Andrea Slachevsky: “La memoria no es una copia inmutable de la realidad”

Por Andrea Slachevsky Chonchol

¿Tiene algún sentido el trabajo de memoria de “Necrosis”, la voluntad de no olvidar a aquellos detenidos desaparecidos del Muro de Memoria del puente Bulnes? Quizás sea más sano el olvido, como se interroga Salomon Kugel, el protagonista de la novela “La esperanza, esta tragedia”, frente al imperativo de recordar el 11 de septiembre de 2011: “No olvidemos nunca… En rojo sangre… Y, ¿por qué no? ¿Por qué no olvidar? ¿No era precisamente lo que los terroristas querían? ¿Que recordáramos? Esto es probablemente lo que efectivamente se dijeron cuando elaboraron su plan: ‘Te lo juro’, declaró uno de ellos, ‘¡no van olvidar jamás eso!’… Entonces, olvidemos. Terminado. Fin. Si por lo menos pudiésemos sacar alguna lección…. ¿El día siguiente sabremos algo más que en la víspera? ¿Habríamos adquirido algo de sabiduría, de verdad, de conocimiento?… ¿Los hombres matan y son matados a su vez? Y entonces… ¿Qué mal hace olvidar? ¿Qué ganamos al recordar? Si no aprendemos del pasado, dijo alguien, estamos condenados a repetirlo… ¿De acuerdo, pero si la única cosa que aprendemos del pasado es que estamos condenados a repetirlo? La cicatriz es frecuentemente peor que la herida”.

Muchos propician el discurso de Kugel: el trabajo de memoria es vano. Más aún, es estancarse en el pasado y envenena la convivencia democrática. Otros abogan por la obligatoriedad del trabajo de memoria. El general De Gaulle declaró que la única repuesta posible a la matanza de todos los habitantes del pueblo de Oradour-sur-Glane por los nazis, era “conservar su recuerdo, pues semejante desgracia no debe volver a ocurrir nunca más”.

¿Es posible dirimir esa polémica? ¿Puede defenderse “Necrosis” frente a los críticos del trabajo de memoria?

Por una parte, podemos apelar a su inconsistencia. La amenaza del olvido personal espanta incluso a aquellos que descalifican el trabajo de la memoria. Tememos más al Alzheimer que a la propia muerte. No por nada Rosa Montero en “La hija del caníbal” define a la enfermedad de Alzheimer como una “dolencia cruel: te va devorando la memoria, de manera que no solo acaba con tu futuro, sino que también te roba lo que has sido”.

Por otra parte, la historia de quienes han perdido su memoria autobiográfica, por lesiones cerebrales, nos dicen la importancia del recuerdo. El paciente KC, descrito por el neurocientífico Morris Moscovitch, perdió su memoria autobiográfica y la capacidad de proyectarse en el futuro. KC, otros pacientes y los estudios en neuroimagen funcional en personas sanas permiten afirmar, citando a Daniel Schacter, en los “Siete pecados de la memoria”, que lo revolucionario es que la neuropsicología ha descubierto que, sin memoria, no hay futuro. Curiosamente, cuando imaginamos el porvenir, se activan las mismas partes del cerebro que cuando recordamos”.

Las investigaciones en neurociencias sugieren cuán fundamental es el trabajo de memoria para tejer identidad en el presente y pensarse en el futuro. “Necrosis”, al darles permanencia a los retratos desvanecidos del Muro de la Memoria, contribuye a no convertirnos en KC, privados de pasado y futuro.

Pero “Necrosis” es también una alegoría de cómo funciona la memoria. Las fotografías de Claudio Pérez y su puesta en escena recrean el Muro de la Memoria desde su propia y particular mirada, la misma mirada de Claudio.

La memoria humana no es una copia inmutable de la realidad. Al recordar, cada recuerdo se inscribe en el presente de cada uno y se reescribe en la memoria incorporando la vivencia del momento actual. El Muro de la Memoria se inscribirá en nuestra memoria a través de las imágenes de ”Necrosis” y nuestra mirada, manteniendo en vida los protagonistas del Muro.

Nuestras vidas están hechas al final de ese extraño enrejado: el dolor y la tristeza ante el escándalo por estas muertas abominables y la capacidad de personas como Pérez de transformar en una obra de arte ese dolor, honrando así la memoria de las víctimas, escribiendo nuestra historia e imaginando un futuro diferente.

Fotografías: Claudio Pérez