Becerro: “Siempre estoy atento al azar de la calle, a lo grasiento de la torsión urbana”

Por Pablo Asenjo.- 

En varios puntos de Santiago, la gente se detiene y se toma fotos junto a un papelógrafo que repite, de arriba abajo y en ese mismo orden, las palabras margen, rescate, vanguardia, stylo, arte, memoria, lisérgicos, identidad, antropomorfos e insurrectos. Aunque talvez lo que llama la atención de los transeúntes no son precisamente los conceptos, sino la actitud desinhibida de Floripondio, una perrita blanca de origen dogo argentino, y Capitán, un macho alfa, mezcla de pastor alemán y siberiano, haciendo el amor en plena vía pública.

Antonio Becerro, autor del stencil que celebra los 20 años del Centro Experimental Perrera Arte, y su equipo han dejado los pies en la calle paseando sin collar a sus queridas mascotas e, incluso, poco antes de Navidad bajaron a la ribera norte del río Mapocho para plasmar su obra en un formato superior a los cuatro metros de altura.

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Becerro, ¿por qué has regresado al trabajo artístico callejero en estos 20 años de la Perrera Arte?

Nunca lo he dejado. Siempre estoy atento al azar de la calle, a la textura, a lo grasiento de la torsión urbana. Solo que el hecho de exponer en espacios más institucionales, como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Instituto Cultural de Las Condes o la villa museo de la familia Piccolo en Sicilia, Italia, ameritaba toda mi atención y dedicación. La producción y la gestión son ejercicios de la obra y la precisión de todo ello a la hora de la ejecución del montaje es un desafió un tanto agotador, aunque no por eso deja de ser una satisfacción. Por lo demás, la Perrera Arte es urbana y en la celebración de estos 20 años escogí como íconos a mis amados perros apareándose. La Floripondio, que ya no está con nosotros, y Capitán están en la total, amándose como corresponde. La técnica aplicada para intervenir la calle y el río Mapocho es el stencil. Los he estado estampando en distintos barrios, esquinas o bares de amigos; es como sacarlos a pasear.

¿Qué diferencias adviertes en el arte callejero con relación a lo que tú mismo realizabas en los años 80 y 90?

La técnica, principalmente. Ahora hay muy buenos graffiteros y muralistas, y su arte es más sofisticado en el sentido de la factura. En tanto a lo que quieren comunicar, es más contingente y, a veces, con textos más conceptuales y poéticos. El detalle es fino. Esto es toda una renovación en relación a la estética de la Brigada Ramona Parra y a la Chacón, que incluso ya no se leen con la confianza de antes.

Además hay nuevos recursos técnicos de mucha utilidad, como el ploter.

Claro, en el caso de los papelógrafos, por así decirlo, es una aparición mixta de la técnica del stencil, el collage y la pintura en grandes y pequeños formatos. Es muy entretenido leer los detalles y los avisos en la calle.

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¿Hay algunos trabajos callejeros que te llamen la atención?

Sí, hay muchos muy buenos y profesionales. No recuerdo todos los nombres, pero el giro que le hizo Inti al stencil desde una perspectiva local y continental es muy interesante. También me llaman mucho la atención las intervenciones de Pikoenelojo Stencil, con quien acabo de intervenir la ribera del río Mapocho.

¿Por qué el río Mapocho? No estabas ahí desde la recordada “Medusa del Mapocho” y otras intervenciones con los pobladores de Andha Chile a Luchar, en 2009.

El río es más antiguo que todos los santiaguinos. El río es eterno y sus primeras lecturas nos llegan desde la época en que Santiago era un hermoso valle. El río sabe y por algo los conquistadores españoles trataron de apoderarse de él, ejercicio ilusorio por lo demás. Para mí, el río es un testigo silencioso, un torrente siempre presente que en su sucia historia cauce abajo ha arrastrado cadáveres humanos y perros. En toda su extensión y paso por Santiago, el Mapocho es como un espejo de la depresión social: arriba los ricos y nuevos ricos chilenos y abajo la miseria. A pesar de ello, el Mapocho es un gran río como imaginario presente. Por eso lo he integrado a mis grabados, a mis pinturas, mis videos, performances y hechos artísticos a lo largo de toda mi carrera. Con todo lo que el río como ser vivo significa para mí, bajé nuevamente a él y lo intervine con un gran papelógrafo que funciona como una especie de propaganda por los 20 años de la Perrera Arte. Y lo hice nada más y nada menos que con nuestros grandes íconos, Floripondio y Capitán, apareándose felices fuera de la turbulencia capitalina. Repito, el río sabe.

Fotografías: Felipe Vial



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