de humedad nuevamente y se agrega bórax en polvo generosamente dentro de la piel, sobre todo donde queden restos de carne. Después se rellena y se cose. Algunos hacen maniquíes de plumavit o un material similar a la goma eva con la forma del pez, que previamente midieron antes de limpiar, pero yo utilizo algodón sintético. Posteriormente se cose. Es ideal tener dedal, aguja larga y fuerte como las de soft y un pequeño alicate para tirar de la aguja cuando la piel está muy dura. Este alicate también es útil para romper huesos. Finalmente, la pieza se deja secar al sol unos días. Las aletas se pueden fijar con alfileres para que se sequen extendidas y, si se desea dar movimiento el pescado, se acomoda unas horas al sol con la posición deseada: después conserva la forma. Las cavidades de los ojos son útiles para pasarles una cinta y colgarlos del cable de la ropa. Cuando están bien secos, se les pone más algodón en las cuencas oculares para pegarle los ojos plásticos.

-¿Cuál es la fase más compleja de este trabajo de taxidermia?

-Al comienzo es más difícil por la falta de práctica, pero después se va mejorando la técnica y el proceso se hace más rápido, pero lo más complejo es la caída de las escamas. En algunas especies, éstas se mantienen en su sitio, pero en otras, como la corvina, se caen. En foros de internet dicen que hay que pegarlas, pero para esto no hay que esperar a que se seque el pescado o, al menos, hay que mantener la humedad de las escamas sueltas, porque éstas al secarse pierden la forma y ya no sirven. Además, los peces sin escamas, como el pejegallo, tienen la piel más flexible y al secarse se les arruga. Esto también ocurre, pero en menor medida, con el tomoyo, que sí tiene escamas pero su piel es más fina. Para éstos es recomendable hacer un maniquí de plumavit o similar material teniendo en cuenta la forma original del espécimen recolectado. Cada especie tiene sus mañas.

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-¿Tienen nombre cada una de tus obras? ¿Son parte de un cardumen mayor?

-Todavía no puedo hablar de obras en plural, ya que la primera es la que llevé a la Perrera Arte hace pocos días y no tiene nombre. Para la próxima me gustaría poner de manifiesto la relación jerárquica hombre animal, y la transformación sujeto/objeto que ocurre en la taxidermia, pero como los animales ya son vistos normalmente como objetos, con mayor razón si están muertos y embalsamados, tendría que ver ahí cómo lo hago. También sería interesante tener algo así como una colección de distintas especies, ya que en Chile hay 225 y 56 son de uso comercial. Hay muchas que no se conocen y yo misma, que estudié estas cosas, ya las he olvidado. Siempre es más fácil saber de flora que de fauna, porque los árboles son parte del paisaje y los ves a cada rato, en cambio los animales son más esquivos. Ahora todo se compra en el supermercado y son una cosa más que echas al carro, pero son más que eso.

-¿Te ha ocurrido alguna situación singular durante tus trabajos de taxidermia?

-El primer pescado de esta obra en “Doméstica feral” iba a ser una jerguilla, pero lo hice igual a como me dijeron en Temuco y no se secó bien: quedó pegajoso y asqueroso. Llevaba varias semanas intentando secarse, estaba muy pasado, su olor era muy fuerte y, al final, mis gatos lo encontraron y lo rompieron; no se lo comieron porque vieron que era pura piel. Entonces tuve que agregar un par de pasos más para que resultaran mejor, sobre todo los aceitosos. Busqué en internet y encontré la solución en un foro gringo de taxidermia.

-¿Deseas agregar algo?

Sí, al principio era un poco chocante trabajar con la taxidermia, pero no por asco, ya que uno se asegura de que el animal esté fresco, sino por la desvinculación que existe entre comer carne y la muerte que hay detrás. Todo es tan aséptico, apenas vemos la sangre, en general existe una desvinculación al momento de comer cualquier cosa, incluso un vegetal. Limpios pasillos de supermercado, dependencia de las industrias y del sistema. Por lo menos en la caleta conocemos al pescador. El puerto es sincero, los cerros muestran las tripas de este Valparaíso, sus olores y colores. Fue bonito llevar el mar por un día a la Perrera Arte y espero poder repetirlo.

Fotografías: Felipe Vial y Mario Ibarra, Paté



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