Becerro presentó su exclusiva línea de loza canina en festival de gastronomía

Sorprendido por las similitudes existentes entre arte y cocina está Antonio Becerro, quien presentó su exclusiva línea de vajilla, cubiertos y manteles en el II Encuentro Internacional de Gastronomía Cocinas del Pacífico, que se realizó en Bahía Inglesa. Por espacio de una semana, reconocidos chefs del continente prepararon, hablaron y presentaron al paladar del público sus mejores platos, mientras que, en diversos otros escenarios, los artistas visuales convocados hacían lo propio con sus trabajos en diferentes técnicas. “Hace tiempo que estaba desarrollando mi propia línea de cocina con motivos caninos y esta oportunidad de presentarla junto a los principales chefs de América cayó desde el cielo. Creo que el Año del Mono chino será muy fructífero para los perros”, especula Becerro.

-¿Cómo se gestó tu participación en esta actividad culinaria?

-Por invitación. Fui parte de una delegación muy activa de artistas y chefs. El festival considera un montón de actividades y dispersiones que nos juntan y nos permiten conocernos en nuestros respectivos oficios. La solidaridad y voluntad de los chefs es una cosa singular que no se ve en la escena egoísta del arte. Por otro lado, la mayoría de los artistas que participó en el encuentro sabía cocinar o es aprendiz de cocina. Muchos llegaron a Bahía Inglesa para mostrar su obra pero también para aprender de los chefs profesionales. Fue una gran oportunidad para conocer la mano y el sabor de México, Colombia, Ecuador, Perú y Chile sur, norte y centro. Los cocineros mostraron sus técnicas y su virtuosismo a través de la degustación y charlas de sus platos.

-¿Lograste hacer perro muerto, como era tu objetivo?

-De algún modo sí o a medias, porque tuve que trasladar como un perro muerto el cuadro que pinté in situ al hotel El Coral. Pero tampoco fue tan necesario porque abundó no solo la comida, sino la buena cocina. Fue muy bonito ver a la gente común y corriente, a los personajes habituales de esta zona norte del país compartiendo en torno a platos preparados con gusto y talento, todo a muy bajo precio. En ese sentido, la iniciativa del artista visual y cocinero Adolfo Torres, a quien hemos conocido en la Perrera Arte, en la Galería Metropolitana o en la Vega Central de Santiago por su proyecto “La olla común”, tiene en este festival una dimensión todavía más compleja, relacionada tanto con la cultura y los sabores locales, como con el paisaje. El contrapunto, la relación límite de mar y desierto es muy potente.

-¿En qué consistió tu trabajo?

-Tuvo dos partes, la presentación de mi exclusiva línea de loza canina, la cual se realizó en el restorán Punto de Referencia, y otra obra más atrevida, que se tituló precisamente “Perro muerto”. Este cuadro lo pinté en directo con la música en vivo del artista francés Thomas Darnal, ex integrante de la famosa banda Mano Negra y vocalista de P18. En esta obra pinté a la desaparecida Floripondia y a nuestro eterno Capitán procreándose, amándose a destajo y, sabiendo que la espesura semántica de la representación pictórica podía perturbar a más de alguien, dado el enfrentamiento puro con la animalidad y el bastardaje, el cuadro quedó instalado en el salón de actividades del hotel El Coral, cuyos dueños la acogieron y celebraron con esa chispa propia del hombre nortino.

-Háblanos más de tu línea de cocina canina.

-Sí, es un conjunto de diversos utensilios muy útiles en el hogar de todas aquellas personas y familias que disfrutan del arte y los perros. En un principio he presentado loza y platos de cartón para fiestas de cumpleaños con motivos caninos, pero más adelante tendremos vajilla, manteles, ollas, artefactos y cortinas que hagan juego con el conjunto. Lo importante es que la estética del hogar sea y se vea armónica.

-Estás convertido en todo un empresario.

-Desde niño he sido un emprendedor.

-En esta línea de cocina incorporaste imágenes de la amplia fauna de los perros. Llama la atención por su gordura “El perro del hortelano”, ese que no come y no deja comer. ¿Hay en él alguna referencia a circunstancias o personajes de la realidad chilena actual?

-Interesante símil, no lo había pensado así. Porque antes que nada hay que aclarar que aquí, en Chile, los que pueden comer comen y algunos no comen de frentón. También están los que tragan y se hinchan a vista y paciencia de los demás y, talvez los más peligrosos, los que comen y lamen la mano del que les da de comer. No sé, estoy pensando en los miserables de izquierda y derecha que hacen fila en las puertas de las oficinas de Ponce Lerou, el yerno del mismísimo Pinochet, o en esos personajes súper buena onda del pasado que hoy detienen los procesos históricos, los movimientos sociales, censuran el arte, sin ganar nada. Por lo general son funcionarios y personajillos escondidos en puestos específicos, sujetos atornillados por sus verdaderos amos, que permanecen en las sombras. Más que perros, son ratas de medio pelo que solo representan el estancamiento de este país. Pensándolo bien, “El perro del hortelano” es bien aplicable a Chile. Le daré una vuelta a esa obra.

-Me parece que al citado capitán general también lo retrataste en esta exclusiva línea de platos.

-Sí, algo de él hay en el “Perro asesino”, la única obra que nadie quiso comprar. La tuve que traer de vuelta a Santiago. Hay un teórico del arte sin escrúpulos que está interesado en ella.

-La expresión perro muerto deriva de un dicho español completamente distinto, “el perro del muerto”, que aludía a la obligación comunitaria de alimentar al can del vecino fallecido. ¿Cómo te explicas un giro tan distinto de contenido?

-No podía ser de otra manera, en Chile hasta la sabiduría de los refranes se invierte de forma casi natural, sin ningún cuestionamiento. Me da la impresión que la ideología transita en capas cada vez más profundas de la piel y que la ley del cagarse al otro es como un mandamiento o un rictus genético en la cabeza nacional.

-¿Cómo fue la relación con los otros artistas e invitados que participaron en el encuentro Cocinas del Pacífico?

-Muy buena, todos mostraron lo mejor de sí. Los artistas Juan Castillo, Natacha de Cortillas, Adolfo Torres, José Ignacio Vivanco o la chef mexicana Alejandrina López fueron un aporte para mi dossier de vida. La generosidad, camaradería y empatía es el sabor y la receta de este festival, donde el arte se mezcla con el maravilloso mundo de los cocineros. La similitud de las dos disciplinas es muy apreciable. Todos los sentidos en la obra y en la carta: no solo la vista y el gusto, sino también la experiencia, la libertad y el sentido de la improvisación de ambos oficios. Como me dijo el gran chef nacional Áxel Manríquez: “Oye, si uno sabe lo que sabe es por la cantidad de años que tiene y por lo que se ha hecho y vivido. No porque me lo contaron o porque me regalaron con un titulillo”.

Fotos: Paola Vásquez, Juan Castillo y equipo fotógrafíco de Cocinas del Pacífico



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