Becerro: “Solo trato de mover los hilos de mi marioneta en un verano apocalíptico”

Por Pablo Asenjo

Esta entrevista la he realizado por mail y mensajes telefónicos. Me encuentro a decenas de kilómetros de Santiago en una especie de paraíso fiscal y, por los medios electrónicos, me entero que Chile arde por los cuatro costados, que los marinos espían a sus compañeras de armas mientras duermen o se bañan desnudas, que los inocentes mueren a palos y que la temperatura existencial del país está fuera de control. Le cuento al artista visual Antonio Becerro que me encantó el título de Fiebre para un ciclo experimental de verano y aprovecho de hacerle algunas preguntas a propósito de su última y más cercana acción: “Mapocho/Espectros”, en el lecho del río homónimo.

-Antonio, ¿cómo está Capitán? Supimos que realizarás una acción de arte a modo de tributo en vida a él.

-Así es, un tributo a él y a todos los sin voz. Al Cholito, al Rucio, al Calamidad y a todas las víctimas silenciosas que caen por el fuego sin control en los bosques chilenos. Capitán está bien protegido por mí. Es una especie de anciano bebé. No voy a contar las intimidades de Capitán. Solo puedo decir que es feliz a mi lado, está en una burbuja de amor. La acción de arte es una especie de funeral de Chile, un llanto colectivo de los muertos hacia nosotros. Un lamento de los espectros del río abajo. Arder y cruzar su cauce es para mí la misma metáfora.

-Tu trato artístico con el río Mapocho ha sido de dulce y agraz.

-No ha sido culpa del cauce ni mía, sino de eventos estúpidos fuera de mi control, tanto en “La Medusa del Mapocho” como en el esténcil de gran formato en que se apreciaba a Flori y Capitán, mis perros, apareándose. Esta obra fue borrada por un rectángulo gris a modo de censura. Acá, en este sector del Mapocho, es un río con el que he trabajado en silencio toda mi vida. Siempre ha estado presente, como un testigo pobre, en las vidas de los capitalinos. Su torrente a veces busca su propio cauce y arrasa con todo, como si hiciera justicia.

-Esta acción se integra en el programa de Fiebre 2017. Me imagino que el nombre de este encuentro alude también a las altas temperaturas, físicas y mentales, que hay en el país.

-El chileno está afiebrado no solo por las altas temperaturas. El sujeto posmoderno de la nueva chilenidad ya venía con una calentura de cabeza que le fundió el sentido común y la posibilidad de convertirse en habitante de una nación sensata. La estupidez humana no tiene límites, pero Chile ha quemado todos los tratados sobre el tema. Nadie ha escapado a esas llamas, incluso yo mismo he caído en esa práctica al pisar el palito de los estúpidos. No me refiero al estúpido profesional, que sería el estúpido de nacimiento, sino al sujeto que no es estúpido por naturaleza pero que comete actos estúpidos.

-Es rudo el término.

-Si te molesta la palabra estúpido puedes reemplazarla por “persona cuya identidad gravita alrededor de un sistema neurótico de creencias llamado vanidad”. Si observamos las estadísticas, Chile ha profesionalizado la estupidez tratando de retardar la realidad. Es realmente estúpido y ofensivo que por un decreto de ley impuesto por dictadura se favorezca a las tres familias dueñas de los territorios de Chile, precisamente donde se está quemando nuestra naturaleza nativa. No es solo avaricia y egocentrismo, es un desprecio para todo un país.

-Este trabajo en el puente Bulnes se relacionará con la performance “Devastación” de Juan Carlos Montagna. ¿Cómo ha sido esta relación creativa con él y su equipo de la Compañía Interno?

-Juan Carlos ha dicho que en la Perrera Arte se siente como en casa. Es un tipo talentoso con una visión muy aguda del comportamiento burgués de los chilenos. Y con esto no me refiero al burgués clásico, sino al conservadurismo y mediocridad de la nueva clase burguesa de centroizquierda. Siempre me he llevado bien con la gente que quiere corre el cerco, con la gente más arriesgada. Me atrae y me resulta interesante la gente con talento. Juan Carlos, el Diablo de “Fausto”, tiene la elegancia del dramaturgo y la sublimidad del bebedor de menta frappé en copa de coñac. Él, el elenco y yo estamos afiebrados. Compartimos la incomprensión y el delirio de hacer sonar una trutruca.

-La acción de arte de este jueves tiene un paso obligado por el Memorial de Joan Alsina. ¿Tiene aquel hecho alguna connotación especial? ¿De qué espectros estamos hablando?

-Por cierto, ese memorial es un portal a una arquitectura imaginaria. Es un paso de los ñocos que viven bajo el puente. Es la trinchera de las colonias de conejos que salen de madrugada y de los finados detenidos y desaparecidos, espectros como nosotros.

-Perrera Arte partió 2017 con un ciclo a la antigua, completamente autogestionado, armado solo a partir de la garra de los artistas. En ese sentido, ¿cómo se viene el año para los creadores independientes como ustedes?

-No lo sé de cierto, yo solo trato de mover los hilos de mi marioneta en un verano apocalíptico. Y con eso ya es suficiente.

Fotografía principal: Camila Sánchez Andueza

Galería de imágenes: Antonio Becerro y Camila Sánchez Andueza

Coordenadas

Jueves 26: Acción de arte “Mapocho/Espectros” de Antonio Becerro en el cauce del río Mapocho (20 horas) y performance sicofísica “Devastación”, dirigida por Juan Carlos Montagna (22 horas).

Viernes 27: Montaje en desarrollo “Te quiero”, con Ignacia Agüero y Pedro González, dirigido por Juan Carlos Montagna (21 horas).

Lugar: Centro Experimental Perrera Arte, Parque de los Reyes s/n, Avenida Balmaceda entre Bulnes y Cueto.



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