Coca González: “La clave del MAM de Chiloé ha sido la resistencia al lugar común”

Todos los años, cuando pasa el duro invierno chilote, se consolida la primavera y viene de frentón el verano, los artistas comienzan a llegar al Museo de Arte Moderno de Castro para montar o realizar in situ las obras que, desde los primeros días del año siguiente, conformarán la esperada y tradicional exposición anual del MAM. Los históricos integrantes del directorio del museo esperan ansiosos este momento en que por el fin el clima permite reencontrarse con la comunidad, recibir a los turistas que llegarán en masa durante el resto de las vacaciones y saludar a los creadores de otras latitudes, que siempre traen nuevas noticias.

“Todas las muestras han tenido éxito en el MAM, ya que todas han logrado su objetivo principal, que es traer a este apartado rincón del mundo lo mejor de la producción del arte contemporáneo nacional”, explica Coca González, quien desde los inicios de este proyecto, en 1988-1989, forma parte del citado directorio junto a Eduardo Feuerhake, Edward Rojas, Luz María Vivar y Estanislao Jorquera, quienes van rotando por las instalaciones del museo para atender a los viajeros, los que por cierto disfrutan y trabajan a prisa en la residencia para artistas que dispone el MAM. Los días previos a cada muestra anual, que este verano ya completa su vigésima octava versión, son siempre inolvidables en lo alto del Parque Municipal de Castro, donde se emplaza este faro de referencias del arte contemporáneo independiente.

-Coca, ¿cómo resumirías estos 28 años de existencia del MAM? ¿Cuánto queda y cuánto ha cambiado del espíritu original del proyecto?

-Prácticamente nada ha cambiado del espíritu original del proyecto, el que mantiene sobre todo su ingrediente principal: la independencia. Si algo ha cambiado es la responsabilidad que hemos ido contrayendo con los artistas y nuestro público, a medida que poco a poco se le van agregando actividades al museo. El museo ahora se proyecta al futuro, elabora programas y establece alianzas.

-De las decenas de exposiciones que ha realizado el MAM, ¿hay algunas que recuerdes en particular?

-Todas las muestras han tenido éxito en el MAM, ya que todas han logrado su objetivo principal, que es traer a este apartado rincón del mundo lo mejor de la producción del arte contemporáneo nacional. Todas nos han maravillado, algunas más a unos y otras más a otros, pero yo destacaría tres. Primero, la que realizó Osvaldo Peña en 1997. Osvaldo es un connotado escultor chileno que utilizaba preferentemente fierro o resina en sus obras y, cuando comenzó a trabajar la madera, lo hizo con ciprés de las Huaitecas y expuso estas obras por primera vez en el MAM de Chiloé. El fuerte aroma de esa madera perfumó el museo por largo tiempo. En segundo término mencionaría la Primera Muestra Nacional de Collage de 2001. El público salía sonriente del museo porque había disfrutado de un arte que a nadie era ajeno y que todos comprendían. Mucha gente luego de ver esa exposición volvió a tomar las tijeras abandonadas desde la niñez. Para nosotros significó un trabajo de investigación enorme, ya que era algo que no se había hecho antes y fue un gran éxito e hito en la historia nacional del collage. En tercer lugar destacaría la muestra “Transoceánica-Comodoro Rivadavia, Argentina, en 2001”. Más de cien obras de arte en grandes formatos conformaron la mayor exposición de arte contemporáneo chileno que jamás haya salido de Chile. La muestra incluyó parte de la colección permanente del MAM, que se montó en el puerto de Comodoro Rivadavia, en el sur de Argentina, cuando esa ciudad celebraba su centenario. Las obras recorrieron más de dos mil kilómetros de nieve, desde el océano Pacífico hasta el océano Atlántico, en pleno invierno y fue un desafío enorme montarla a menos 12 grados de temperatura, en esos gélidos galpones del puerto. El resultado fue maravilloso, sobre todo en cuanto a la integración de estas dos regiones australes y al enorme estímulo que significó para los artistas y el público interesado de esa región, los que luego de la exposición emprendieron seriamente una campaña para contar con un centro de arte contemporáneo en Comodoro Rivadavia.

Fotos galería: Museo de Arte Moderno de Chiloé

-28 años de existencia no es poco para una organización. ¿Cuál ha sido la clave de la persistencia en el tiempo del MAM como colectivo de artistas y gestores?

-La clave ha sido la resistencia al lugar común, la tranquilidad y entusiasmo que provoca el hacer lo que queremos, por sobre lo que se espera o no se espera de un centro de arte contemporáneo. Hemos sabido cohesionar en torno a la idea del MAM a gran cantidad de artistas y, sobre todo, hemos mantenido un mismo directorio durante todos estos años, el que se alimenta fundamentalmente de amistad y amor por lo que hacemos.

-El MAM tiene el reconocimiento de los artistas y sus pares en el arte nacional. ¿Es coincidente esa consideración con la recepción en la propia comunidad de Castro y Chiloé?

-La comunidad inmediata del museo es la principal receptora de nuestro quehacer. Año a año y a veces sin darse ni cuenta, van creciendo junto a nosotros, entendiendo el papel que juega el arte en la sociedad, van conociendo y reconociendo a nuestros artistas. Y son las nuevas generaciones de Chiloé y sus visitantes las que están aprendiendo lo que en otros lugares (en Holanda, por ejemplo) se da por sentado: que los museos forman parte de nuestra vida. Este hecho es fundamental y va más allá de la recepción o respuesta inmediata que pueda tener o no una comunidad frente a un hecho artístico.

-Este 2016 por primera vez el MAM recibirá aportes públicos para su gestión, tras ganar el fondo OIC. Llama la atención que, entre las necesidades que cubrirá dicho financiamiento, estén la calefacción, una secretaria, un auxiliar y la cobertura de internet. ¿Tan precaria es la situación de las organizaciones de arte independiente en el país?

-Así de precaria es y ha sido durante 28 años la situación del MAM, que nunca ha contratado a nadie, ni pagado honorarios a sus trabajadores. Todo se ha mantenido gracias al trabajo voluntario y a la buena disposición de artistas y colaboradores.

Fotos galería: Museo de Arte Moderno de Chiloé y Perrera Arte

-¿Cómo describirías la línea curatorial histórica del MAM?

-Variable, de amplia visión y haciendo énfasis siempre en la calidad.

-¿Cuál ha sido el momento más duro del MAM en estos 28 años? ¿Hubo algún minuto en que la continuidad del proyecto estuvo en duda?

-Ha habido efectivamente momentos en que el proyecto ha peligrado, especialmente durante administraciones municipales lamentables que no vale la pena ni mencionar. Hemos sobrepasado esos momentos generalmente con una misma estrategia: no pescar y seguir adelante. No entrar jamás en polémica con la ignorancia, no contestar infamias ni rumores malintencionados.

-¿Cómo observas el presente y el futuro de los centros de arte independiente en el país?

-Cada lugar es un universo entero, con actores, ideas y situaciones de existencia diferentes. El MAM no sirve como modelo de museo ya que sin este grupo especial de personas que conforman su directorio no sería posible. Espero que los centros de arte independientes de nuestro país y de todo el mundo encuentren cada uno su manera de sobrevivir. No hay receta.

Foto principal y galería: Gentileza de Rodrigo Casanova



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